Consejero de Educación Secundaria
La educación pública, y en particular Enseñanza Secundaria, enfrenta grandes desafíos que se deberán concretar, ya que aspiramos a una educación liberadora cuyo sujeto son los adolescentes y jóvenes de nuestro país. Para ello, debemos superar grandes dificultades que atentan contra el sistema.
Hoy, la autonomía -tan necesaria para construir y transitar hacia un modelo educativo diferente- se ve lesionada por el intervencionismo de los partidos políticos, en franco desconocimiento de la Constitución.
Es evidente la problemática diaria, emergente del deterioro de la educación pública, ya sea por los aspectos de infraestructura y edilicios, así como el nivel pedagógico, fruto de la imposición de reformas educativas impuestas, así como de presupuestos insuficientes, al tiempo que aumentan las demandas hacia el sistema.
Se constata, a su vez, una desestructuración de la gestión por falta de un organigrama acorde. Ello se vincula con la fragmentación del sistema, la falta de coordinación y de visión sistémica, las dificultades que se aprecian en el tránsito educativo. La educación es un todo que no debe fragmentarse. A modo de ejemplo, frente a los serios problemas de aprendizaje, no hay programas formales que apunten a la nivelación entre 6º año de Primaria y 1º de Ciclo Básico, entre Ciclo Básico y Bachillerato, entre Bachillerato y estudios superiores. Esta carencia, entre otras, dificulta profundamente la continuidad educativa.
Hay un desarrollo y diseño curricular que debe ser actualizado, así como el perfil de alumno y de egreso del mismo. La evaluación y el reglamento de pasaje de grado no respetan los tránsitos y la calidad educativa.
Por otra parte, los graves problemas edilicios inciden negativamente en la calidad de los aprendizajes, así como en las condiciones de trabajo. Los bajos salarios conllevan sobrecarga horaria, afectando la salud, la calidad del trabajo, la desprofesionalización y la falta de motivación.
Pero es posible el cambio. Para ello es necesario lograr acuerdos que sostengan una educación construida a través del trabajo colectivo con los actores sustanciales. Impulsar políticas globales, focalizando solo las necesidades a término y bien planificadas, en un concepto de gestión que apunte a privilegiar la calidad educativa y la democratización de medios, dependencias y organismos. Debemos atender no solo a los miles que están fuera del sistema sino a aquellos que ingresan al Ciclo Básico con rezagos, a través de políticas específicas.
La educación debe concebirse como un todo conceptual, puesto que integra formación, identidad, cultura, análisis crítico, reflexión y creación permanente. Son necesarios más y mejores edificios, para alcanzar condiciones de trabajo y estudio dignas. Salarios dignos y políticas de formación permanente para los trabajadores. Planes y reglamentos de evaluación de carácter específico, que permitan la continuidad de estudios.
Debe realizarse una gestión sustentada en la crítica y análisis permanente de las condiciones en que se desarrolla la misma, en un marco estratégico y no solo funcional y gerencial.
Políticas de inversión y gasto insertas en políticas universales y de largo plazo, de carácter integral, al tiempo que el Estado reasuma sus funciones en relación a las políticas sociales a través de los organismos específicos.
Es esencial, por tanto, la autonomía en toda la extensión imaginable. Devolver a los centros educativos el carácter que no debieron perder jamás: educar y aprender.