En qué consiste planificar la alimentación

A pesar de que para muchos puede sonar complicado, planificar la alimentación semanal de la familia es una tarea que sin lugar a duda vale la pena

Lic. En Nutrición Lucía Alba


Y es que los beneficios son múltiples. En primer lugar, organizar el menú permite llevar una alimentación más saludable y equilibrada ya que aporta variedad de alimentos y, por ende, de nutrientes. Por otra parte, se evita la improvisación, tan común en la actualidad donde el tiempo apremia y es frecuente caer en opciones rápidas y poco adecuadas. También resulta más fácil respetar los tiempos de comida y sus horarios.

Amén de la calidad de la alimentación, la organización permite, por supuesto, ahorrar tiempo: siempre se sabe qué se va a cocinar, qué se va a necesitar, se pueden adelantar preparaciones y no visitar tantas veces a la semana el supermercado.

Una ventaja no menor es el ahorro económico. A partir de la planificación, lo ideal es elaborar una lista de compras, que evitará los desperdicios o la compra excesiva e inútil de alimentos. En el caso de las frutas y las verduras se pueden elegir las de estación, que en general son más económicas que el resto del año.

Finalmente, contribuirá a la reducción del estrés, por el simple hecho de no tener que estar parado frente al refrigerador preguntándose una y otra vez qué preparar para cenar.

La alimentación planificada consta básicamente de tres grandes pasos:

1. Planificar el menú semanal: para lo cual basta elegir un solo día a la semana y sentarse a la mesa con lápiz, papel y café en mano. Aquí se podrán contemplar los gustos de todos los miembros de la familia y se elegirán las recetas de preferencia para elaborar los platos. La planificación puede hacerse también teniendo en cuenta, por ejemplo, los días más ocupados, para los cuales será más adecuada una preparación rápida, o los días en los que hay que salir con vianda, para lo cual conviene tener porciones extra de la noche anterior. Los viernes suelen ser de desestrés y nada mejor que el plato preferido para complementar una noche de relax.

2. Elaborar el listado y hacer las compras: sabiendo cuál será el menú semanal, y teniendo en cuenta qué se tiene de antemano en la alacena, se podrá elaborar una lista de ingredientes a comprar. Es conveniente ir a los comercios de confianza o que ofrezcan mejores precios. La fruta, verdura, quesos, huevos, y otros productos suelen ser más económicos en la feria del barrio. También se puede acudir a las tiendas de congelados, donde algunos productos pueden conseguirse en grandes cantidades y menores precios.

3. Adelantar preparaciones: finalmente, bastará con disponer de una hora aproximadamente para picar vegetales, marinar carnes y preparar salsas, masas, etc. para luego almacenar en recipientes adecuados en la heladera o en el freezer. Por ejemplo, si se va a preparar una pascualina, se hace más de una receta de masa y se freeza para los bizcochitos o la tarta del día siguiente.

A pesar de que todo esto suene muy rígido y estructurado, no necesariamente tiene que ser así. Permítase hacer cambios en el menú si surge un imprevisto, dejando el pollo recién descongelado para el día siguiente y preparando un omelette rápido con ensalada. La idea es que la planificación simplifique el diario vivir.

Si sigue sonando complicado, inténtelo durante una semana y verá cómo se convierte en un hábito más fácil, más económico y, sin duda, más saludable.

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