Entre lo conocido y lo incierto

Si Hillary Clinton es electa presidenta de EEUU el clima interno y la política exterior no cambiarán demasiado

Si Hillary Clinton se convierte mañana en la primera mujer electa a la presidencia de Estados Unidos el clima interno y la política exterior no cambiarán demasiado en la potencia mundial dominante. Pero un triunfo de Donald Trump amenaza confirmar los avisos de tormenta. Un hecho insólito emparejó las chances de ambos candidatos, luego de una campaña marcada por mutuos vituperios de todo pelo y color y en la que la postulante del Partido Demócrata perdió a último momento la cómoda ventaja que le llevaba a su rival. El cambio fue generado por el Federal Bureau of Investigation (FBI), símbolo tradicional de seguridad interna pero convertido insólitamente en confusa fuente de incertidumbre electoral. La generó su director, James Comey, al reavivar el escándalo del manejo irregular de correos electrónicos sobre secretos estatales por parte de Clinton, cuando era secretaria de Estado del presidente Barack Obama. Comey admitió que sus nuevas revelaciones sobre el tema no estaban confirmadas, lo que crea sospechas sobre su motivación pocos días antes de la elección y motivó un inusual ataque severo de Obama al FBI.

El resultado ha sido poner a Trump en carrera cuando ya parecía derrotado. Pero el descrédito ronda por igual a los dos candidatos. En el caso del impulsivo demagogo xenófobo del Partido Republicano, se debe a sus pronunciamientos peyorativos sobre las mujeres y sobre los ciudadanos de origen latinoamericano o musulmán y a sus exóticos planes de cerrar con un muro la frontera con México y expulsar a millones de inmigrantes. Por su parte Clinton, además del caso de los correos, carga con su falta de carisma y la percepción pública de que su larga experiencia en la alta burocracia gubernamental no asegura una presidencia de primer nivel.

La opción de los estadounidenses que resuelvan votar, ya que el sufragio no es obligatorio y vastos sectores muestran poco entusiasmo por la contienda electoral, es entre mantener las cosas como están bajo Obama o arriesgarse a lo desconocido con Trump. El postulante republicano ha ganado el apoyo de millones de personas descontentas con su situación personal, que rechazan a los inmigrantes o que le temen al terrorismo islámico. En el área internacional es previsible que Clinton opte por seguir la ruta de Obama de tratar de desligarse en lo posible de las guerras en el Medio Oriente y de no enviar sus soldados a combatir en tierra. Trump, en cambio, es declarado partidario de aliarse con la Rusia autocrática de Vladimir Putin para una campaña más agresiva contra el terrorista Estado Islámico, incluyendo el envío de tropas de Estados Unidos al terreno bélico.

Con respecto a nuestra región, Clinton parece ligeramente más propensa que Trump a estrechar relaciones, incluyendo revivir posibles tratados de libre comercio como el que Estados Unidos ya tiene con Chile y ahora busca Argentina para abrir más su economía. Esta perspectiva se contrapone a las formas de aislacionismo que propugna Trump. Pero el margen de maniobra de cualquiera de los dos candidatos dependerá en gran parte de la simultánea renovación parcial del Congreso, que actualmente controlan los republicanos en ambas cámaras pero que los demócratas confían en revertir, por lo menos en el Senado. La elección es, en todo caso, una opción entre lo pobre conocido y el peligro de lo incierto.


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El Observador

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