Enrique Pinti: "Milito por desapasionar"

El humorista argentino regresa con su esencial Salsa criolla esta semana al teatro El Galpón
No son demasiadas las ocasiones en las que viene a Montevideo un espectáculo –de humor– que vieron más de 3 millones de personas. Enrique Pinti lo tiene claro y por supuesto puede explicar por qué un fenómeno como el de Salsa criolla cumple 30 años de repasos históricos y sociales planteados a través del tamiz más cercano al público: el del humor. Sobre cómo es hacerlo hoy, habló el humorista y columnista del diario La Nación con El Observador.

Desde 1985, usted hace referencia a la utópica ilusión de vivir en el primer mundo siendo habitante de esta región, donde muchos aún no resuelven su comida diaria. Ahora, sigue haciendo énfasis en lo mismo. ¿Por qué nada de esto cambió en estos años?

No lo sé. Lo que sí sé es que voy a cumplir 77 años y el que cambió soy yo: en cada espectáculo le pido a la gente que los presentes que tengan menos edad mantengan la esperanza, pero que no cuenten conmigo para eso. Esperanza para mí es una colonia judía en la provincia de Entre Ríos y nada más. Tengo fe, porque la fe es ciega, entonces al no ver un carajo, como me pasa a mí... y tengo caridad, porque no soy mala gente. Estoy podrido de las evaluaciones. Incluso las que yo mismo hice. Que si la culpa era de los peronistas, que si de los radicales, que los milicos... al final, cuando hacés la cuenta, ves que todos estuvieron en el gobierno y nos hicieron terminar igual: inflación, carestía, escasez. Y en el medio, por supuesto, otros agravantes, como la censura o las torturas. Pero lo que quiero decir es que yo antes pensaba que tenía la solución; ahora sé que se probaron todos los sistemas, y que todos fallaron.

"Estoy podrido de las evaluaciones. (...) Yo antes pensaba que tenía la solución; ahora sé que se probaron todos los sistemas, y que todos fallaron"

Y entonces, ¿qué alimenta esa fe? ¿La gente que hace por fuera de lo político?

Exactamente. Es lo que permite que mi país exista. Por la mitad de esto que se ha hecho hay países que se convirtieron en Haití o en Nigeria. La Argentina no es Haití ni Nigeria por varias razones como los recursos mal o bien aprovechados, pero, sobre todo, por los valores de la gente. Hay individualidades muy buenas y tenemos buena gente, solidaria.

Tras tantos años, hay que volver a hacerse la pregunta de por qué un show sobre la condición del ser argentino sigue teniendo convocatoria en Uruguay...

Por la cercanía, sin dudas, pero también porque estamos ligados por unos comienzos de historia bastante comunes y porque hemos enfrentado períodos similares a nivel económico, político, etcétera. Estamos más unidos que con Chile porque la cordillera separa, y en su momento acá todos fuimos un mismo territorio. Creo que la historia común nos une, aunque nunca me vas a ver hablando de cómo son los uruguayos o los españoles, por mencionar otro país donde sorprendentemente le ha ido bien a este tipo de espectáculos míos. Yo tengo que decirles lo que me pasa a mí en mi país para que ellos tomen nota. Y falta una cosa: el único libertador que yo creo quería un territorio común y lo intentó fue Artigas. San Martín también, pero se hizo una hernia y mandó a todos a cagar. Bolívar lo buscó, pero para otro lado. Creo que hay puntos en común también con esa intención.

"Por la mitad de esto que se ha hecho en mi país hay países que se convirtieron en Haití o Nigeria. No pasó sobre todo por los valores de la gente"
Salsa criolla es un espectáculo de humor militante, aunque no esté identificado con causa política alguna. ¿Por qué milita hoy en día Pinti con este espectáculo?

Por desapasionar. Cuando la pasión se convierte en exaltación se convierte en fanatismo. Estamos en una etapa de regreso a estos fanatismos políticos, religiosos, etcétera. Por el fracaso de otras políticas, Europa vuelve a la xenofobia y el racismo: por eso sale Trump..., todos personajes que en una época hubieran sido tomados a broma. Creo que lo que pasa con Salsa criolla hoy es que propone terminar con esa historia y a pensar en los valores humanos. En Argentina se habla todo el tiempo de "la grieta", y la grieta estuvo siempre. No tengo nada contra (Jorge) Lanata, pero esto de inventar la pólvora para hacer un programa con buenas investigaciones es un poco forzado. Brechas y grietas ideológicas son un problema que sucede desde hace tiempo, en todos los países. Lo bueno de tener edad, más allá de que uno tiene diabetes y no se puede sentar en sillones bajos, es la memoria. Sucede que la gente cree –también inducida por estos periodistas– cosas como por ejemplo que recién ahora los actores militan políticamente cuando esto pasó siempre y muchos sufrieron consecuencias terribles como exilios o bombas en los teatros. Estamos hablando de Norman Briski, de Norma Aleandro, de Héctor Alterio... La gente ahora puede apretar un botón y leer la historia. Entonces, deberían hacerlo. Hubo un tiempo en que la grieta era mucho peor, así que paremos porque tiene que seguir habiendo diálogo.
¿Y qué ha hecho Salsa criolla en todo este tiempo por su público?

Supongo que la reflexión, que es lo que más hizo la gente. Moverles un poco el eje, sacarlos de alguna zona fija de pensamiento que tenían. La gente que me viene a ver tiene este perfil; por lo general es gente más enfocada en ver qué se puede hacer para dar una mano: no tienen posturas radicales.

"Nunca me vas a ver hablando de cómo son los uruguayos o los españoles (...) Yo tengo que decirles lo que me pasa a mí en mi país para que ellos tomen nota"

¿Hay algún heredero de su estilo?

Por ahora no. Hay muchos referentes de gran talento que creo no están mirando hacia este lado de observar la realidad. Entiendo que hoy por hoy la referencia política puede ser un búmeran que te traiga problemas. Es difícil superar el miedo al tonto que te dice que si vos no hablás definidamente a favor o en contra de algo, no valés.

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