Esperando el rebote de la lechería tras cuatro años en baja

La mejora de precios y el clima favorable por ahora no resultan suficientes para que la producción de los tambos repunte, por lo que todas las expectativas están puestas en la próxima primavera
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

El clima mejora, los precios internacionales se recuperaron. Pero luego de tres años adversos, el cambio de perspectiva de los últimos meses todavía no es suficiente. La producción lechera no reacciona. La expectativa es que se logre un repunte en la primavera, porque por ahora esa reacción no se nota. En abril, por cuarto mes consecutivo la producción de leche estuvo en los mismos bajos niveles del año pasado o aún por debajo, que es lo que muchos esperan del dato oficial que se conocerá en unos días.

Objetivamente el marco del negocio es mejor al que había un año atrás. En el mundo los precios se han recuperado nítidamente, aunque venían desde el subsuelo. En promedio los precios están 50% arriba en dólares que un año atrás. La leche en polvo entera cotizó en el último remate de Global Dairy Trade, la plataforma de ventas de la neozelandesa Fonterra, en US$ 3.233, 49% más que en mayo del año pasado. A comienzos de 2016 llegó a venderse a menos de US$ 2.000.

En el caso de los quesos la recuperación es más modesta, pero igualmente importante. El precio del Cheddar se recuperó 34% y cotizó a US$ 3.666 por tonelada en la última subasta, frente a los US$ 2.203 de mayo de 2016.

El de la manteca es un caso muy especial. Tiene el mayor precio desde que hay remates en Fonterra y está casi al doble de precio que un año atrás; cotiza mucho más alto que cualquier otro producto de los que se venden en la plataforma neozelandesa, a US$ 4.911, 89% de suba en los últimos 12 meses.
Hay aquí un cambio de paradigma. Parecía que la tendencia era a priorizar la proteína, pero la grasa ha sido reinvindicada como alimento, un cambio que también tiene implicancias fuertes para el negocio de la carne vacuna.

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La cruda realidad


Pero eso, que puede levantarle el ánimo a los gourmets y los sibaritas, no levanta el alicaído estado de ánimo de los productores lecheros, que siguen enfrentando gastos y servicios de deuda con los escasos ingresos que les proporciona una producción menguada en los tambos.

Los problemas vienen de atrás. Un año atrás el panorama era de pesadilla. El barro no dejaba usar las pasturas, complicaba el manejo y aumentaba las infecciones en las ubres, la mastitis.

Y todo eso con un precio deprimido que estaba inevitablemente por debajo del costo de producción para la mayoría de las empresas. Y allí ya se venía con una lógica de precios internacionales y locales a la baja.

La producción empezó a bajar en 2014 cuando empezó a percibirse que los precios tomaban un camino descendente. Pero ese año la producción descendió apenas respecto a 2013. La caída se acentuó en 2015 al alcanzar a 3,4% y el año pasado se aceleró a una retracción de 10,6%. Por eso para este año se esperaba un repunte, que por ahora se hace esperar. Pero la inercia de la producción lechera es difícil de revertir. En los primeros tres meses del año la producción no se ha recuperado, y en abril, a la espera de datos oficiales, da la impresión que tampoco.

En suma, la producción de 2016 estuvo 13% por debajo del pico de 2013 y 2014, y cabe plantearse cuánto tiempo llevará superar aquellos máximos, porque todavía en estos días se siguen yendo productores referenciales del sector.

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En 2016 la producción en los tambos estuvo 13% por debajo del pico de 2013 y 2014.

Menos producción es menos facturación y con servicios de deuda por pagar el malestar de los lecheros es grande. No solo se manifiesta en declaraciones. El abandono en este momento podría parecer paradojal desde la perspectiva de los mercados y el clima, que son este año mucho más benévolos que el año pasado.

Por eso cabe preguntarse si la segunda mitad del año será testigo de un rebote fuerte de la producción. Esto sería importante no solo para continuar equilibrando las cuentas de los productores sino también porque parece haber un desánimo generalizado que tal vez en la primavera, si se sostienen estos precios y la producción aumenta pueda consolidar la recuperación que hoy se ve como una siempre postergada promesa. El sector necesita un shock anímico y la baja de tarifas –aunque es tomada como una señal de sensibilidad– es transitoria y no tiene un peso decisivo en los costos.

La asesora Magela Santoro, que trabaja mayoritariamente en Canelones y Florida, entiende que buena parte del bajón productivo se relaciona con los problemas del año pasado: "las vacas no se alzaron, las pariciones de otoño vienen bastante corridas". También hubo problemas este año.

Opinó que un segundo motivo es que los verdeos de otoño (avena y raigrás) que son cruciales para aprovechar esas pariciones, no anduvieron bien, y un tercer motivo fueron los días de mucho calor y luego de mucha humedad en marzo, los ganados se estresaron, dejaron de comer y se secaron.
"En pleno marzo los ganados no salían de la sombra temprano en la mañana y preferían no comer, fueron varios días que hicieron sufrir mucho a las vacas".

Pariciones atrasadas, falta de verdeo fresco en marzo (avenas y raigrases), el golpe de calor sumado a que económicamente la gente no pudo complementar con alimentos y el sistema productivo se desplomó.

Esos fueron los grandes puntos que llevan a una baja producción y ahora estamos esperando un repunte de esas vacas, pero cuando se sufre una crisis en la primera parte de la lactancia es difícil que se recuperen. Pero además hay menos vacas. Se hizo un fuerte descarte de vientres por los problemas sanitarios, se descartaron vacas de todas las edades por los problemas en patas y ubres, y en general hay menos vacas en ordeñe. Era además una forma de supervivencia porque había que facturar de alguna manera.

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Para Luis Martínez, otro agrónomo que asesora en el suroeste, la gente ahorró en alimentos, en suplementación y eso repercutió en la producción. Pero entiende que la ecuación ya mejoró por la vía de los precios. "El precio está sobre los 33 centavos de dólar y el costo de producción está en el entorno de 25 a 26 centavos", dijo.

El productor está ahora logrando un neto de 8 centavos de dólar por litro. En términos de precios al productor, la suba del mercado externo se ha trasladado al sector primario. De algo menos de $ 8 a unos $ 10 por litro, la ecuación en los últimos 12 meses ha mejorado 24% en pesos y 38% en dólares.

La mejora en dólares en realidad obedece a la baja de la divisa que complica a la exportación. Un caso típico y muy similar al del arroz, en el que un sector que adopta tecnología cuenta con productores experimentados que viven en el predio y aún así necesita fondos de ayuda para cruzar tiempos difíciles. Al menos hay luz luego de varios años de dificultades.

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La esperanza puesta en la primavera

"El precio está en el entorno de los US$ 0,33 a US$ 0,34 y el costo sobre los US$ 0,26. Hay un diferencial de ochos centavos de dólar por litro que es más interesante que lo que había antes. No es un mal margen, la relación entre el precio de la leche y el de la ración es favorable y la entrada al invierno se hace sin grandes lluvias que complican", explicó. "Hay que transmitir que los números cambiaron y que hay un margen. Se trata de resistir hasta la primavera", explicó Martínez.

En el mismo sentido Magela Santoro opinó que hay una buena preñez en las vacas, aunque tardía, por lo que la recuperación de la producción sobre el final del año es posible. Pero más allá de ánimos y coyunturas, Luis Martínez entiende que en la producción lechera la suba de costos tiene una situación similar a la de la agricultura: para emparejar costos hay que producir mucho. "Para seguir se hace necesario estructuralmente alcanzar altas productividades por hectárea, posiblemente entre 7.000 y 10.000 litros pero todavía hay predios que tienen 3.000 o 4.000 litros por hectárea".

Cuando las cosas van mal la gente ahorra también en la alimentación y luego eso cuesta recomponerlo. Por otra parte el primer semestre es siempre más flojo en la producción, se concentran los gastos, hay poco ingreso y eso incide en el estado de ánimo de los productores. Sería importante que las amortizaciones de deudas se concentran en el segundo semestre y acompañaran la curva de producción. El desánimo actual obedece a que los productores realmente no tienen dinero. "Hay que resistir y en la primavera, si el tiempo sigue acompañando, todo se verá con otra mirada", sostuvo Martínez.

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La recuperación de la producción lechera puede concretarse con la ayuda de la próxima primavera.
La recuperación de la producción lechera puede concretarse con la ayuda de la próxima primavera.


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