Esta chica es un desastre

Se estrena hoy La chica del tren, una adaptación insípida del best seller homónimo de la escritora Paula Hawkins

Qué experiencia anticlimática ver cómo se resuelve un misterio cuya respuesta se conoce de antemano. Imaginar a Sherlock Holmes, Kurt Wallander o incluso a Scooby Doo y su pandilla de colegas humanos recolectar pistas sobre un crimen de pública resolución previa es una tarea que ningún amante de la ficción criminal quisiera experimentar. De la misma forma que tampoco es recomendable ver La chica del tren si ya se leyó el libro en el que se basa.

La película es una adaptación de la novela escrita por la británica Paula Hawkins. El libro fue eso que llaman éxito de ventas. Hasta la fecha, en Estados Unidos vendió 6 millones de ejemplares. Su edición en Uruguay no contaba con extractos de críticas literarias que lo alabaran en su solapa. Sí tenía comentarios extraídos de las redes sociales, de lectores que afirmaban no poder soltar el libro de Hawkins una vez que estuvo en sus manos. Y no mentían. La novela no es una pieza imprescindible de la literatura pero sí una muy entretenida. (¿Alguien recuerda a Dan Brown?).

El filme dirigido por Tate Taylor (Historias cruzadas, 2011) muda la ambientación del relato de Londres a Nueva York y coloca a la chica del título, Rachel –aquí interpretada por la inglesa Emily Blunt– en un tren de la línea Hudson que cruza el río homónimo y atraviesa los municipios de Harlem y Bronx. Al igual que en la novela, Rachel no se encuentra nada bien. Es alcohólica, está desempleada y su exmarido (Justin Theroux) le pide constantemente que deje de acosarlo a él y a su esposa (Rebecca Ferguson). La única salvación del martirio que vive Rachel, la sufrida protagonista, es una pareja (Luke Evans y Haley Bennett ) con la que fantasea todos los días desde el tren y a la que le adjudica ser la representación ideal del amor entre dos personas. Al menos, hasta que ve cómo ella engaña a su esposo con otro hombre.

Con una narración no lineal motivada por el asesinato de uno de los personajes previamente nombrados, Rachel tratará fatídicamente de resolver el misterio mientras intenta reconstruir lentamente uno de sus apagones mentales –ocasionados por sus borracheras– que la involucran directamente con el crimen.

Lamentablemente para quienes hayan leído la obra de Hawkings, es recomendable eludir esta adaptación, ya que además de mantenerse demasiado fiel al libro y no proponer nada nuevo en su trama, Taylor pierde también el suspenso que hacía de la obra de Hakwins algo interesante y en su lugar lo reemplaza por el melodrama.

La chica del tren

En La chica del tren la cámara parece asfixiar completamente a los personajes con primeros planos que, en lugar de ayudar al trabajo facial de los actores, les hace perder verosimilitud. Lo mismo sucede cuando se encuentran en otros entornos que no sean los de el tren en cuestión, en los que el uso del espacio y los actores corresponde más a una telenovela que a la de una película de suspenso. Si no fuera por la inquietante banda sonora de Danny Elfman, nada parecería indicar que la sensación que debe primar en el espectador sea la de la inquietud.

Las comparaciones entre directores pueden ser injustas pero es difícil no pensar en la genialidad que el cineasta David Fincher hizo unos años atrás con Perdida (2014) en una tarea similar: adaptar una novela criminal con una protagonista poco fiable. En Perdida, Fincher no solo convirtió a los suburbios de Missouri en un lugar tenebroso sino que logró entrar en las tripas más sangrantes de una relación en las que el poder, el engaño y el abuso eran parte del ADN de un matrimonio. Nada de eso sucede en La chica del tren.

De todas formas, es difícil reprocharle las fallas del filme a Blunt, tal vez el principal motivo para emprender el viaje hacia la sala de cine. Ella logra que su Rachel derrame gotas de empatía, incluso aunque se pase gran parte del filme borracha y tomando malas decisiones. Y no es el alcoholismo el principal pecado del personaje sino lo poco que la película hace para que el espectador aliente por ella, incluso cuando se descubre la verdadera naturaleza de todos sus errores.

Vía rápida hacia el cine

El resultado, entonces, es una película nada memorable y hasta por momentos aburrida. La chica del tren es producto de una máquina propulsada a puro fanatismo que no llegó a tiempo para elaborar algo novedoso y adecuado a los lectores de Hawkins o siquiera interesante para los neófitos de la obra.

Aunque realizada con prolijidad, La chica del tren deja entrever el potencial perdido a la hora de turbar a su público. Una lástima.


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