Escaramuza: libros a la mesa

Escaramuza es una nueva propuesta montevideana que combina múltiples expresiones culturales y artísticas. Una casona de 1903 pone su historia al servicio de esta librería-café que invita a cultivarse, a honrar el libro y a disfrutar de la cultura

Por Agustina Amorós

Caminé por la calle Pablo de María con la promesa de una nueva propuesta cultural en el barrio Cordón. Una fachada ornamental evidenciaba los años de su construcción y a través de dos ventanales amplios me encontré con bibliotecas que parecían eternas. Me detuve frente a la casona que auguraba una cuna perfecta para la intensidad de las letras.

Escaramuza surge del impulso emprendedor de Alejandro Lagazeta, dueño de la librería uruguaya La Lupa Libros —responsable también de la editorial que nace bajo el mismo techo, Criatura Editora— en asociación con Pablo Braun, de la librería y editorial argentina Eterna Cadencia. Se conocieron a través de distintas actividades del mundo editorial y formaron un pasaje de textos a través del Río de la Plata. En mayo de este año, abrieron las puertas de su nuevo emprendimiento: una librería-café en Montevideo. Pero no se quedaron solo ahí, redoblaron la apuesta al convertirla también en distribuidora (abarca alrededor de 15 editoriales independientes) y sumaron una oferta cultural bien diversa a través de sus actividades, que van desde presentaciones de libros hasta talleres de narrativa, creación de canciones, coro e ilustración. Recientemente, incluso, oficiaron como una de las sedes del Filba (Festival Internacional de Literatura), con lo que se consolidaron como referentes del medio.

Decoración que narra

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La casona de 1903 deslumbra por sí misma: techos altos, pisos de mosaico, detalles ornamentales, un vitral que tiñe la luz natural y que deja perplejos a los visitantes ante su belleza. La estética y el valor histórico de la propiedad es evidente. "El desafío fue hacer una propuesta donde se respetara la propiedad original sin saturar los ambientes y que, en todo momento, el protagonista fuera el libro", explica la diseñadora Inés San Martín, quien, junto a su socia —y hermana— Agustina San Martín y los arquitectos Emilio Magnone y Fabrizio Devoto, trabajó en la reforma de la casona. La dupla de diseñadoras es argentina, mientras que los arquitectos son uruguayos. El equipo rioplatense tenía un objetivo en concreto: generar una intervención contemporánea, sin perder el carácter clásico de la arquitectura.

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Respetando esta consigna, la propiedad se dividió en dos: la parte delantera se dedicó enteramente a la librería y al fondo se estableció el café. La librería se divide entre el recibidor y tres ambientes medianos, diferenciados por la propuesta de textos que ofrece cada sector. Las paredes se vistieron de amplias bibliotecas construidas en madera virola rosa y trabajada hasta conseguir el tono deseado. "Buscamos transmitir solidez en contacto con el libro", admite Inés, quien argumenta cada decisión, cuenta los detalles del tras bambalinas y se le ilumina la mirada mientras narra la experiencia. "En este proyecto existe una apuesta al libro, a la sensualidad del papel y a la reivindicación de la lectura".

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En cuanto a la iluminación, se diseñaron luminarias que acompañan la luz natural que penetra el vitral y que atraviesa los amplios ventanales con vista a la calle. Se trabajó con una base de iluminación LED y se acompañó con grandes poliedros de hierro y vidrio templado, que cuelgan impetuosamente desde el techo. El diseño estuvo a cargo de las hermanas San Martín y la inspiración fue el puerto montevideano. "Para compensar la ornamentación preexistente de la casona, el interiorismo se basó en líneas netas y masculinas", señalan.

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La cafetería tiene una impronta más contemporánea, pero respeta la esencia de la librería. El pasillo angosto nos introduce al cambio de forma gradual: dejamos atrás las bibliotecas infinitas y nos escabullimos en el murmullo y el olor a café. La decoración es ecléctica y evita lo categórico. Cada objeto cuenta con una simbología o una historia que lo hace merecedor de su presencia. El libro, los escritores y la cultura nacional se impregnan hasta en el más ínfimo rincón.

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La decoración esconde un sinfín de referencias a la literatura uruguaya: fotografías de Mario Levrero, un fragmento escrito por Felisberto Hernández detrás de una gran lupa, collages en homenaje a Juan Carlos Onetti y fotografías de Mauro Martella que imponen la presencia del candombe. Un marco luce una edición del libro Ismael, de Eduardo Acevedo Díaz y unas cuantas plumas de metal se exhiben perfectamente ordenadas, connotando un arsenal. "En parte es una analogía. La pluma, la escritura, como arma que abre puertas", cuenta Inés. Por encima del mostrador se montó lo que hoy se configura como el rincón más emblemático del café: una estructura de madera que imita una grilla de daguerrotipos antiguos en gran escala. Se empotraron de la pared seis máquinas de escribir antiguas, que se exhiben entre el verde de plantas naturales y un conjunto de letras en metal, curaduría que abarcó ambas orillas y que imprime el estilo característico de esta librería que es mucho más que una simple librería.

Gastronomía con pienso

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A cargo del café se encuentran los chefs Alejandro Morales y Florencia Courrèges, destacados en nuestro país por ser los cocineros del emblemático restaurante La Huella de José Ignacio. La carta abarca propuestas de almuerzo y de merienda, donde se destacan los postres y las tartas dulces. Trabajan siempre con productos de estación y la mayoría de los ingredientes son comprados a productores orgánicos de Sauce (Canelones), con lo que ponderan así la industria nacional y el consumo responsable. Horario: Lunes a sábados de 9 a 21.


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