En defensa de los pioneros

Opinión - Ricardo Peirano. Un país en el que cuesta mucho valorar la tarea de empresarios y emprendedores

El pasado jueves 24 se inauguró un nuevo shopping center en Montevideo. Una inversión de empresarios uruguayos de más de US$ 60 millones y que generará 1400 empleos. Es un hecho para destacar, no porque sea inusual en este país, sino precisamente porque se da en un país en el cuesta mucho valorar la tarea de empresarios, emprendedores y pioneros.

Cuesta tanto que no se suele ver con buenos ojos o no se valora en su debida dimensión lo que es tener una idea, buscar el financiamiento y luego llevarla a la práctica, muchas veces, contra viento y marea, superando obstáculos de todo tipo.

Muestra de esa desconfianza ante el que emprende y arriesga el propio capital, fue el hecho de que mientras el centro comercial abría sus puertas al público, una delegación de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (FUECYS) organizaba una acampada frente al shopping, gritando consignas radicales y movilizándose por los Consejos de Salarios del sector. Muy legítima actividad la de manifestarse, por cierto. Pero ¿por qué justo cuando abre una nueva empresa que genera más trabajo para los uruguayos? Se dirá que eran pocos los manifestantes, incluso que eran menos que los empleos que se van a crear, que no eran demasiado representativos del conjunto de empleados del comercio y servicios. Lo cierto es que nadie de FUECYS los desautorizó y la imagen de la protesta queda y vale más que mil palabras: parece que no se valora el esfuerzo de emprender, de abrir empresas, de generar empleo. Más bien se mira al empresario con recelo y se sigue hablando de “lucha”, de “arriba los que luchan” como si fuera un enemigo permanente.

Cuesta entenderlo, pero ese pequeño acto dice mucho. Dice que del empresario se desconfía desde el primer día en que abre su empresa. Ya tiene como un estigma: se le ocurrió emprender, arriesgar y generar empleo. En Uruguay parece que preferimos que nadie arriesgue ni emprenda y que solo el estado genere empleos. Son, quizá, peor remunerados, pero son seguros, no hay mucha exigencia, no hay evaluación, no hay riesgo de despido. En todo caso, los sindicatos negociaran con el estado y, como ocurre habitualmente, saldrán adelante con sus exigencias.

De dónde viene esta visión del empresario, es difícil decirlo. Este país se hizo con inmigrantes que bajaron de buques en el puerto con lo puesto, y sin más anhelos que trabajar duro, de sol a sol para labrarse un porvenir que no tenían en sus países de origen.

Trajeron y aportaron su trabajo y sus conocimientos y lo poco que traían consigo. Pero hicieron este país. Fueron emprendedores, arriesgaron yendo a un país desconocido, fueron pioneros. Ese espíritu ¿dónde está? ¿dónde se perdió? ¿por qué se presentan 40.000 interesados en calificar para un cargo público, como ocurrió recientemente? Nadie pretende que hagamos manifestaciones para aplaudir a los que emprenden –los que emprenden no las necesitan, les basta irse a dormir con la tranquilidad del trabajo bien hecho- pero al menos que no los recibamos con escepticismo, con escasa valoración de lo que significa la vital tarea del empresario en una sociedad libre y democrática.

Los empleos no nacen de las ramas de los árboles ni surgen de las oficinas estatales aunque algunos sean muy codiciados. Surgen de la actividad silenciosa de quienes arriesgan y emprenden cada día, abriendo desde un pequeño boliche hasta un gran centro comercial y dando trabajo a una persona o a miles. A estos emprendedores, es los que debemos no proteger pero sí cuidar porque allí donde el espíritu emprendedor languidece no hay prosperidad, ni desarrollo, ni empleos. Basta, simplemente, con generar un clima social positivo hacia aquellos pioneros que dejan de lado la comodidad que podrían tener, para ir aventurarse en aguas agitadas y sin seguridad de llegar a puerto.


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