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LOS IMPACTOS
Condiciones insalubres
En 2002 hubo un pico máximo de suicidios sin precedentes: 20,9 suicidios cada 100.000 habitantes, lo que significa casi 700 suicidios en ese año

La crisis de 2002 terminó de despejar una duda entre académicos y entendidos: efectivamente, las crisis económicas tienen una relación directa con el aumento de los suicidios. En Uruguay, si bien los números registraron un aumento a partir de la década de 1990 —se pasó de 10 suicidios cada 100.000 habitantes a 16—, en 2002 se verificó un pico máximo de suicidios que los especialistas consideran “escandaloso” y sin precedentes: 20,9 suicidios cada 100.000 habitantes, lo que significa casi 700 suicidios en ese año.


La psicóloga Patricia Wells pertenece a la ONG Último Recurso, que trabaja en la prevención del suicidio en varios departamentos. Wells recuerda que en la zona Oeste de Montevideo la crisis había comenzado uno o dos años antes y que los especialistas de la organización lo palpaban en su tarea cotidiana. “Era escandaloso. Si la tasa media de Uruguay es 17, ahí había hasta 40 (suicidios cada 100.000 habitantes). Muchos padres de familia se habían quedado sin trabajo, habían perdido sus ingresos y la posibilidad de sostener a sus familias, y no podían con ello”, relató Wells a El Observador.

 


En general los hombres se suicidan más que las mujeres (76% contra 24%, según cifras del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad de 2006), pero en aquel entonces la diferencia era más drástica y la tasa de suicidios en hombres se había disparado. La causa predominante era la pérdida del empleo, pero también se constató que en algunos barrios la gente se suicidaba por padecer hambre, algo inédito e impensable para un país como Uruguay, de acuerdo a la psicóloga de Último Recurso.


“A ese extremo se llegó, por no poder tolerar la falta de comida para ellos o para sus hijos”, agregó.

 

Uno puede pensar que si el suicidio aumentó tanto, más aún lo habrán hecho la depresión o el estrés, o las enfermedades vinculadas al estrés, como son las cardiovasculares y la diabetes, entre otras. Eso queda en el ámbito de la especulación, ya que en Uruguay no hay registro de las patologías mentales y las enfermedades crónicas se empezaron a notificar después de la crisis.


La directora de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, la doctora Raquel Rosa, dijo a El Observador que lo que sí se pudo verificar tras la crisis de 2002 fue un aumento de las enfermedades vinculadas a malas condiciones de vivienda. Las respiratorias son el ejemplo más notorio, pero Rosa recuerda particularmente un crecimiento de las enfermedades parasitarias, en especial en niños. Esto no pudo ser corroborado con cifras oficiales, pero el aumento de la ascaridiasis y otras geohelmintiasis —que están relacionadas directamente con problemas de saneamiento— en 2002 provocó que el MSP lanzara un programa de control y prevención junto con ANEP y la Facultad de Medicina.


Los niños son los más desfavorecidos durante los procesos de recesión económica, ya que por su fragilidad inmunológica y dependencia, la pobreza impacta más en su salud que en la de los adultos.


La disminución de las condiciones mínimas de bienestar que se dio durante la crisis de 2002 (acceso al agua potable, saneamiento, alimentación suficiente y sin contaminantes, entre otras cosas) se reflejó en un aumento de la tasa de mortalidad infantil, que pasó de 13,7% en 2002 a 15,3% en 2003, registrando el pico máximo de la década de 2000.

 

FIRMA Paula Barquet @paulabarquet