Espaldarazo a la nueva Argentina

Los resultados principales de la visita de Obama fueron un sólido espaldarazo político a su nuevo gobierno

Pese al protagonismo que los atentados en Bruselas y el combate al Estado Islámico asumieron en la visita del presidente Barack Obama a Argentina, sus resultados principales fueron un sólido espaldarazo político a su nuevo gobierno y, de no menos importancia, la perspectiva de inversiones estadounidenses de más de US$ 30.000 millones en los próximos cuatro años. Trascendió que, simultáneamente a la presencia de Obama, el reingreso argentino a la comunidad económica mundial y la confianza que genera el gobierno del presidente Mauricio Macri han inducido a muchas empresas, incluyendo a las principales de Estados Unidos, a comprometer inversiones cuantiosas. Alcanzarían a US$ 2.500 millones este año y el próximo y alrededor de US$ 30.000 millones más en los dos siguientes.

Junto con la reapertura del crédito en los mercados financieros, que había perdido la desacreditada era kirchnerista, estos aportes del sector privado ayudarán decisivamente a generar producción y empleo y a apuntalar la recuperación de una economía en crisis, incluyendo el masivo ingreso de los dólares que hoy le escasean. Supondrán una expansión voluminosa de la presencia de capitales del mismo origen que ya operan en Argentina, en las industrias petrolera, automotriz, hotelera y otros campos de actividad. En la primera de las dos etapas de su gira, Obama abrió el camino para que se inicien inversiones privadas estadounidenses en Cuba, hasta ahora inexistentes en la isla castrista. En el caso argentino, se ha tratado de una ampliación de lo que ya opera en el país desde hace muchas décadas, aunque con dificultades bajo las restricciones que había impuesto el kirchnerismo.

No fue la única diferencia con la visita a Cuba. En La Habana y en presencia del presidente Raúl Castro, Obama hizo un firme llamado a que la dictadura cubana empiece a otorgar a los 11 millones de habitantes de la isla las libertades que nunca han conocido bajo 57 años de opresión totalitaria. Al compartir con Macri una conferencia de prensa en Buenos Aires, en cambio, ambos presidentes mostraron una total coincidencia en la defensa de las libertades civiles y los derechos humanos bajo regímenes democráticos, así como en la protección contra el cambio climático y en la lucha para erradicar el cáncer asesino desatado en el mundo por el Estado Islámico.

Han sido claros los objetivos de Obama en su rápida gira por dos países ubicados en los extremos de América Latina. En Cuba fortaleció el deshielo político y comercial después de más de medio siglo de antagonismo, cambio de rumbo que destacó como el fin de los últimos resabios de la guerra fría en el continente americano. Su presencia en la nueva Argentina, además del aliento a inversiones privadas estadounidenses, estuvo dirigida a vitalizar a la flamante administración Macri como confiable socio político y económico y puntal de estabilidad y desarrollo en la región, después de largos años de lidiar con la hostilidad, los desmanes y muchas otras claudicaciones de los gobiernos del matrimonio Kirchner. El impacto de su viaje es incierto en Cuba en el terreno político. Pero se sentirá rápida y agudamente en Argentina en todas las áreas de actividad, efecto además beneficioso para Uruguay ante el ocaso de Brasil, nuestro otro gran vecino y socio, mientras no logre revertir la profunda crisis que lo convulsiona.


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