Falta 165 días

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Ruy Gil, especial para El Observador

La madre inquieta pregunta al pediatra cuánta carne debería incluir en la dieta de su hijo y casi con sentido de culpa confiesa que no ha realizado esfuerzo alguno en restringirle el consumo. A la hora de la cena la abuela regaña al abuelo porque no se cuida con la comida y le recuerda que hace cinco años el médico de indicó evitar las carnes rojas luego del infarto que sufrió. A pocas cuadras de ahí una pareja de vegetarianos trata de convencer a sus amigos que el consumo de carne es perjudicial para la salud y éticamente reprobable.

Estas tres historias no son producto de la imaginación. Seguramente en el relato nos hayamos sentido directamente identificados o bien conozcamos a quienes han protagonizado experiencias similares. Quienes consumimos carne buscamos argumentos que nos permitan rebatir estas creencias del mundo moderno. Sin embargo, las voces acusadoras y alarmistas sobre las consecuencias negativas de consumir carne son más estridentes que los tímidos esbozos que intentan destacar sus valores nutricionales.

El consumo de carnes rojas se ha visto desestimulado por los contenidos de grasas saturadas

Hemos asistido en los últimos años a una reducción sistemática de las cantidades de carne que se recomiendan consumir en las guías de nutrición oficiales de los países, en especial lo que refiere a las carnes rojas. Sin embargo, en contrapartida se ha reconocido que el consumo de carne ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad y muchos científicos le han asignado un papel decisivo en la evolución de la especie. La conjunción del dominio del fuego y la cocción de la carne permitieron al hombre consumir un alimento de alta calidad nutricional y fácilmente digestible. Esto supuso una alteración en el uso del espacio craneal, cediendo las prominentes mandíbulas en favor del desarrollo del cerebro. ¿Quiere decir que somos la especie dominante porque supimos dominar el fuego, cocinar la carne y consumirla? De ser así, ¿por qué en actualidad fomentamos reducir el consumo de carne?

El consumo de carnes rojas también se ha visto desestimulado debido a los contenidos de grasas saturadas. Durante años los médicos generales y nutricionistas han recomendado evitar el consumo de grasas saturadas por su impacto negativo en los niveles de colesterol y su supuesta relación con la ocurrencia de infartos. Recientes revelaciones de trabajos de investigación indican que en realidad no existe evidencia científica que demuestre que exista correlación entre el consumo de grasas saturadas, propias de las carnes rojas, y la ocurrencia de infartos. Entonces, ¿por qué hemos asumido que el consumo de carnes rojas puede aparejar problemas cardíacos? ¿Por qué al menos no hemos contrastado las creencias con la evidencia científica?

De la misma forma el consumo de carnes rojas ha sido asociado con la ocurrencia de cáncer. Y de la misma forma desde la comunidad científica internacional se ha cuestionado la metodología y los niveles de significancia de los estudios sobre los cuales se sustentan estas conclusiones.

Más allá de lo razonable que resulte cada afirmación a favor o en contra del consumo de carnes y sus efectos sobre la salud, es importante destacar que mientras ambas visiones han coexistido no nos hemos dado un espacio de reflexión y debate. La inexistencia de este espacio ha resultado en que las posturas negativas sobre el consumo de carnes han prevalecido. Asimismo, no se han dado pasos sistemáticos y organizados desde el sector cárnico mundial para difundir las propiedades nutricionales esenciales de las carnes.

El objetivo de la sesión es fomentar el consumo responsable y la dieta sostenible

Es así que el manejo descuidado de la comunicación por parte de las organizaciones internacionales, la pasividad del sector cárnico mundial y el fuerte activismo de los grupos vegetarianos, han profundizado las creencias sobre que el consumo de carne es perjudicial. Parecería razonable pensar que el sector cárnico mundial debiera discutir acerca de cómo enfrentar los desafíos de proveer evidencia científica sobre los efectos negativos y positivos asociados al consumo de carnes. También parecería razonable discutir sobre las estrategias de comunicación y relacionamiento con los consumidores del mundo.

En noviembre de este año abordaremos esta temática en la sesión de Salud y Nutrición Humana en el Congreso Mundial de la Carne. El objetivo de la sesión es fomentar el consumo responsable y la dieta sostenible, brindando evidencias con base científica sobre el rol nutricional de las carnes y los riesgos asociados. Te invitamos a ser parte, sólo faltan 165 días.

(www.wmc2016.uy)


Populares de la sección