Estado Islámico pierde terreno pero sus acciones todavía siembran terror

Analistas. El ataque en Turquía en año nuevo es una muestra del poder letal que puede desplegar
Nunca como antes el grupo Estado Islámico (EI) estuvo tan arrinconado por las exitosas ofensivas terrestres contra sus bastiones, lluvia de bombardeos aéreos sobre sus bases, combatientes diezmados.

El "califato" de este movimiento fundamentalista sufrió en 2016 sus más importantes reveses, pero no por ello dejó de ser una amenaza mundial. Las 664 muertes ocurridas el año pasado por ataques terroristas en Estados Unidos, en países de Europa, Asia y África fuera de la zona de conflicto, perpetrados por miembros o simpatizantes de ese movimiento radical,
demuestran que continúa siendo una fuerza letal.

Y más aún, los hechos violentos al inicio de 2017 refuerzan la idea de que su pérdida de poder no significa que esté herido de muerte: siete muertos en un ataque en el centro de Irak y disparos a mansalva en una discoteca en Turquía donde murieron 39 personas son una prueba de ello.

Pero al mismo tiempo, los yihadistas del EI también perdieron fuerza como nunca antes. En la actualidad sólo mantienen la mitad del territorio que habían conquistado en 2014 en Irak y Siria y registraron sus más duras derrotas ante numerosas fuerzas y países unidos contra ellos.

"Casi tres millones de personas y más de 44.000 km2 de territorio han sido liberados" del dominio del EI en 2016, había dicho a mitad de diciembre el general estadounidense Steve Townsend, quien dirige la coalición contra el EI.

El grupo ultrarradical sunita perdió en particular Faluya, ciudad simbólica en Irak, así como Dabiq, ciudad siria y piedra angular de su mitología. En términos estratégicos, fue expulsado de Ramadi, capital de la inmensa provincia occidental de Al Anbar en Irak, y de Manbij, en Siria, cruciales para la continuidad territorial de su "califato".

También tuvo que abandonar en diciembre Sirte, su bastión en Libia, país desde el que pensaba construir su expansión más allá de Oriente Medio.

Su prioridad es ahora defender Mosul, la gran ciudad del norte iraquí donde su jefe, Abu Bakr al Baghdadi, se autoproclamó "califa" en junio de 2014.

Desde el 17 de octubre se libra una fuerte ofensiva de las fuerzas iraquíes que, apoyadas por la coalición internacional dirigida por Estados Unidos, buscan arrebatarle al EI su última gran fortificación en Irak.

Aunque es una tarea ardua porque la progresión de las fuerzas de la coalición anti EI, ya agotadas por dos años y medio de comates, fue enlentecida por explosivos, coches bomba y otros kamikazes dejados en el camino por el grupo yihadista, se está cada vez más cerca de que ocurra lo mismo que en Sirte.

Todo hace presagiar una victoria de las fuerzas iraquíes, que lograron avanzar calle por calle pese a los francotiradores yihadistas apostados en Mosul.

"Sin símbolos territoriales"

Una vez que caiga Mosul, sólo quedará una gran ciudad en manos del EI: Raqa, en Siria.
La batalla para echar a los yihadistas ya fue lanzada y podría ser la última de este tipo para el EI, explica el especialista en grupos yihadistas, Mathieu Guidère.

"La pérdida de Raqa significaría el fin del proyecto de la creación de un Estado del EI y dejaría al grupo sin símbolos territoriales para justificar su nombre de Estado Islámico", afirma.

A pesar de las impresionantes reservas de armas regulares que pudo capturar y de su campaña de atrocidades destinadas a sembrar el terror, el EI se encuentra hoy rodeado. Según el Pentágono, al menos 50.000 de sus combatientes fueron abatidos desde 2014.

A pesar de los resultados obtenidos entre las diferentes fuerzas aliadas, a veces rivales, la situación es complicada, y los yihadistas demuestran, particularmente en Mosul, que no abandonarán fácilmente la partida. Sus tácticas de guerrilla funcionan y, sobre todo, su reserva de kamikazes parece interminable. Una ventaja importante incluso ante fuerzas mejor entrenadas y equipadas.

Sembrar el terror

El "califato" maneja también el arte de la "diversión" para agotar a las fuerzas enemigas, pero también para afirmar, al menos en forma mediática, que mantiene la iniciativa.

Recientemente lo demostró al realizar un espectacular ataque comando contra la ciudad petrolera de Kirkuk, controlada por los combatientes kurdos en el norte de Irak, o retomando el oasis de Palmira en el centro de Siria, que habían recuperado las tropas del régimen de Bashar al Asad.

"El 2016 fue el año del declive", afirma Guidère. Pero señala que el grupo yihadista"conserva una gran influencia porque no se perfila ninguna solución política en el horizonte, en particular para los sunitas de Irak y Siria".

Así, empujado a la clandestinidad y volcado en la insurrección a través de ataques para sembrar el terror, el EI podría convertirse en una amenaza difícil de combatir.

El temido regreso de los combatientes extranjeros es también un asunto de preocupación mayor en el exterior, tras los ataques reivindicados el año pasado por el EI en EEUU, Francia, Alemania y Bélgica.

"El grupo preparó el terreno, anticipándose a las derrotas y presentando sus pérdidas de territorio como simples retrocesos temporales en Irak y Siria.

También subraya el hecho de que el EI es tanto un estado de espíritu como un Estado que gobierna", afirma en un reciente informe el Soufan Group, una firma de servicios de seguridad estratégica para gobiernos y organizaciones multinacionales.
Fuente: Servicios internacionales

Populares de la sección