Errónea ruta tributaria

Los impuestos excesivos son amigos de la evasión y enemigos del desarrollo

La carga tributaria excesiva, que el Frente Amplio insiste en aumentar aún más, es amiga de la evasión y más enemiga del desarrollo. Desalienta la actividad, contribuye al desempleo e induce a la informalidad del trabajo en negro y a que en sectores productivos se hagan malabarismos para no pagar impuestos agobiantes. Pese a que estos frenos al desarrollo se evidencian en la tendencia al alza de la desocupación en el área formal y a una evasión impositiva de más del 40% en el vital IRAE, el gobierno anuncia que seguirá tomando el camino fácil pero contraproducente de subir tributos si los votantes vuelven a darle en 2019 un triunfo electoral y la necesaria mayoría parlamentaria. Álvaro García, director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), acaba de adelantar ese curso para “avanzar en materia de distribución de riqueza”.

Pero es, en realidad, el mejor camino para retroceder en el crecimiento de la economía, del que dependen mejores salarios, más trabajo, más bienestar para la gente de recursos medios y bajos, y más producción para consumo interno y exportación. Avanzar de manera sustentable exige, en cambio, bajar impuestos para alentar actividad, como es la tendencia en países mejor conducidos. Tanto García como el vicepresidente Raúl Sendic se quejaron de la altísima evasión del IRAE, el impuesto de mayor rendimiento recaudatorio después del IVA. Pero no reconocen que esa evasión es en gran parte consecuencia de una estructura tributaria difícil de sobrellevar. Si los impuestos fueran más bajos, automáticamente se reduciría la tendencia a evadirlos. Dirección en la que van las principales naciones para atraer inversiones sin dar incentivos.

García presentó el eventual aumento como “una reforma de segunda generación”, luego de la de 2007 que, con el agregado de los ajustes fiscales y el manejo estrictamente fiscalista de las tarifas de los servicios públicos desde enero, castiga al sector productivo y a toda la población, excepto un sector minoritario de ingresos muy bajos. La “segunda generación” del director de la OPP, que responde a exigencias de vastos sectores de la alianza de izquierda, agrava para la economía los genes destructivos de la primera. Antes que hablar de sacarle a los que más tienen, aunque lo hayan acumulado por sus propios méritos y esfuerzos, la meta tiene que ser generar riqueza generalizada mediante más actividad, ruta natural que escapa a la estrecha visión frenteamplista.

Y la tesis de que más carga tributaria es para beneficiar a los más pobres es un espejismo, ya que la experiencia mundial confirma que el exceso de impuestos solo crea desocupación y mayor informalidad. En realidad son manotazos gubernamentales para tratar de aumentar recaudación con la que tapar los agujeros fiscales creados por su propia incompetencia de gestión, reflejada en la desmesura del gasto público durante los dos primeros períodos frenteamplistas. Como el gobierno es incapaz de bajar el gasto, contrariamente a lo que debería hacer un “país de primera” que sufre angustias fiscales, la respuesta expeditiva es más y más impuestos. Pero es un esquema que se derrota a sí mismo por sus efectos negativos. El director de la OPP afirmó que los nuevos golpes impositivos no se aplicarán en lo que resta del período actual sino en un eventual cuarto gobierno del Frente Amplio. O sea que la ciudadanía ya está advertida de lo que sobrevendrá en caso de ganar nuevamente el Frente Amplio. En 2014, Vázquez prometió no aumentar la carga tributaria y aun bajarla, y no cumplió. En 2019 viene promesa de suba. ¿Cumplirá? Ya no se sabe a qué atenerse.


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