¿Estamos destruyendo el clima de la Tierra?

El debate científico sobre la Teoría del Calentamiento Global causado por el hombre continúa

Por Bonifacio de Córdoba

Actualmente la mayoría de los climatólogos sostiene la Teoría del Calentamiento Global Antropogénico Catastrófico (Tcgac). Antropogénico significa causado por el hombre. En esencia, la Tcgac afirma que el aumento de las emisiones humanas de dióxido de carbono (CO2), por medio del efecto invernadero atmosférico, es la causa principal del calentamiento global de la Tierra; y que ese calentamiento tendrá a no muy largo plazo efectos catastróficos: el derretimiento del hielo de los casquetes polares y el consiguiente ascenso del nivel de los océanos, más y mayores eventos climáticos extremos, etcétera. Llamo “catastrofistas” a quienes sostienen la Tcgac. La Tcgac se impuso rápidamente en los ámbitos académicos, políticos, periodísticos, empresariales, etcétera del mundo en torno a 1988, al punto que hoy la humanidad está gastando billones (o sea, millones de millones) de dólares para combatir el supuesto Calentamiento Global Antropogénico Catastrófico (CGAC). Sin embargo, la decisión del presidente Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París amenaza con resquebrajar la hegemonía del catastrofismo climático. Este parece un momento adecuado para reconsiderar el valor científico de la Tcgac.

Los catastrofistas suelen decir que el debate científico sobre la Tcgac ha terminado y que hay un consenso abrumador de los científicos a favor de la Tcgac. Empero, los debates científicos no se deciden por mayoría y el debate científico sobre la Tcgac continúa, aunque una de las partes se niegue a debatir. Decenas de miles de científicos (incluso algunos premios nobel) se han manifestado escépticos respecto a la Tcgac. El escepticismo climático cubre un amplio espectro de opiniones: desde el escepticismo más radical, que niega el calentamiento global, hasta el más moderado, que admite un calentamiento global antropogénico pero duda que sea catastrófico, pasando por todas las posiciones intermedias, entre las que destaco la de quienes admiten un calentamiento global, pero natural y no catastrófico. La Tcgac no se deduce directamente de las leyes fundamentales de la física, sino que se apoya en las proyecciones de modelos de computadora del clima, los que dependen de muchas simplificaciones e hipótesis. El célebre físico y matemático Freeman Dyson ha dicho que los modelos de computadoras de los climatólogos describen mal el mundo real: este “está lleno de cosas como nubes, vegetación, suelo y polvo, que los modelos describen de un modo muy pobre”. De hecho hay decenas de esos modelos, que producen resultados bastante diferentes entre sí.

Por otra parte, recordemos que hay varias teorías científicas alternativas a la Tcgac. Una de ellas, desarrollada en los años de 1990 por científicos daneses, sostiene que el Sol gobierna el clima de la Tierra: la actividad de las manchas solares altera el campo magnético solar, el que regula los rayos cósmicos que entran a la atmósfera de la Tierra; estos a su vez regulan la mayor o menor nubosidad de la atmósfera, lo cual hace bajar o subir la temperatura global. Consideremos 11 de los muchos argumentos esgrimidos por los escépticos.

1) Estamos en un período cálido interglacial. A largo plazo corresponde esperar la próxima edad de hielo, con temperaturas entre 5 ºC y 10 °C menores que las actuales.

2) El Período Cálido Medieval (900-1300) fue tan cálido como el actual o más. Fue una edad de oro para la agricultura: por ejemplo, los vikingos cultivaban trigo en Groenlandia.

3) Luego vino la Pequeña Edad de Hielo (1300-1850). El período cálido moderno (con un aumento de 0,7 ° C en la temperatura global desde fines del siglo XIX hasta hoy) podría ser normal: la Tierra recuperándose de la Pequeña Edad de Hielo.

4) De 1940 a 1975 hubo un enfriamiento global, que generó un catastrofismo muy similar al actual, pero de signo contrario.

5) El calentamiento global de 1975 a 1998 fue seguido por la Gran Pausa (con una temperatura global casi constante) de 1998 a 2016. Los catastrofistas han ensayado sin éxito muchas teorías para explicar la Gran Pausa. Algunos reconocen que no pueden explicarla.

6) Los modelos computacionales del clima están fracasando: ninguno de ellos predijo la Gran Pausa.

7) No parece razonable pensar que el CO2 (un gas vestigial en la atmósfera) gobierna el clima de la Tierra, un sistema complejísimo, en el que intervienen cientos de factores: la radiación del Sol, la fuerza gravitatoria de la Luna, los volcanes, las corrientes oceánicas, etcétera. Solo cuatro de cada 10 mil moléculas en el aire son de CO2. En toda la historia, las emisiones de origen humano son responsables de agregar solo 1 de esas 4 moléculas.

8) Los registros históricos muestran que los casquetes polares tienen ciclos naturales de crecimiento y disminución y que los océanos se elevan sobre todo por causas naturales. Desde la última edad de hielo han subido unos 120 metros y actualmente ascienden a una velocidad bastante estable de unos 0,2 metros por siglo. No hay nada que podamos hacer al respecto, salvo seguir adaptándonos a ese cambio, como lo hemos hecho por miles de años.

9) No hay evidencias de que los eventos climáticos extremos estén aumentando globalmente.

10) El CO2 no es un contaminante peligroso. Es alimento para las plantas y no es dañino para los humanos hasta niveles muchísimo mayores que los de la atmósfera.

11) Tanto el sentido común como los estudios científicos aseguran que se enferma y muere más gente en las estaciones frías que en las cálidas.

Los catastrofistas suelen comparar a los escépticos respecto a la Tcgac con los defensores de la Tierra plana o los negacionistas del holocausto. Algunos han llegado a pedir la cárcel o incluso la muerte para esos escépticos. Al parecer, la histeria catastrofista está produciendo el efecto contrario al esperado. A la gente común le importa cada vez menos el supuesto CGAC y cada vez más el enorme costo de las políticas basadas en la Tcgac. Si la Gran Pausa continúa, la Tcgac podría tener los días contados.