Europa desde una mirada slow

Amberes, Ámsterdam, Berlín, Milán, París y Praga. Distintos idiomas, distintas costumbres, pero una apuesta en común: el slow live. Sin importar qué tan grande sea el lugar o qué tanta población tenga, esta tendencia empieza a adoptarse en distintas partes de Europa
Texto y fotos Macarena Algorta

La palabra slow ('lento' en español) hace referencia al tiempo, a una forma de hacer las cosas y de vivir. Bastó con un manifiesto para que esta palabra empezara a tomar vida propia, a significar más que un concepto y a convertirse en un movimiento. Cuando en 1986 McDonald's anunció que abriría una sucursal en la emblemática Piazza di Spagna de Roma, el sociólogo y activista italiano Carlo Petrini decidió organizar, junto con un grupo de amigos, una resistencia, una oposición al consumo masivo, rápido y carente de significados del Fast Food y revalorizar la gastronomía local. Fue así que surgió el movimiento Slow Food, que luego comenzó a utilizarse como concepto en otros rubros. Precisamente en 2007, Kate Fletcher, profesora de Sustentabilidad, Diseño y Moda de la Universidad de Artes de Londres, utilizó el término Slow Fashion por primera vez. "Slow Fashion no es una tendencia de temporada que viene y va como el animal print, sino un movimiento de moda sostenible que está ganando impulso". El Slow Fashion apuesta a pensar la moda en términos de ecología y ética, a tener en cuenta el impacto que provoca la industria textil en el medioambiente, el agotamiento de los recursos del planeta, la calidad y confección que conlleva cada prenda y el consumir responsablemente. En este reportaje los invitamos a hacer un recorrido por alguna de las capitales de la moda europea para conocer cuál es el estado de este movimiento que viene creciendo en los últimos años.

Un pasito atrás

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Quince horas y cuarenta minutos es lo que se demora en llegar de Montevideo a Milán, pero una vez que se llega, trasladarse de un lugar a otro en el centro no lleva más que un par de minutos. Eventos, after parties y presentaciones fueron paradas obligatorias al viajar a Milán durante su semana de la moda. Sin embargo, ninguno de esos eventos estaba dedicado a la moda slow, a pesar de estar en el país en donde surgió el movimiento Slow Food del cual deriva. Sin embargo, sí comienzan a visualizarse algunas apuestas de este tipo en la ciudad, como los escaparates de la marca Stefanel en la galería Vittorio Emanuele II, creados por la diseñadora Gaia Segattini, con sobrantes de tejidos e hilados; o la diseñadora Camilla Carrara que con su marca Zerobarracento busca reformar los valores sobre la moda local y el diseño sustentable.

Para Carrara, Italia no es muy reconocida en lo que respecta a la moda slow y sustentable, y Milán, como capital referente de la moda, incorpora las últimas tendencias y modos de vida pero bajo la consigna de "comprar lo que te atraiga de la forma más rápida posible". Sin embargo, plantea la diseñadora, por ser una capital de la moda, tiene todo el potencial para generar un cambio. "Lo que espero es que todos podamos trabajar para pasar de producción industrial en masa a producción bien hecha, ética y de gran calidad", señala y propone tomar como ejemplo la situación de la gastronomía italiana. "Italia entiende cuál es el valor de su cocina. Lo mismo tendríamos que hacer con la moda". Los cambios parecen lentos, pero se producen, un ejemplo de la filosofía slow llevada a la calle es la cantidad de bicicletas que se ven por la ciudad. "Es una buena señal de que los cambios son posibles", dice la diseñadora.

Impronta local

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Con solo 496 km2 de territorio, Praga se adapta al movimiento slow en términos de transporte, pero quizá valorizar la producción local sea el concepto de la filosofía que más se aplica en esta ciudad. Los fines de semana los praguenses aprovechan a ir a la Dyzajn Market, conocida por ser la mayor exposición de venta al aire libre y el mercado de diseño, arte, moda y joyería más grande de Praga. Allí pueden encontrarse expositores con propuestas artesanales y locales o de localidades cercanas. Botellas de plástico, patinetas de skate, papel y cinturones de seguridad son algunos de los materiales con los que algunas marcas como ZasPas y Skateboard Reincarnation, demuestran las variedades y posibilidades de diseñar reciclando.

Praga también es famosa por el alto consumo anual de cerveza per cápita (147 litros), pero lo más sorprendente es que la cerveza no es destinada únicamente al consumo en bebida. Por ser una fuente única de vitaminas B, oligoelementos y minerales que apoyan significativamente la regeneración de la piel y aumentan su resistencia a los efectos ambientales adversos, no es raro encontrar marcas de cosmética, como Manufaktura, que realizan cosméticos naturales y locales a partir de pura cerveza checa. Otra vez lo local se vuelca a la moda.

Mucho camino por recorrer

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La intervención del ser humano en la naturaleza se aprecia en cada rincón de París y un claro ejemplo de ello son los famosos "jardines franceses". Sillas y bancos se encuentran en cada plaza de la ciudad e invitan a parisinos y turistas a disfrutar y contemplar la belleza del paisaje natural. Con una nueva ley que prohíbe el uso de vasos, platos y cubiertos de plástico, Francia parece tomarse en serio la cumbre medioambiental COP21 realizada en Paris hace un año sobre el cambio climático y también lo refleja en sus iniciativas slow food.

Llegar a esta capital en setiembre implica que el reconocimiento de la "ciudad de las luces" se lo lleven las luces de los flashes de fotógrafos que vienen de todas partes del mundo con un mismo objetivo: llevarse lo mejor de la París Fashion Week. La cantidad de desfiles, eventos y exposiciones con marcas internacionales es el medidor para ubicar a París como otra de las grandes capitales de la moda, pero, nuevamente, no de la moda slow o sustentable. Por supuesto, hay excepciones, y en las ferias Paris sur Mode y Tranoï —donde se presentaron las marcas de moda más importantes de la mano de diversos diseñadores— se rescataban algunas marcas sustentables.

Sandra Chagnaud es diseñadora y creadora de la marca franco-alemana Happy Haus, que propone un consumo consciente y 100% ecológico. Para ella, el movimiento Slow Fashion y su filosofía están un poco distantes de los parisinos. Y agrega: "Recién están comenzando a preocuparse por el slow food, el slow live y tomando un poco de conciencia sobre la responsabilidad ecológica. No les importa mucho el slow fashion, pero si les hablás de lo que se trata, les gusta el concepto de 'cuidado' que conlleva. Me parece que este es el inicio en París de una nueva forma de pensar. Está un poco 'en mode' el ser más responsables pero están más atrasados en comparación con el estilo de vida alemán".

Más que diamantes

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Aunque los diamantes son un fuerte de Amberes, no son la única joya que puede encontrarse. En cuanto a su arquitectura, se la reconoce por contar con la estación de trenes más pintoresca del mundo y en cuanto a su gastronomía, por tener el mejor chocolate. Además, se cree que es la creadora original de las papas fritas (los individuales de las mesas del restaurante Max explican la historia del lugar y que las hace desde 1842). Bastan unos minutos de caminata por las calles de Amberes para encontrarse con algún café o propuesta gastronómica de comida natural y de comercio justo (ver recuadro).

Seis diseñadores de moda referentes fueron los responsables de ubicarla en el mapa como una nueva formadora de talentos europeos que hay que tener en la mira. Dirk Bikkembergs, Ann Demeulemeester, Walter Van Beirendonck, Dries Van Noten, Dirk Van Saene y Marina Yee, mejor conocidos como "los seis de Amberes", desembarcaron en Londres en 1987 y demostraron cómo el diseño amberino también se merecía su reconocimiento mundial. Desde entonces, el arte y el diseño conviven a la perfección en la ciudad.

Al recorrer las silenciosas y tranquilas calles, pueden apreciarse varios espacios multimarca con propuestas de diseñadores locales que apuestan por un consumo más sustentable. Pueden encontrarse desde lápices con semillas para ser plantados una vez que no tengan más grafo, hasta prendas realizadas con cupro, un nuevo material ecológico generado a partir del reciclaje de residuos de algodón o celulosa. A su vez, existen propuestas como las de Howlin, que crea prendas de lana natural; Barbara Munsel, que usa técnicas zero waste para diseñar sin desperdicio y Les Rebelles D'Anvers, una "biblioteca de prendas sustentables" que alquila la ropa a sus clientes. En Amberes, el slow fashion y el diseño sustentable están encaminados, la moda crece cada vez más y se convierte en una referente internacional.

Entre ruedas

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Principal ciudad del país conocido como "la floristería del mundo" y considerada la capital mundial del ciclismo urbano, no podía esperarse menos de Ámsterdam que una ciudad ecológica y sustentable. Ámsterdam tiene más bicicletas que personas. Perderse entre sus calles garantiza encontrarse con diversas propuestas gastronómicas de comida local y natural, entre las que destacan sus cafés con garantía fair trade.

Estar en Ámsterdam entre el 7 y el 16 de octubre me garantizó poder cubrir uno de los eventos de la moda local más importantes: la semana de la moda sustentable holandesa. Madera de eucalipto, hilados reciclados, fibra de coco, redes de pescar recicladas y hongos fueron algunos de los materiales que se mostraron en el Desfile de Moda Circular, donde presentaron sus trabajos 15 diseñadores y demostraron cómo materiales que son desechados pueden generar en el mundo de la moda un gran cambio beneficioso. A pesar de estar a la vanguardia dentro del diseño sustentable, aún quedan cosas por hacer. La diseñadora Dena Simaite, responsable de la marca de moda vegana Noumenon, es consciente de ello. "Mi opinión es que varía un poco en la edad de la persona. Es importante ver que las mujeres que tienen 28, 29 y 30 años, empiezan a preocuparse porque empiezan a tener hijos. Cuando tienen un bebé quieren alimentarlo con comida orgánica, cubrirlo con prendas orgánicas, darle una vida lo más natural posible. Entonces se dan cuenta de que ellas también deberían consumir del mismo modo y disponen de dinero para hacerlo porque trabajan. Este es el grupo de mujeres que más se preocupa por la moda sustentable". En contraposición, señala, se encuentran las chicas adolescentes que solo piensan en comprar lo más barato posible y en grandes cantidades para tener variedad. "Esto es algo muy difícil de cambiar. Es casi imposible que solo las marcas sustentables puedan cambiar esta forma de consumir. Tendría que existir un apoyo político (de hecho, ya hay gente luchando para que así sea). Pero todavía nos queda un largo camino por recorrer. Es importante que esas adolescentes al menos sepan que, en vez de comprar grandes cantidades de prendas, con pocas prendas, pero de buena calidad, también pueden verse bien y lograr muchos looks que les duren en el tiempo", concluye la diseñadora.

Capital slow

Contrastes y expresión son las palabras que mejor definen a Berlín. Lo que en un barrio es gris y minimalista, en otro es multicolor y lleno de grafitis cargados de expresiones de diferentes artistas.

La capital alemana cuenta con una semana de la moda dedicada al diseño ético y sustentable, con desfiles y exposiciones de marcas internacionales. Greenshowroom es el nombre de una feria internacional en la que 34 diseñadores éticos y exclusivamente ecológicos muestran sus prendas en stands; mientras que el Ethical Fashion Show propone una pasarela internacional de moda casual ecológica.

Sin importar el barrio, locales de second hand, espacios multimarcas y diseñadores independientes, se dispersan por toda la capital. Propuestas de diseño a partir del reciclaje también pueden encontrarse, como las de Ikatch y Fade Out, quienes trabajan reciclando jeans y desperdicios de retazos de denims. Con más de 50 propuestas diferentes de marcas y diseñadores, y eventos dedicados a este sector de la moda, puede decirse que el consumo ético y sustentable en Berlín se encuentra dentro de los más desarrollados del mundo. Las propuestas gastronómicas slow food tampoco se quedan atrás. Hay restaurantes donde hasta los cubiertos son hechos a partir de bambú, cadenas de supermercados bio, donde todos sus productos son orgánicos.

En realidad, la vida slow no se queda atrás. Biohoteles certificados, peluquerías ecológicas: la naturaleza está presente en todo y convive a la perfección con el ser humano, al punto de que se han contado los árboles que hay en la ciudad para llevar un control estadístico de la biomasa.

Conocer más de cerca el movimiento slow y el slow fashion en distintas ciudades referentes de Europa me dejó un mensaje claro al pensar en Uruguay: a pesar de estar a kilómetros de distancia, las distancias que nos separan en cuanto al movimiento son más cortas de lo que pensamos. Con el trabajo de mano de obra artesanal que nos caracteriza, la ganadería ovina de primera calidad y la agricultura, tenemos los recursos necesarios para seguir encaminándonos hacia un consumo más sustentable.

Comercio justo

El fair trade o comercio justo implica que los productos que vende una marca o un lugar fueron realizados respetando el trabajo y los derechos sociales de las personas que los realizaron, cuidando el medioambiente, teniendo en cuenta la calidad y la producción sostenible, con un precio fijado según los costos de las materias primas y las necesidades reales del productor. Se aplica a la moda, pero también a otros ámbitos del movimiento slow.