Enredos del traspié marihuanero

Tabaré Vázquez ha expresado reservas a la venta de marihuana en farmacias y ha prometido un seguimiento severo de los efectos de la ley

El profundo error del presidente José Mujica al forzar la legalización de la marihuana queda más en evidencia día a día en el amplio abanico de traspiés y dilaciones para organizar la complicada producción, distribución y libre venta del estupefaciente. El obstáculo más reciente es la revelación de que el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca), nuevo organismo estatal creado para manejar esta inducción a la drogadicción, negocia en el exterior limitar la marihuana legal uruguaya a un solo tipo genético de la planta, que sería único en la región, para evitar que se contrabandee a Argentina y Brasil. En ambos países existe preocupación por los efectos de la legalización en Uruguay. Pero es vivir en las nubes creer que esta medida frenará, dentro y fuera del país, a organizaciones de narcotraficantes de enorme poderío financiero y una eficiencia operativa que, aunque ilícita, es muy superior al deambular organizativo de la experiencia estatal uruguaya.

Se le agregan dificultades en las tres formas de acceso público a la droga. El sistema pergeñado por el gobierno incluye la compra en farmacias, el cultivo hogareño de hasta seis plantas y el consumo en clubes de fumadores de cannabis. El Centro de Farmacias y el Ircca negocian a los tropezones la venta en esos comercios. Se oponen, sin embargo, no solo muchas farmacias que integran ese organismo sino también la Asociación de Química y Farmacia. Existen desacuerdos sobre el precio a los consumidores y el costo y dificultades de instalar el proyectado sistema informático para que los compradores dejen sus huellas digitales pero no su nombre. Este curso para presunta defensa del anonimato es un contrasentido obvio, ya que las huellas digitales permiten identificar a cualquier persona.

Y la prohibición de que el cultivo por particulares no exceda seis plantas es ilusoria, a menos que se cree un cuerpo de miles de inspectores para que revisen casa por casa, en todo el país, para comprobar si en las que hay plantas de la droga no se ha excedido con una séptima maceta. Recientes incautaciones masivas de plantaciones todavía ilícitas demuestran que la limitación poco le importa a quien resuelve producir por su cuenta. Parecidas dificultades de control se producirán con los clubes de fumadores, para asegurar que solo funcionarán los inscritos formalmente en el Ircca y que no proliferarán ilegalmente por todos lados.

La complejidad del sistema ha llevado a postergar su puesta en práctica por lo menos hasta mediados de año, ya bajo el nuevo gobierno. Mujica había prometido dar marcha atrás si se comprobaba el error de su padrinazgo de la legalización de una droga que es perjudicial para la salud física y mental, realidad ominosa demostrada científicamente y que nadie discute, y que es claro que fracasará en su declarado objetivo de reducir el consumo de pasta base. Pero dejará la presidencia sin admitir que se equivocó. El presidente electo Tabaré Vázquez, en cambio, ha expresado reservas a la venta en farmacias y ha prometido un seguimiento severo de los efectos de la ley. Su actitud autoriza la esperanza de que, una vez que asuma el 1º de marzo, defienda la salud de los uruguayos, como ya hizo en su anterior presidencia en la lucha contra el tabaquismo, corrigiendo el desaguisado que hereda de su predecesor. l




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