Especialista en políticas educativas
El problema uruguayo es que los factores escolares (propuesta educativa, dinámica de los centros educativos, calidad del trabajo docente) no logran compensar los factores extraescolares (pobreza, segmentación social, familias con escaso capital cultural). En otras palabras: la escuela no consigue desactivar la determinación social del rendimiento de los alumnos. Ejemplificando con datos de PISA 2009: en los países de la OCDE, la variación en el rendimiento de los estudiantes es explicada por el nivel socioeconómico de origen en 14%, en Brasil en 13%, en México en 14%, en Chile en 19% y en Uruguay en 21%.
La oferta educativa debe adecuarse a las necesidades de los adolescentes y jóvenes. Para hacerlo hay que escuchar su voz. En tal sentido, la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud, realizada en 2007, es una fuente contundente: entre los adolescentes y jóvenes de la educación media que desertaron, 42% dijo haber abandonado por razones de carácter pedagógico: no le interesaba la propuesta (35%) o la misma le resultaba difícil (7%). La oferta educativa debe entonces ser mucho más diversa y flexible, para responder a la diversidad de intereses, motivaciones, formas de aprender, tipos de inteligencia de todos los adolescentes y jóvenes.
Ninguna medida aislada va a surtir efectos mágicos. El estudio de las políticas educativas muestra que los problemas educativos complejos requieren respuestas desarrolladas con visión sistémica. Ejemplificando: no se trata de poner una hora más de matemática en el Ciclo Básico o de hacer algunos retoques en el plan de estudios del Ciclo Básico. En esa perspectiva sistémica, cabría priorizar tres ejes, en cada uno de los cuales podría impulsarse una batería de instrumentos de política:
- La propuesta curricular. Durante gran parte del siglo XX, Uruguay vivió una situación de "dualismo educativo" en la cual el ciclo medio estaba reservado a una elite y no alcanzaba a la totalidad de la población. La propuesta curricular de la enseñanza media era parte de esa concepción. Hoy parece preciso superar ese modelo introduciendo diversidad, flexibilidad y contextualización.
- La transformación de la gestión, en los planos macro y micro. En el plano macro, la reforma del Estado debe aterrizar en la ANEP. El organismo atiende a casi 570 mil estudiantes, cuenta con 42 mil docentes y maneja aproximadamente 3 mil establecimientos. Estas cifras imponen la modernización de la gestión, el alejamiento de la burocratización, el desarrollo de las capacidades burocráticas y técnicas que permitan la provisión adecuada del servicio educativo.
En el plano micro, los centros educativos deberían contar con mayor autonomía administrativa y pedagógica para cumplir con su misión: educar. No es posible exigir mayor profesionalismo y responsabilidad por los resultados a comunidades educativas maniatadas en el manejo de sus recursos materiales y humanos.
- La formación docente. Los sistemas educativos exitosos: a) consiguen a las personas más aptas para ejercer la docencia; b) forman a esas personas para que sean instructores eficientes; c) garantizan que el sistema brinde la mejor instrucción posible a todos los niños.
En particular, pensando en el caso uruguayo, podría decirse que los docentes tienen que ser formados en una "pedagogía de la inclusión", buscando que egresen de los institutos de formación docente convencidos de que ningún niño ni adolescente puede quedar fuera del sistema educativo.