Éxito del teatro "off" argentino llega a Uruguay con adaptación local

La fiera, de Mariano Tenconi Blanco, se estrena hoy en Tractatus con una original venganza de la violencia de género

El teatro del off Corrientes argentino ya había dicho presente hace solo un par de semanas con el alabado Mi hijo solo camina un poco más lento, dirigido por Guillermo Cacace. Hoy, el celebrado y premiado La fiera marca el retorno de ese circuito teatral vecino a los escenarios montevideanos, aunque, esta vez, amoldando partes de su propuesta a su nuevo entorno.

Dirigida y escrita por el joven Mariano Tenconi Blanco, La fiera se adueña del mito tucumano del hombre-tigre, que, al danzar sobre el cuero de un yaguareté, se convierte en animal. En la dramaturgia del director argentino, sin embargo, una mujer resignifica el folklore, dándole su género y utilizando esa nueva piel para vengar a otras mujeres que hayan sufrido en manos de hombres.

La versión original de la obra unipersonal, estrenada en 2013, edifica la mitología propia de esa mujer-tigre (Iride Mockert) que se mueve con su ley del talión en el selvático interior del norte argentino, un territorio con particular incidencia de la violencia de género y la misoginia. Sin embargo, al trasladarse a Uruguay, el norte que planteaba Tenconi Blanco es cambiado por otro que también tiende hacia lo fronterizo, hacia lo rural, pero que apela a particularidades uruguayas.

El Tucumán de su fiera, así, pasa a ser el norte uruguayo, en la zona limítrofe con Brasil. "Por parte de mi madre soy uruguayo, entonces para mí Uruguay siempre es un país idealizado a partir de lo que me cuenta ella, o mi abuela (...), que es originaria de Artigas y vivió en Salto. Ella tenía una forma de hablar bastante 'portuñolizada'", señala el director y autor, que reconoce en la adaptación el peso de sus propios afectos. "Es algo que lo tengo muy escuchado, hay algo de esa música que me sonaba y que me era afín para trasladar".

Con ese movimiento, La fiera uruguaya cambia tanto la musicalidad de su acento como la musicalización de su entorno. "Desde el lenguaje hay un trabajo para dar cuenta de esa zona de frontera, a través del portuñol, y desde lo musical también: la música que tenía más que ver con el folklore argentino ahora es más del folklore uruguayo o con el candombe".

Para Tenconi Blanco, el fuerte rol del habla se afianza en el juego de realidad y ficción que supone la misma heroína: "A mí me interesaba que el lenguaje tuviera un nivel de composición bastante barroco, que tomara como materia prima el lenguaje rural, pero que después ayudara a construir algo muy artificial. Sentía que tenía que tensar la cuerda entre un problema que es tan real y sensible y componentes sumamente fantásticos", señala.

El traslado de una orilla a otra también cambió el rostro de la mujer-tigre, antes interpretada por Mockert y ahora encarnada por la uruguaya Mané Pérez. Aunque la imagen de la vengadora feroz domina, la actriz debe discurrir desde una mujer de clase baja, una persona encendida por el afán animal, y un tigre que canta sobre su vida de forma melancólica.

"Siento que con Mané las partes conmovedoras son más conmovedoras aún, tienen un lugar de profundidad mayor, no en desmedro de la actriz argentina", aclara, sino en la renovación de algunos momentos del melodrama familiar del personaje.

Como si se tratara de un mito antiguo, la transmisión de la historia de la fiera es mayoritariamente oral mientras que la acción física se encuentra supeditada a la narración. "Hay un gran esfuerzo de la actuación en pos de ayudar a imaginar. Muchas veces ella representa, muchas veces ordena la acción, o pone en su lugar a personajes que no están, que son evocados. Es como la idea de los niños, cuando juegan".

Para el autor, entonces, la construcción de la historia supone un pacto imaginativo con el espectador, que debe hacer eco de todo aquello que menciona y perfila la actriz. Sin embargo, también existe un pacto moral: "creo que la obra defiende un tema políticamente correcto (la lucha contra la violencia de género), pero lo hace desde un lugar inmoral", en el que no hay juicios, sino asesinatos. "No me molesta el lugar político del teatro, y sí considero que es una obra feminista", agrega, pero prefiere alejarse del teatro que "baja líneas", que quiere educar. "Creo que los colegas que le escapan a la etiqueta política puede ser porque se ha hecho mucho teatro militante, o de denuncia, que no tiene ningún trabajo de la forma. Y para mí el trabajo sobre la forma es la primera hipótesis política que llevo adelante en un texto. El trabajo sobre la música, el lenguaje, me parece tan político como el tema de la obra".


Datos

La obra va en Tractatus los viernes a las 21 horas y los domingos a las 19, con entradas a $ 300



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