Error estratégico del Frente Amplio

El Frente Ampliono solo ha resuelto correr el riesgo político de respaldar al vicepresidente Sendic en el escándalo de su licenciatura

El Frente Amplio (FA) no solo ha resuelto correr el riesgo político de respaldar al vicepresidente Raúl Sendic en el escándalo derivado de su arrogada licenciatura. La declaración de apoyo del Plenario del FA cayó además en el absurdo de tratar de transferir culpas al acusar a los partidos opositores y a algunos medios de comunicación de “debilitar la institucionalidad democrática del país” por el revuelo generado por el propio Sendic con sus confusas contradicciones. Si algo existe en una democracia es el derecho de la oposición y de los medios independientes a señalar traspiés de un gobernante en materia de transparencia y veracidad. Son esas claudicaciones lo que realmente afecta el funcionamiento de las instituciones y no el hecho de denunciarlas.

Héctor Tajam, integrante del triunvirato que dirige al FA, anunció que el apoyo aprobado por el Plenario es a la “institucionalidad del cargo” de vicepresidente y a la carrera política de Sendic. Nadie discute ni un punto ni otro. Lo que está en juego es la credibilidad personal de Sendic y su incidencia en el ejercicio de la vicepresidencia. Nada se aclaró, porque es imposible hacerlo, sobre el detonante de la crisis, que fue la admisión de Sendic a El Observador que no tenía el título de licenciado en Genética Humana que usa desde hace años. Luego se desdijo al percibir la turbulencia creada por su admisión y pidió perdón a la dirigencia frenteamplista. Pero en medio de vaguedades declaratorias, sigue en el limbo la anunciada confirmación de su licenciatura.

La situación ha agudizado diferencias internas dentro del FA, al punto de que la declaración del Plenario fue aprobada por mayoría, sin el voto de Asamblea Uruguay ni del Nuevo Espacio. El curso sensato para el partido gobernante hubiera sido reconocer la verdad de los hechos que afectan a uno de sus dirigentes más prominentes pero cuya credibilidad ha quedado sumamente comprometida. Ha preferido ignorar esos hechos y ha pasado a una insólita ofensiva para tratar de restaurar una imagen rota, algo que es siempre un remiendo y, en este caso, conlleva un alto costo político. Sendic se perfilaba como posible candidato presidencial en 2019. Pero lo ocurrido, tanto en torno a la elusiva licenciatura como en su previa gestión al frente de ANCAP, diluyen esa perspectiva porque un postulante a la Presidencia debe, antes que nada, generar en la opinión pública una confianza que Sendic ha perdido.

El país tiene por delante problemas muchos más serios que enfrascarse en graves confrontaciones políticas por este caso. El tema debió zanjarse dejando que el vicepresidente decidiera si renuncia, como lo reclama la oposición, o mantenerse en el cargo aunque su partido lo relegara al cuarto patio. La posición equivocada adoptada por una mayoría del FA puede basarse en esperanzas de que el tiempo borre los malos recuerdos y que Sendic resurja como parte de una renovación dirigente. Tal vez dentro de unos pocos años algunos votantes, preocupados por asuntos más graves, no tengan en cuenta las actuales vicisitudes del vicepresidente. Pero es seguro que, cuando se acerquen los tiempos electorales, todos los partidos de oposición se encargarán de reflotar sus claudicaciones. Lo más grave, sin embargo, es que el FA ha tenido el traspié estratégico de pretender que todo es cristalino y que la culpa es de “otros”, buscando victimizarse y confiar en la mala memoria de los votantes en vez de haber cortado por lo sano, demostrando la transparencia con que afirma gobernar pero que ahora ha estado ausente.


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