Engaña pichanga

Del "espacio" a la "consolidación" fiscal llegamos a la estanflación, aunque el oficialismo agrande su colección de eufemismos

"La negación es sólo útil, noble y piadosa cuando sirve de tránsito a una nueva afirmación".

Esa reflexión del filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset resume casi a la perfección lo que sucedió en los últimos años en Uruguay con el manejo de la economía mientras el viento sopló a favor. Los gobiernos de turno negaron la realidad una y otra vez con eufemismos hasta llegar a hoy. Y nunca antes como desde que llegó al gobierno en 2005, el oficialismo debió darse un baño de realidad tan potente como el que tomó obligado al cabo de esta semana en la que debió anunciar su primer ajuste fiscal desde que es gobierno justamente mientras le toca administrar con una economía estancada. ¿Qué pasó si todos estaban convencidos de que Uruguay ahora si estaba para convertirse en la Suiza de América que nunca fue?

Se negó sistemáticamente la realidad desaprovechando una primavera de precios de materias primas inédita, nació un "nuevo uruguayo", que a base de consumo sostuvo la economía mientras la matriz productiva continuó siendo básicamente extractivista, pero en público las autoridades alardeaban sobre una supuesta "diversificación productiva" (carne, leche, soja, pulpa de celulosa, madera con un poco de industrialización y muchos servicios (acaso la única apuesta sensata a dejar atrás el viejo Uruguay).

Todo con un Estado tan o más gordo, pesado e ineficiente que el que heredó de blancos y colorados. Pero mientras duró la bonanza no se notaba y las autoridades sacaban un día si y otro también del closet eufemismos para disfrazar la realidad.

¿Se acuerdan de Fernando Lorenzo, el ministro de Economía del gobierno de José Mujica repitiendo como loro (con el eco de muchos periodistas, justo es decir) que Uruguay tenía "espacio fiscal" para gastar? En realidad lo que había era una especie de realismo mágico que imaginaron duraría toda la vida. Eramos igual de pobres pero gastábamos a cuenta porque el mercado nos prestaba, pero las cuentas estaban en rojo como casi siempre desde que nació la República. Pero sonaba glamoroso... Teníamos espacio...

Recién al iniciar el cuarto año de gestión, Lorenzo dijo crudamente ante el presidente y todo su gabinete de ministros que se había terminado "el margen de maniobra y el espacio fiscal".

Ya era demasiado tarde y la dispendiosa administración del ex guerrillero, asemejable a un rockstar internacional legitimado por la ciudadanía como presidente de la República y ahora senador, dejó al Estado con un déficit fiscal de 3,5% del Producto Interno Bruto (PIB), el mayor desequlibrio en las finanzas públicas desde la brutal crisis del 2002.

Y había que desactivar la bomba. ¿Cómo? Con un ajuste fiscal. No, pero paren muchachos: eso era lo que le pedía el FMI a blancos y colorados, bien podría comentar el ministro de Economía, Danilo Astori, a sus colaboradores más cercanos.

Y entonces nació la "consolidación fiscal" Para qué? Para cumplir lo que ordenó el presidente Tabaré Vázquez: cuidar el grado de inversión, el principal activo no tangible que aún conserva el país; nos creen y nos prestan plata, pero hay que demostrar que se puede devolver.

El plan propuesto por el Poder Ejecutivo plantea elevar la recaudación en US$ 335 millones por la vía de suba de impuestos y bajar las erogaciones en US$ 135 millones, a partir de 2017.

Aunque al gobierno le rechine asumirlo, el ajuste se conoció casi al mismo tiempo en que cifras oficiales confirmaron lo que los analistas independientes advertían desde hace rato: que la economía empezó a caer y todos seremos un poco menos ricos o más pobres en términos estrictamente monetarios.

Y para peor, con inflación de dos dígitos, algo que creíamos era cuestión de libros de historia. Estanflación se le llama a la combinación de decrecimiento económico con inflación.

Cuando en julio comience a recibir los recibos de tarifas públicas con nuevos aumentos póngale usted el nombre que más le guste. Para titulares engaña pichanga están nuestros gobernantes.


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