¿Es importante informar sobre la salud de los gobernantes?

¿Qué tan privada es la información sobre la salud de un presidente? ¿Cuánto interesa a un país saber que quien lo conduce es una persona sana o no?

Por Jaime Clara

Hace algo más de dos años, en El Observador se trató el tema (*): "la salud de los presidentes es manejada en algunos países de Latinoamérica como un "secreto de Estado", un aura de misterio que suma al problema médico uno político, aunque esto no suele ser lo común en la región."  El artículo, con fuentes de la agencia EFE, mencionaba la "conmoción" generada por la operación a la que sería sometida Cristina Fernández de Kirchner, de Argentina, al venezolano Hugo Chávez, muerto unos meses antes de cáncer, que fue manejado con una reserva absoluta. Desde 2006, "el entonces presidente Fidel Castro delegó el poder por una grave enfermedad declarada "secreto de Estado". La nota recuerda que "nunca se divulgaron partes médicos oficiales y era el propio Castro quien daba pistas sobre su evolución a través de sus "Reflexiones", los artículos de prensa que comenzó a escribir tras caer enfermo y en uno de los cuales reconoció que había estado "entre la vida y la muerte"." Y así se podría seguir con la situación similar de Daniel Ortega en Nicaragua, que aparentemente no puede exponerse al sol más de una hora debido a una enfermedad en la sangre.

Aunque la situación no es la misma en todos los países. En Brasil, se recuerda que aunque no  hay ninguna legislación que lo obligue, el estado de salud de los gobernantes o exgobernantes se trata con absoluta transparencia, como la enfermedad del entonces presidente electo Tancredo Neves, muerto antes de asumir el mando en 1985, el cáncer de laringe que le fue detectado a Luiz Inácio Lula da Silva (2010), o el cáncer linfático que padeció Dilma Sorusseff cuando era ministra (2009), en Colombia, el presidente Juan Manuel Santos anunció por televisión (2012) que le habían detectado un "pequeño tumor" canceroso en la próstata, entre otros.

El tema se puso de nuevo en discusión con un libro que fue presentado el lunes pasado en Punta del Este. Se trata de Secreto de Estado. La verdad sobre la salud de Cristina Fernández de Kirchner, escrito por el periodista y médico neurólogo argentino, Nelson Castro. En su investigación, Castro recuerda los casos de los presidentes Ronald Reagan (Estados Unidos), François Miterrand (Francia) y el primer ministro británico Wiston Churchill. "El hecho de ser médico me llevó a concitar como periodista el interés de la audiencia en momentos en que los presidentes atravesaron situaciones de salud críticas. Siempre consideré mi deber recurrir a la mayor cantidad de fuentes posibles para formarme una opinión seria antes de ponerla en conocimiento del público. No encuentro en esta conducta atentando alguno al secreto médico, ya que no he estado involucrado de manera directa en ninguna actividad profesional en relación a los presidentes de cuya salud me he ocupado (...) Es evidente que un tema de tanta relevancia para el desarrollo institucional de nuestra sociedad, debe ser analizado con seriedad por los especialistas en los ámbitos académicos, alejados del apasionamiento que rodea a las situaciones concretas."

Durante una entrevista, Nelson Castro explicó que "las afecciones de un presidente afectan, en muchos casos, sus conductas. Es algo que tiene muchas implicancias. Para eso es importante ver la historia. Por ejemplo, lo que ocurrió con Juan Domingo Perón. Sus médicos le desaconsejaron ser presidente. Él no aceptó y la sociedad no tenía idea de cuán enfermo estaba al asumir. Eso debería haberlo sabido la gente, porque tal vez con una noción pública de lo que estaba ocurriendo se hubiera entendido, o se hubiera ayudado a entender, que no estaba en condiciones de ser presidente, con todo lo que significó su muerte y lo que vino después. Es un caso concreto. Mire qué impacto político tuvo la salud. Con ejemplos es más fácil entender. Por eso siempre contesto con los casos. Eso explica el por qué de la necesidad de saber cómo está un mandatario. La mala salud de un presidente siempre tiene consecuencias políticas que padece la gente."

El sábado pasado, en Sábado Sarandí, tuve la posibilidad de conversar con Castro, que desarrolló con más detalles, los vaivenes de su investigación. (**)

En la historia más o menos reciente, en nuestro país se recuerda la muerte repentina, en ejercicio del cargo, del presidente Oscar Gestido, que asumió el mandato en marzo de 1967. Más acá en el tiempo, siendo presidente, José Mujica suspendió a último momento por recomendación médica su participación en la XXII Cumbre Iberoamericana, en España. Corría el año 2012 y entonces Presidencia de la República informó que "los estudios vasculares (realizados al mandatario) arrojaron la existencia de una trombosis previa pero no hay elementos de trombosis aguda". Los médicos le recomendaron reposo y tras el incidente, canceló algunos viajes previstos "por exceso de cansancio".

"Todos los presidentes aquejados, en mayor o menor medida son líderes desafiantes en el plano internacional” considera el sociólogo argentino Julio Burdman. El académico, entiende que las noticias sobre temas vinculados a la salud de los gobernantes, generan diferentes efectos en la opinión pública, que van desde “el temor” sobre la capacidad de los presidentes para ejercer su función, hasta sentimientos de “simpatía y solidaridad” que hacen crecer su popularidad. Citado por el diario La República, Burdman considera que los problemas de salud de los presidentes “no ponen en riesgo la institucionalidad del sistema”, aunque sí la continuidad de los ciclos políticos."En otros tiempos, los presidentes se enfermaban y la opinión pública lo ignoraba. Hoy se resfrían y las redes sociales lo comentan. De Norte a Sur y de Este a Oeste de las Américas, la salud de los mandatarios es un tema político e internamente se sabe que son reemplazables porque lo establecen las correspondientes constituciones. Pero, popularmente, un quebranto serio de la salud presidencial y el caso extremo de su deceso, desencadenaría una crisis política. “El presidente es el verdadero receptor de los votos y como tal, es quien encarna las demandas, los planes de gobierno y los espíritus de las épocas políticas”, comentó Burdman.

En un libro anterior (Enfermos de poder, 2011) Nelson Castro, cita una descripción de Hemingway acerca de la enfermedad de los poderosos. "Los síntomas comenzaban con el clima de sospecha que lo rodea, seguían con una sensibilidad crispada en cada asunto en que intervenía y se acompañaban con una creciente incapacidad para soportar las críticas. Más adelante se desarrollaba la convicción de ser indispensable y de que, hasta su llegada al poder, nada se había hecho bien. En otra vuelta de tuerca, el hombre, ya enfermo, se convencía de que nada volvería a hacerse bien, a no ser que él mismo permaneciera en el poder."

 

SECRETO DE ESTADO. La verdad sobre la salud de Cristina Fernández de Kirchner. Nelson Castro. Editorial Sudamericana. 2015. 251 págs.

(*) http://www.elobservador.com.uy/la-salud-los-presidentes-informacion-publica-o-privada-n262073

(**) http://www.goear.com/listen/bf0546c/nelson-castro-jaime-clara


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