"Estamos confrontando a los capitales, creando un legado, un nuevo mundo"

El creador del concepto "La Economía Azul" estuvo en Uruguay el pasado 5 de abril
El Huffington Post lo llamó el Steve Jobs de la sostenibilidad, pero en cambio, sus amigos prefieren decirle el "Che Guevara de la sustentabilidad". Es belga, habla siete idiomas y ha liderado más de 200 proyectos sustentables que equivalen a US$ 5.000 millones y han generado tres millones de empleos. Su libro "The Blue Economy" ha sido traducido a 40 idiomas con una propuesta que pretende desafiar tanto a la economía tradicional como a la verde. Sostiene conceptos como que la fuerza de gravedad es la principal fuente de energía o que la basura no existe: en la naturaleza todo es reutilizable. Su proyecto se centra en generar y producir múltiples productos con el material biológico disponible en cada comunidad. Gunter Pauli habla con verborragia y pasión, con la convicción de que está cambiando el mundo; y tiene de donde sostener tal postura, ya que su teoría no solo ha sido llevada a la práctica, sino que funciona.

¿Cómo llegó a definir la economía azul?
La economía verde es mi pasión, trabajé 30 años en eso. Pero el resultado después de todo ese tiempo es que todo lo que es bueno para la naturaleza resulta también demasiado costoso. Entonces sirve solo para los ricos. En un momento me tuve que plantear que no era posible sustituir a una economía contaminante por una más costosa. Por eso me pregunté qué tipo de economía podíamos realizar que fuera verde, pero a su vez más barata. Necesitábamos una economía no que redujera gastos, sino que generara más valor agregado. En esencia, se trata de la capacidad de responder a las necesidades básicas de todos con lo que tenemos a disposición.

¿De qué se trata el modelo?
No solo es cuestión de reutilizar, sino de empezar a usar lo que nadie había visto antes que sirviera para algo. Por ejemplo el cardo, que es una maleza, o al menos eso cree todo el mundo, nosotros lo convertimos en una materia prima (seis subproductos diferentes a partir del cardo) que nos da polímeros, celulosa, lubricantes y sustitutos para el glifosato (herbicida). Eso resulta muy productivo y más barato que importar petróleo. Todo esto a partir de un cardo que no vale nada y que intentamos matarlo porque nadie cree que tenga valor. Cada nutriente, material o energía generan siempre productos laterales que son la base para un nuevo producto.

¿Cómo se genera más valor agregado entonces?
La base de nuestro sistema de producción es que trabajamos con lo que tenemos. Cuando cosechamos algas de mar y las fermentamos en gas metano convertimos residuo en fertilizante. La competencia global de hoy resulta solamente beneficiosa para unos 10 países, todo el resto pierde en términos de empleo y poder de compra. Nosotros generamos múltiples productos y modelos de negocios con el mismo material localmente disponible. Además, logra que haya más dinero circulando en la economía local, lo que es importante porque cuando se necesita crecimiento es fundamental que haya más rápida circulación y se genere valor a nivel local. No solo estamos cambiando la economía, sino que se trata de una transformación del territorio. Es la sustitución de una cosa por otra.

¿Cuándo se dio cuenta qué tenía que cambiar?
Cuando en Bélgica monté una de mis empresas ecológicas que era de detergentes, biodegradable y con techo de pasta teníamos hasta 5.000 visitantes por fin de semana que iban a conocer una nueva manera de producir. Pero en un momento me di cuenta que en realidad estaba utilizando aceite africano, destruyendo el bosque tropical húmedo y el hábitat del orangután. Resulta que lo que es biodegradable no necesariamente es sostenible. Y me pregunté, ¿cómo es posible que yo, que soy un ecologista de siempre, esté destruyendo eso? En ese momento decidí que había que cambiar el modelo.

Hoy tiene más de 200 proyectos sustentables alrededor del mundo, ¿cómo lo logró?
Todo nuestro trabajo tiene un enfoque muy claro: hacer. Porque hay demasiada gente que estudia, analiza, hace proyectos pilotos. Esa no es nuestra forma: hacer. Invertir ya, en parte, porque para empezar la materia prima que utilizamos es gratis por lo que desde un arranque puedes competir. Utilizar lo que tienes para generar mucho valor agregado, que puede ir por diferentes canales, también obviar la necesidad de enfocarse siempre en estar más barato. Después de 20 años de trabajo ahora contamos con una plataforma de más de 200 proyectos que hemos logrado que sean factibles. No tienes que invertir en glifosato para matar al cardo, porque el costo lo convertimos en materia prima.

¿Al volverse esa materia prima productiva no sería más costosa?
Todo depende de la abundancia. Hay millones de toneladas de piedra triturada de las minas o de cardo, por ejemplo. Hay materiales reutilizables para siempre.

¿Qué dicen los empresarios?
La reacción típica inicial es que no es posible. Ese señor es un tonto, un soñador. Pero cuando llegas a un millón de toneladas ya no es un sueño, es una realidad. Suena muy peligroso para los empresarios tradicionales cuando el gobierno chino dice que vamos a producir 25.000 toneladas de papel piedra (se produce triturando la piedra de los residuos mineros). Cambia completamente la lógica y el mercado. Nuestro norte es confrontar a los capitales de la industria, a las reglas y a los actores de la economía tradicional. Y ahí estamos creando un legado, un nuevo mundo. Todos miran internet y las aplicaciones, nosotros estamos hablando de alimentos, vivienda, salud. Queremos cambiar el comportamiento de la gente.

¿Lo considera una revolución?
Hay gente que lo llama la cuarta revolución industrial, porqué estamos transformando territorio y damos trabajo. Vamos a lograr hacer una reruralización. No es más un sueño.

Cien millones de empleos

La Economía azul propone generar, a partir de 100 innovaciones productivas y en el correr de diez años, 100 millones de empleos. Tras un informe solicitado por el Club de Roma, el emprendedor belga planteó una respuesta para todos aquellos que creen que la Economía Verde no es sostenible. En principio, la idea es maximizar el rendimiento de los recursos e infraestructuras actuales, y fundamentalmente aprovechar los residuos, que para este subsistema no son considerados como tales, sino como fuente de riqueza. Mediante un nuevo modelo de negocios, el centro es responder a las necesidades básicas con los recursos locales disponibles. Generar una economía donde lo bueno e innovador resulte accesible y competitivo en el mercado, obviando para su producción los combustibles fósiles. Agua residuales, zanahorias, cardos, bambú, desechos del café (sustrato ideal para cultivar hongos comestibles), son algunos de los insumos productivos que menciona Pauli en su teoría.


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