Estos blancos son otros blancos

La positiva de Luis Lacalle se deshilacha en relación al gobierno, pero hoy permanece firme ante las huestes de Larrañaga y el resto de la oposición
Estos blancos parecen otros blancos. Alejados de aquellos que se peleaban a muerte y desnudaban sus problemas en público en las décadas de 1980 y 1990, los de ahora encontraron la manera de administrar mejor sus diferencias, en parte a raíz de un clima de optimismo y una sensación de que esta vez sí se puede.

"La positiva" de Luis Lacalle Pou se deshilacha en relación al gobierno, pero hoy permanece como actitud hacia las huestes de Jorge Larrañaga y del resto de la oposición. A su vez, el líder del ala wilsonista lleva sus discrepancias sin estridencias y diseñó algunos mecanismos para aliviar la presión de sus propios dirigentes.

El caso es que una parte de Alianza Nacional está nerviosa y agobiada por la incertidumbre sobre las posibilidades de su líder en una eventual revancha con Lacalle Pou por la candidatura presidencial.
Ambos líderes mantienen la línea de diálogo abierta y conversan aun cuando tienen puntos encontrados. Fue la situación, por ejemplo, en la que ambos discreparon sobre la conveniencia de mantener las reuniones de diálogo por el tema seguridad con el gobierno, que el presidente Tabaré Vázquez cerró rápido una vez que Lacalle Pou le puso fecha de vencimiento.

Pero los dos caudillos difieren en una cuestión crucial.

El líder del sector Todos aspira a encabezar una fórmula presidencial con el apoyo de Alianza Nacional y así evitar la elección interna por la candidatura. Cree que, llegado el momento, estará clara su ventaja y que sería más conveniente evitar el desgaste de una contienda que siempre deja heridas.

Sin embargo, Larrañaga rechaza esa posibilidad por considerar que la definición de las candidaturas a través del voto es una cuestión de principios. Entiende que los blancos están en contra de los acuerdos de cúpula y que cualquier sector podría forzar la interna bajo ese argumento y cosechar votos.

En el sector de Larrañaga se escuchan ruidos.

Por un lado, algunos intendentes del Norte se reúnen y dicen querer incidir en el destino del sector. Por otro, la senadora Verónica Alonso viene construyendo su propia imagen política y ha hecho gala de independencia de Larrañaga, cosa que ha llamado la atención en filas del ala aliancista. Hasta ahora reinan las especulaciones sobre sus intenciones aunque sus acciones podrían dirigirse a estar presente en la fórmula presidencial. Por ahora solo hay amagues.

Frente a esta situación de incertidumbre y crujidos, Larrañaga anunció públicamente que en 2019 autorizará la presentación de varias listas al Senado de modo que reflejen la diversidad que percibe en Alianza Nacional.

Aunque últimamente ha tratado de dejar en la nebulosa la decisión si volverá a ser candidato, Larrañaga viene realizando contactos políticos con otras fuerzas opositoras para buscar entendimientos de cara a un eventual balotaje. El objetivo es hallar coincidencias y evitar fugas en una segunda vuelta del bloque opositor a la izquierda.

En medio de esas movidas, Larrañaga no afloja con la actividad proselitista. El martes 13 realizó un acto en Montevideo mientras soplaban vientos de más de 100 kilómetros por hora.

Pero hubo dos ausencias de Larrañaga que llamaron la atención en filas blancas: en agosto no estuvo en el homenaje a los 180 años del Partido Nacional en el Teatro Solís ni tampoco en Santa Clara con igual cometido. Sí asistió al acto conmemorativo realizado frente a la sede partidaria en la Plaza Matriz y más tarde acudió como todos los años a Masoller, donde posó a caballo e indumentaria tradicional.

En el sector Todos vincularon las ausencias de Larrañaga a su manifestada disconformidad con la conducción del presidente del Directorio del Partido Nacional, Luis Alberto Heber, a quien le atribuye responder más a su sector que a la colectividad en su conjunto. Sin embargo, según sus allegados, Larrañaga desligó ambos episodios de razones políticas.

Al contrario de lo que se podría pensar, Lacalle Pou no parece apostar al debilitamiento de Alianza Nacional. Su estrategia –delineada el 16 de febrero en un club de Pesca de Montevideo y de la que sólo se filtraron fragmentos– muestra que persigue la consolidación de un Partido Nacional fuerte y armónico, con dos alas predominantes con liderazgo político hacia adentro y hacia afuera. Tal vez piense que esa es la forma más eficiente de pactar y disentir en forma civilizada.

Y mientras se faja con Vázquez, Lacalle Pou recorre el país, analiza encuestas con su comando político y se alimenta de insumos elaborados por su centro de estudios. Tiene todo planificado.
En el interior realiza reuniones con organizaciones sociales y vecinales, donde su equipo recoge planteos, rigurosamente registrados para un posterior análisis y devolución.

Y como si fuera un premio, una encuesta de agosto de Opción Consultores mostró al Partido Nacional con 29% de intención de voto contra 26% del Frente Amplio. El equipo de Lacalle Pou también hace notar que, cinco años atrás, los blancos tenían apenas un 22%. Los analistas partidarios también rechazan la tesis de que hay un muro infranqueable entre la izquierda y los blancos. Según ellos, existe un 4% de votantes del FA dispuestos a pasarse al barco azul y blanco. El sondeo de esta firma también trajo otro motivo para el festejen blanco. Lacalle Pou está primero en la intención de voto por candidato con 23%, seguido por José Mujica con 17%, Daniel Martínez (10%), Edgardo Novick (9%) y Pedro Bordaberry (8%).

Los blancos van en punta pero esto es maratón, mucha paciencia, músculo y respiración.

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