Explicación de un escritor completo

La muerte de Enrique Estrázulas obliga al repaso de las diferentes facetas de un autor que recorrió en abanico senderos de fineza y altura en casi todos los géneros literarios

Contaba él mismo que fue una visión infantil, la de un niño de seis años que vivía en Punta Carretas: un hombre desastrado y con comportamiento de borracho, un pescador recién salido del inmensa mar que sacudía una lata y juraba y perjuraba que tenía allí dentro la explicación del universo. Tan simple y contundente es la imagen como potencial su destino de papel a lo largo de los años.

Porque ese niño que miraba recostado, con una mezcla exacta de fascinación y miedo al pescador desde el marco de la puerta, era Enrique Estrázulas. Extraños son los caminos de los libros. Esa anécdota de finales de la década de 1940 se iba a transformar primero en un poema que se hizo canción y que a mediados de la de 1970 fue una novela formidable, Pepe Corvina, con la que Estrázulas perdurará para siempre en la literatura nacional.

Traducido a decenas de idiomas y por esto de amplia repercusión internacional, Pepe Corvina es, además (y como señaló Mario Delgado Aparaín en un artículo de este mismo diario), uno de los escasos y mayores aportes de un autor a la literatura marina uruguaya.

Pero al hablar de Estrázulas, fallecido tempranamente a los 74 años el pasado 8 de marzo, se siente la necesidad de superar el género narrativo, porque como autor tuvo un carácter expansivo y experimental, y ningún género de la literatura le fue ajeno. Por supuesto que tuvo otros destaques en otras novelas, como por ejemplo Lucifer ha llorado, y en varios cuentos de antología, pero a lo largo de su carrera artística Estrázulas fue, primero y antes que nada, poeta. Sus primeros libros de poesía, de mediados de la década de 1960, recibieron el elogio enfático de su amigo y mentor Juan Carlos Onetti. También escribió teatro (donde reprodujo un diálogo onírico entre Jorge Luis Borges y el general Juan Domingo Perón), ensayos (por ejemplo, sobre el compositor tanguero argentino Carlos de la Púa), retratos biográficos y muchos años de periodismo.

Es a la poesía y a la biografía a donde quiero apuntar. Otra de las grandes amistades de su vida fue Alfredo Zitarrosa. No solo crearon varias canciones hermosas sino que incluso vivieron juntos en Madrid durante varios años.

En su antología poética Poemas de amor, madrigales, blasfemias, de 1979, Estrázulas incluye su poema Carta a mi padre, una durísima despedida de un hijo ante el cadáver paterno, con un ritmo interno contundente y versos entrecortados, desgarrados. El poema conmovió tanto a Zitarrosa que quiso hacerlo canción, pero se encontró con la dificultad de que no poseía la métrica exacta para poder ser cantada. Por lo tanto, ambos amigos debieron transformar ese poema y sus sentidos en un tema que fue Explicación de mi amor, una de las canciones más desgarradoras en la historia de la música popular nacional. Fruto de esta amistad creativa con el enorme Alfredo, Estrázulas publica sobre él un trabajo precoz: Zitarrosa, cantar en uruguayo.

Hasta hace muy poco tiempo, Estrázulas mantenía su taller literario en su apartamento de una de las esquinas más suyas de la ciudad de Montevideo: 21 de Setiembre y Ellauri. Su lugar en el mundo, su esquina del universo. Y Estrázulas sí que tuvo mundo. Se codeó con los autores del Boom Latinoamericano y con los del Post Boom. Fue diplomático. Fue agregado cultural. Poseía desde la cuna aristocrática la formación refinada que no le impidió recorrer el fango y el almacén del suburbio. Europa, América y el barrio chato y arrabalero conocieron sus pies. Siempre volvió a Montevideo. Siempre a su esquina. Hoy o mañana los semáforos podrán dar una verde o una roja furiosa, los automóviles avanzarán o esperarán, pero quiero creer que el espíritu de Enrique Estrázulas andará rondando Punta Carretas. Por favor, no te sigas muriendo.

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