"En los últimos años se subestimó la capacidad del productor uruguayo"

El consignatario dijo que el negocio ganadero "no debe ser solo para unos pocos"
¿Cómo observa los cambios del agro uruguayo?
Hubo muchos cambios. Una fuerte tecnificación en agricultura, lechería y ganadería. Gracias a una mejor inserción comercial en el exterior, por la alta demanda de materias primas, y también gracias a la inversión exterior. Pero además creo que se subestimó la capacidad del productor uruguayo. Muchos de esos inversores del exterior llegaron pensando que acá se hacían las cosas mal y que había que cambiar todo. Este último año y medio, cuando el viento de cola se acabó, y las ineficiencias quedaron expuestas, quedó demostrado que no era tan así. Hoy el productor uruguayo, y sobre todo los ganaderos, son los que están mejor parados para navegar en el temporal.

¿Cree que la inversión extranjera no fue positiva?
No, al contrario. Creo que aportan muchísimo a los sistemas de producción uruguayos, en gestión, tecnología y en profesionalizar la actividad. Pero tienen que adaptarse al país, y muchas empresas se cerraron a escuchar sugerencias de quienes están en esto hace décadas, que conocen esta tierra y clima como nadie, así como la idiosincrasia de su gente. Como dice el dicho: "si vas a Roma, haz lo que hacen los romanos". Hubo quienes lo desconocieron, esos ya no están o están con problemas. Pero ojalá sigan viniendo inversores del exterior, que quede claro.

¿Entiende que esas inversiones dejaron alguna mejora?
Productivamente, sí. No necesariamente significan mejoras en la rentabilidad. Se confundió la cautela y el conocimiento del Uruguay productivo con ser quedados. Muchas familias vinculadas al campo tiene arraigado en su ADN el estar alerta a lo que pasa en el entorno a la hora de tomar decisiones, porque una mala decisión es la diferencia entre la vida o la muerte de la empresa agropecuaria. Sin embargo, se consideró que somos poco arriesgados o que tenemos aversión a los cambios.

¿El uruguayo es menos arriesgado que el extranjero?
No es que seamos demasiados conservadores o miedosos, conocemos las posibilidades y debilidades de Uruguay, que no tiene un mercado interno grande, el clima es muy impredecible, es un país muy sensible a lo que pasa en el exterior y por su escala no tiene ventajas de negociación. Es más fácil decirle no a Uruguay que a nuestros vecinos. Argentina, por ejemplo, tiene casi 30 mil toneladas de cuota Hilton e incumple sistemáticamente. En 2011 se le amplió la cuota, a pesar que no cumplía el cupo anterior. Sin embargo Uruguay dispone de 6,3 mil toneladas, cumple siempre y seguramente podría duplicar. Es la realidad con la que muchos que arriesgaron en grande se chocaron este último año y medio. Algo de riesgo es bueno, pero este es un país con características que acotan las posibilidades de éxito a proyectos muy riesgosos o grandes.

¿Esos sistemas productivos no se adaptaron a Uruguay?
No podemos generalizar. Se agregaron cosas nuevas a la producción local y funcionaron, pero sin desconocer que esto es Uruguay. El país tiene carencias en infraestructura y depende de los mercados externos para vender su producción, a veces con aranceles muchos más altos que los que pagan los países vecinos. Competimos con países que no solo tiene costos menores, sino además subsidian su producción agropecuaria. Algunos sistemas se adaptaron y funcionan y otros no. No todo lo nuevo es bueno o malo, debemos usar esta experiencia en el futuro, cuando vuelvan épocas de bonanza, y no cometer los mismos errores.

¿Qué destaca en ganadería?
Se intensificó con la incorporación de granos, y aparecieron negocios como la cuota HQB 481, a la que se accedió por ser un país creíble, por lo bien que se incorporó la trazabilidad individual –habría que analizar si es beneficiosa para el productor, quien hizo un gran esfuerzo y asume buena parte del costo–. La exportación es otra gran herramienta para colocar la producción. En los países ganaderos desarrollados no solo se permite, se estimula. La actividad se profesionalizó, se incorporaron herramientas financieras y tecnológicas muy buenas, que las nuevas generaciones tomaron muy bien y desarrollaron a partir de una bonanza de más de una década. Es hora de poner el foco en la eficiencia realista para sobrevivir. Y en eso el Uruguay tradicional es experto. Se instalaron definitivamente las ventas virtuales de reposición, que bajan costos y acotan los riesgos para el vendedor, maximizando el recurso tiempo. Es un ejemplo de que no somos tan quedados, los países vecinos nos copiaron este sistema por el éxito que tuvo en Uruguay.

¿Qué rol juega la genética?
Es fundamental, sobre todo en una ganadería desarrollada. Si se sigue intensificando serán más medibles las diferencias genéticas en el resultado productivo de un animal. Es más cuantificable en la lechería, donde es posible medir la producción día a día. Se ha desarrollado más en la producción porcina y aviar, donde la eficiencia de conversión mejoró exponencialmente en poco tiempo. En la ganadería a cielo abierto es más difícil evaluar, pero vemos que los ganados de calidad se premian con precios superiores.

¿Cómo evolucionará el sector?
Será fundamental lo que pase este año, si se aprovechan los espacios que deja la agricultura en zonas marginales, a partir de la caída de precios, sobre todo de la soja, la ganadería se presenta no solo como la actividad más segura, sino con posibilidades de ser la más rentable. Pero tiene que haber expectativa de rentabilidad. Sin buenos precios es inviable. Tiene que ser negocio para muchos y no para unos pocos. Si los valores de los ganados caen aún más, la oportunidad de dar ese salto productivo se perderá. Uruguay tampoco puede quedar omiso en los acuerdos comerciales con otros países o bloques. No hacer nada no es quedar igual, es retroceder, porque nuestros competidores y clientes están haciendo acuerdos. Solo la carne paga US$ 200 millones de aranceles en el exterior y acá nos seguimos cuestionando si participamos en este tipo de acuerdos así no molestamos a los socios del Mercosur. Esto es algo que puede definir la producción de los próximos años.

Datos personales

Alejandro Zambrano nació el 11 de julio de 1976. Es casado y tiene dos hijos: Mauricio (de 2 años) y Francisca (de 2 meses). Es rematador público, director de Zambrano & Cía y vicepresidente de Plazarural. Además, es hincha de Nacional.

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