En clave de dos por cuatro

El tango, de Jorge Luis Borges, es un texto inédito que reúne cuatro conferencias magistrales dictadas por el argentino en un apartamento de Buenos Aires, en 1965

Hace menos de un mes se celebró un nuevo aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges, ése hombre que con un lápiz y un papel elevó al idioma español a una categoría nunca vista antes. Los treinta años de su fallecimiento propiciaron que sus lectores revivieran, una vez más, la eterna discusión sobre qué Borges es el mejor.

Algunos –los más veteranos– le siguen jurando lealtad al poeta que supo crear piezas tan memorables como El Golem, Ajedrez o Ausencia. Otros, más valientes, reivindican cada uno de sus cuentos como una forma sublime de arte. La mayoría, se decanta por el ensayista capaz de pensar el mundo y la literatura desde una perspectiva muy original.

Muchos menos son los que se manifiestan adictos a sus conferencias, terreno en el que el argentino también dictó cátedra. El tango, que reúne cuatro charlas sobre el popular ritmo rioplatense, viene a confirmar una vez más la enorme capacidad de Borges para ser interesante independientemente de cual sea el tema que trate y el encanto de su oralidad, tan rica en matices y hallazgos como su escritura.

El libro se presenta como inédito y en el prólogo se cuenta cómo un gallego que visitó Argentina en 1965 grabó las conferencias en cassettes y tras retornar a España se los regaló a un escritor vasco, que a su vez se los paso a otro gallego que desde Madrid se las envío a María Kodama, la viuda de Borges, para que las autenticara.

Pero que el material sea inédito no quiere decir que sea estrictamente novedoso, como se desprende de la lectura, donde es posible para el lector borgiano reconocer conceptos que el argentino ya había volcado sobre el tema en libros como Evaristo Carriego (1930). También hay que decir que el placer de la lectura no se reduce un ápice por este detalle, ya que Borges era un maestro en el arte de reformularse a sí mismo.

La primera conferencia, acaso la mejor, comienza con una larga digresión que tras repasar la historia argentina en clave borgiana, se centra en describir la figura del gaucho (al que llega a relacionar con el poeta estadounidense Walt Whitman), para sostener finalmente, con gran ironía, que los gauchos nunca bailaron el tango y que por tanto no serán el tema de la charla.

Es notable la explicación que da del origen del ritmo, que fecha en 1880, donde maneja la hipótesis de que surgió en Buenos Aires pero también la de que nació en la parte sur de la vieja ciudad, en Montevideo. No duda, en cambio, en señalar que los primeros tangos surgieron en los prostíbulos y en las casas de juego clandestinas.

De ese punto se agarra para sostener que el ritmo era despreciado por la "gente bien" debido a ese origen oscuro y que solo después de que el tango triunfara en Paris y fuera "adecentado", las clases altas de Buenos Aires incorporaron como propia esa música.

Pero si el libro es una maravilla se debe no tanto a la información que desglosa Borges como a los mil comentarios laterales que introduce cada dos páginas. Cuando intenta esclarecer el origen de la palabra tango, por ejemplo, valora el esfuerzo de Lugones en encontrarle una raíz latina a la palabra (Tangere), para luego castigarlo: "Me parece muy inverosímil que la gente que frecuentaba las casas malas de la época fueran humanistas y tomaran palabras del latín".

Lo mismo sucede cuando deleita a la concurrencia contando que el tema que lo marcó fue El choclo, solo que en una versión que tenía una letra no apta para todo público y usa ese ejemplo para demostrar que en sus inicios el tango no era triste, sino alegre y picaresco.

Las otras tres conferencias se centran en los personajes principales del tango (el compadrito, el guapo y la mujer) y ahondan en su realidad particular. Disfrutable de principio a fin, el libro es una maravilla.


Populares de la sección

Acerca del autor

Andrés Ricciardulli