Es nociva pero igual la vendemos

Declaraciones en apariencia contradictorias del presidente Tabaré Vázquez, en su reciente visita a Berlín, reflejan nítidamente el brete en que lo encerró su antecesor José Mujica con la legalizada piedra libre marihuanera
Declaraciones en apariencia contradictorias del presidente Tabaré Vázquez, en su reciente visita a Berlín, reflejan nítidamente el brete en que lo encerró su antecesor José Mujica con la legalizada piedra libre marihuanera. Vázquez anunció, por un lado, que la venta en farmacias estaría pronta a mediados de año y, por otro, que "no hay que consumir drogas" por su efecto nocivo en la salud.

Explican esta última afirmación sus reiteradas campañas en defensa de la salud de la población, especialmente contra el tabaquismo y el consumo excesivo de bebidas alcohólicas, y su conocida posición contra todo tipo de estupefacientes. Pero enfrenta la necesidad de cumplir una ley vigente y, presumiblemente, de no malquistarse con Mujica, quien lidera el bloque mayoritario del Frente Amplio y de su bancada parlamentaria, de la que no puede prescindir.

Nada justifica, sin embargo, seguir manteniendo una ley disparatada y que, además, anda a los tumbos desde hace más de tres años por tropiezos y demoras de todo tipo. No puede ignorarse la montaña de objeciones a liberar el consumo recreativo de la marihuana. La principal es el daño que genera su uso habitual, no solo en jóvenes y adultos que ven disminuida su salud física y mental, sino hasta en los niños por nacer. Entre otros estudios científicos de igual tenor, la Asociación Americana de Pediatría concluyó en 2013 que el consumo por mujeres embarazadas aumenta el riesgo de que el tetrahidrocannanibol, principal componente químico de la marihuana, dañe al feto.

Pende de un hilo, por otra parte, la venta en farmacias, que ha sido programada como la forma de acceso libre a la droga, además de los clubes de fumadores y los cultivadores hogareños. De las 1.200 farmacias que existen en el país, solo 26 se habían registrado inicialmente para venderla. Pero aun ese ínfimo número ha caído ahora a 10.

La casi totalidad se niega a vender la droga, en parte por temor a represalias de narcotraficantes contra la competencia, pero sobre todo por su lógico argumento de que comercios dedicados a expender productos para proteger la salud lo hagan también con uno que la perjudica. Y el puñadito de farmacias que siguen dispuestas a la venta han acordado con el Ministerio del Interior la instalación del botón de pánico, para rápido acceso al 911 contra los ataques de delincuentes, según anunció a El Observador el vicepresidente del Centro de Farmacias, Alejandro Antalich.

Desde la promulgación de la ley en 2014 los plazos oficiales para le venta libre se han postergado una y otra vez por obstáculos de todo tipo. El más reciente ha sido aducir la falta de adecuados análisis químicos para la habilitación sanitaria de la variedad de marihuana a comercializar. Detrás de todas estas dilaciones puede estar el intento gubernamental de demorar en todo lo posible que se complete la vigencia de la ley. Pero no puede seguirse indefinidamente con medias tintas.

El camino ineludible es derogar la ley, como acaba de proponer el presidente de la Cámara de Diputados, Gerardo Amarilla. En declaraciones a Búsqueda, pidió terminar "con la vergüenza" generada por el desatino de Mujica. No es un camino fácil para Vázquez. Pero si decide tomarlo ganará crédito como defensor de la salud pública, alcanzado ya en el caso del tabaco y el alcohol pero amenazado ahora por la legalización de la marihuana.

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