Entre Londres y Bombay

Se reedita El buda de los suburbios, de Hanif Kureishi, una novela trepidante y profunda que retrata con maestría la inmigración india

Si hay algo que permite distinguir con claridad a los buenos libros de los que no lo son, es que los primeros no se circunscriben nunca a un único tema. La verdadera obra de arte se expande siempre en círculos concéntricos, tiene múltiples planos y ángulos de lectura: es esto, pero también aquello y, más sutilmente, también eso otro.

A veces esa riqueza salta a la vista y otras es necesaria una relectura para descubrir y sacar a la superficie todos los tesoros que pueden estar escondidos. En el caso de El buda de los suburbios, publicada por primera vez en 1990, aparece un tercer factor a tener en cuenta y es el paso del tiempo.

Veinticinco años después de editada, la novela conserva toda su fuerza original y hoy es uno de los testimonios literarios más valiosos sobre el drama de la inmigración. Ambientada en la Londres de la década de 1970, tiene la virtud de analizar en profundidad los sentimientos de dos generaciones de inmigrantes indios: los padres, que llegaron en 1950 tras la segunda guerra mundial, y sus hijos veinteañeros e ingleses de nacimiento.

El primer párrafo de la novela es explícito al respecto: "Mi nombre es Karim Amir y soy un inglés de los pies a la cabeza, casi. A menudo me considero un tipo de inglés curioso, de una nueva raza como quien dice, porque soy el fruto de dos antiguas culturas. Pero no me importa: soy inglés (aunque no me enorgullezco de ello), de los suburbios del sur de Londres, y quiero llegar a ser algo".

La cita revela todo el poder de la prosa de Kureishi, capaz de resumir en un párrafo el pasado, presente y futuro del personaje, pero es además una muestra del tono general de la narración que, desde el humor y la desfachatez, le hinca el diente a los temas más profundos y serios.

Esta edición conmemorativa de Salamandra viene acompañada de un estupendo prólogo escrito por Zadie Smith, otra inglesa fruto de la inmigración que además de señalar el impacto que supuso el libro para toda una generación de jóvenes escritores que carecían de referentes, destaca cada uno de los aspectos que hacen grande a El buda de los suburbios.

Entre ellos cabe señalar el gran fresco de época que traza Kureishi, quien no solo retrata a sus personajes principales sino también a un período singular de la historia. Una Londres que se está alejando del movimiento hippie para adentrarse en el punk, que está dejando atrás la marihuana y el LSD en pos de la heroína, que intenta camuflar su arraigado racismo bajo una nueva palabra de moda: tolerancia.

Lo que hace a la novela una obra mayor es que todo cabe en la licuadora de Kureishi, que termina ofreciendo un producto sobresaliente a pesar de los mil ingredientes. Porque Karim es además de hijo de inmigrantes indios un bisexual en pleno viaje de autoconocimiento. Un joven que ve a su padre engañar primero a su madre y luego abandonarlos. Un muchacho confiado que recibe varios golpes, que se cae y se levanta. Que se vuelve un poco malo para sobrevivir, pero que conserva un interior luminoso.

Hay escenas demoledoras, como cuando Karim consigue finalmente un puesto en una obra de teatro, se ilusiona y descubre después que debe hacer de Mowgli, el personaje principal de El libro de la selva, por lo cual lo van a oscurecer "todavía un poco más", untándolo de pies a cabeza con una crema marrón para que salte al escenario en taparrabos.

O cuando el padre conservador de Jamila, que no acepta casarse por decreto con un desconocido que vive en Bombay, decide iniciar una huelga de hambre salvaje para presionar a su bondadosa pero rebelde hija, que finalmente cede.

Explícita en lo sexual, profunda en lo conceptual, muy divertida y políticamente incorrecta, El buda de los suburbios es, todavía hoy, una novela ejemplar.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli