Falta de control en las fronteras facilita contrabando y tráfico armas, drogas y personas

Los 800 kilómetros que separan a Brasil de Uruguay son un verdadero colador

Guillermo Losa y Natalia Roba

Cruzó desde Rivera a Santana do Livramento para visitar a sus familiares en la ciudad brasileña de Bagé sin hacer los trámites migratorios, como es habitual entre las personas que viven en la frontera y deambulan entre ambos países. Cuando estaba en Brasil se sintió mal y sus familiares le insistieron en que se quedara e hiciera reposo. La convalecencia se extendió a dos semanas. En conclusión, terminó estando ilegal en Brasil todo ese tiempo.

La anécdota demuestra que los controles migratorios en los 800 kilómetros que separan a Uruguay de Brasil son muy laxos y por eso es tan fácil que prospere el contrabando de todo tipo de mercaderías, pero también el tráfico de armas, el narcotráfico y la trata de personas.

Y si bien el fenómeno no es nuevo, las vulnerabilidades de la frontera en la actualidad hacen más peligrosa la situación por las nuevas modalidades delictivas que introdujo el crimen organizado, sobre todo en Brasil y Argentina.

En ese sentido, la semana pasada llegó una nueva amenaza desde Brasil por una posible acción en Rivera del Primer Comando de la Capital (PCC), el grupo criminal surgido en las prisiones de San Pablo que protagonizó en abril el violento asalto a la empresa Prosegur en la ciudad fronteriza paraguaya de Ciudad del Este.

La jefatura de ese departamento advirtió a las de Artigas, Cerro Largo, Rocha y Tacuarembó sobre la posibilidad de un asalto a la misma empresa pero en Uruguay.

Cincuenta pistoleros brasileños y paraguayos hicieron volar hace poco más de un mes una bóveda de Prosegur en Ciudad del Este de la que se llevaron unos US$ 8 millones y al huir prendieron fuego a 19 vehículos, lanzaron cohetes y mataron a un policía.

Ante esa amenaza el Ministerio del Interior admitió en el Parlamento esta semana, durante una reunión con legisladores del Frente Amplio, que la Policía uruguaya tiene dificultades para atrapar a los delincuentes brasileños que delinquen en la frontera, y lo adjudicaron a la escasa presencial policial del lado de Brasil.

El diputado riverense Saúl Aristimuño dijo en esa reunión que en el Chuy los policías uruguayos son 60, mientras que del lado brasileño son cuatro, lo que dificulta las posibilidades de perseguirlos del otro lado.

A su vez, el jefe de Policía de Rivera, Wilfredo Rodríguez, agregó otra dificultad en la persecución de delincuentes: Brasil no extradita a sus nacionales. "Podemos darles aviso y si se detiene queda sometido a la ley del país", pero no se lo puede juzgar en Uruguay, explicó.

"Lógicamente nos preocupa que bandas brasileñas vengan a robar a Uruguay. Vienen de Porto Alegre o de más arriba. Son gente que está preparada para cometer delitos en bancos", agregó Rodríguez.

Sobre el tema, el jefe de Policía de Artigas, Walter Britos, dijo que "al ser una frontera que prácticamente está perforada, la delincuencia va de un lado a otro. Se entrecruzan y en ese sentido hay que trabajar con mucha inteligencia".

El diputado Tabaré Viera, que fue intendente de Rivera por dos períodos, dijo a El Observador que se debería crear una policía especial de frontera, que pueda actuar en ambos lados de la línea divisoria. "Necesitamos tener para eso también un estatuto jurídico que los ampare. La atención particular en la frontera debería ser una prioridad del gobierno uruguayo, que está muy atrasado en temas de política de defensa", dijo.

A ello se suma el hecho de que evitarse los controles migratorios es muy fácil, como lo demostró un equipo de El Observador que pasó por el puesto aduanero en un taxi sin ser detenido.

Tanto el magistrado penal Marcos Seijas –fue juez de Rivera entre 2010 y 2014– como el jefe de Policía del departamento admiten que pasar por Migración y por los controles aduaneros en la frontera "es voluntario". "Hacer los trámites migratorios es totalmente voluntario. La aduana de Rivera está a 7 cuadras de la línea, y después hay muchos kilómetros de frontera seca y hay varios caminos por los que se puede pasar, y de hecho se pasa", dijo Seijas.

Contrabando como medio de vida

El juez Seijas explicó que en los años en que estuvo en Rivera los casos más grandes de contrabando correspondían a cigarrillos que venían desde Paraguay y casos de narcotráfico. Si bien El Observador le pidió a Aduanas los datos del contrabando del último año, el organismo no brindó esa información. Pero además de ese contrabando dirigido por grandes organizaciones y que mueve millones de dólares, hay un contrabando hormiga que es el medio de vida para poblaciones empobrecidas como son las de Artigas y Rivera.

El intendente de Artigas, Pablo Caram, dijo que ese trasiego "permite a mucha gente poner sus comercios donde se puede pagar con libreta. El contrabando genera trabajo, si no sería mayor desocupación".

"El contrabando se combate con precios, y mientras los precios sean diferentes, el contrabando va a existir", agregó.

En el mismo sentido, el jefe de Policía artiguense señaló que el contrabando "es una situación cultural de la frontera. Es muy diverso, puede ser de ganado o de azúcar". Dijo que intentan atacarlo en coordinación con Aduanas y con algunos puestos móviles que instalan en las carreteras.

Sin embargo, los contrabandistas siguen pasando a la vista de todos y a pocos metros del puente.

(Producción: Mariana Castiñeiras)


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