Evitar los errores pasados

El gobierno está obligado a resistir las presiones por mayor gasto público que desatarán las mejoradas perspectivas de crecimiento de la economía

Si el gobierno aprendió de los errores de las dos administraciones frenteamplistas previas está obligado a resistir con uñas y dientes las presiones por mayor gasto público que desatarán las mejoradas perspectivas de crecimiento de la economía. El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de subir su pronóstico de actividad para 2018 a 2,6% del Producto Interno Bruto (PIB), basándose en un panorama más auspicioso para las exportaciones, el consumo interno y la inversión extranjera. En este último rubro figura presumiblemente la presunción de que UPM concretará la nueva planta de celulosa, con una inversión sin precedentes de alrededor de US$ 4.000 millones. La negociación de este proyecto aún no se ha cerrado pero parece estar avanzando.

Al mismo tiempo que el FMI anticipa mayor crecimiento que el previsto anteriormente, el Banco Mundial (BM) advirtió sobre la necesidad de que Uruguay mejore su precaria situación fiscal adoptando las políticas anticíclicas que descuidó en la década pasada. En esa época se gastaron descuidadamente a manos llenas ingresos excepcionales, generando las actuales angustias de las finanzas públicas. El informe conjunto de los dos principales organismos financieros multilaterales sobre Perspectivas Económicas Globales le plantearon claramente a nuestro gobierno el camino a seguir para combatir un peligroso déficit fiscal que ronda cerca del 4% del PIB.

El BM lo urgió a abandonar sus nefastas políticas procíclicas para consolidar sus cuentas fiscales y eliminar “el riesgo de un deterioro en su calificación crediticia (con peligro de perder el grado inversor) y un aumento del gasto de financiación” por tener que pagar intereses más altos por crédito externo. La institución señaló que los recientes gobiernos uruguayos cayeron en el costoso error de no seguir las políticas anticíclicas que adoptaron Chile, Colombia, México, Perú, Paraguay y Guatemala. El acrecentado crecimiento de la economía ofrece la oportunidad de corregir esa omisión. El FMI estimó que el PIB cerrará este año con un saldo positivo de 1,6%, similar al 1,5% de 2016 pero con perspectivas de un punto adicional de mejoramiento en 2018.

Si se confirman estas predicciones, el gobierno empezará a contar con algo más de holgura para el resto de su período, siempre que no ceda a las presiones de sectores frenteamplistas para expandir más y más el gasto público. Estos grupos, que parecen creer que el Estado es un surtidor milagroso de billetes, han planteado desde hace tiempo incrementos considerables de partidas en áreas improductivas, como es la desbarrancada educación pública o un sistema de salud que devora desordenadamente recursos cuantiosos sin la contrapartida de asistencia adecuada a la población. Los gobiernos de la alianza de izquierda han cedido siempre a esas presiones, sin oponer mayor resistencia. El ministro de Economía, Danilo Astori, sostiene que ahora será diferente y que la prioridad es abatir un déficit fiscal que amenaza la estabilidad futura. Si esta vez cumple, los pronósticos y las advertencias del FMI y el BM pueden conducir a una mayor solidez económica que se traducirá en mejores condiciones de vida para todos. Pero si no ocurre así, se acentuará el pernicioso desequilibrio de veranear despreocupadamente a gran tren al costo invernal de agudas penurias fiscales.


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