Falta plan global de seguridad

En vez de encarar soluciones , los actores involucrados en la crisis de violencia en el fútbol deambulan en el desconcierto

En vez de encarar soluciones efectivas, los actores involucrados en la nueva crisis de violencia en el fútbol deambulan en el desconcierto de parches insuficientes y peloteos cruzados de culpas. El primer punto a resolver, luego de que una persona fuera herida a balazos en el Estadio Centenario, es el fracaso de las guardias privadas en los controles de acceso y la seguridad dentro de los campos de juego. Un funcionario del sector de recaudación de la AUF denunció que en la tribuna Ámsterdam, escenario del episodio, el control era selectivo porque en algunas puertas solo había dos guardias cacheando al caudal de hinchas. El hecho es de extrema gravedad si se confirma, ya que significa que muchas personas entraron sin ser revisadas, incluyendo posiblemente al atacante armado que hirió a un hincha de dos disparos, en un confuso episodio que hasta puede estar relacionado con el mundo de la droga.

El sistema de guardias privadas de los propios clubes funciona eficazmente en Gran Bretaña, donde es parte integral de la exitosa erradicación de la violencia en los estadios. Pero es inaplicable por ahora en nuestro medio, ya sea por el nivel de idoneidad del personal en una tarea de extrema exigencia o por su escasez. Se ha informado que solo 32 guardias estaban asignados, número claramente inadecuado para controlar el ingreso y comportamiento de miles de personas. En este estado de cosas, no hay reemplazo inmediato para la presencia disuasiva de los efectivos policiales dentro de los estadios, pese a que el Ministerio del Interior se rehúsa a restablecerla mientras la AUF no termine de instalar las postergadas cámaras de identificación facial en los estadios.

Entretanto, se barajan medidas que nada aportan a restablecer la seguridad permanente en los partidos, desde sanciones a un club hasta jugar partidos a puertas cerradas, sin público, golpe de gracia a lo que debe ser un espectáculo deportivo para todos. Los recurrentes estallidos de una situación crítica continuarán mientras el gobierno y las autoridades del fútbol, incluyendo los clubes, no acuerden medidas eficaces. En lo inmediato, es ineludible el retorno de la Policía a los campos de juego y asegurar que nadie escape al cacheo completo y eficiente antes de entrar a una cancha. Pero soluciones permanentes requieren mucho más que medidas de emergencia.

La utilización de guardias privadas solo puede implementarse cuando se hayan formado cuadros de competencia profesional y volumen adecuados a la tarea, necesidad que por ahora no parece cumplida. Recién cuando se complete este objetivo la Policía podrá volver a un papel complementario de vigilancia. La instalación de cámaras de videovigilancia es un requisito perentorio. Es ineludible la detención en dependencias policiales de revoltosos conocidos durante algunas horas antes y después de los partidos, como se implementó exitosamente en el fútbol británico. Y es una exigencia fundamental que, en vez de echarse culpas unos a otros para eludir responsabilidades, el gobierno, la AUF y los clubes dejen de tirar cada uno para su lado, actúen en forma concertada con un coherente plan global de seguridad y asignen los recursos necesarios para que el fútbol vuelva a ser una fiesta deportiva de todo el país. De lo contrario, seguirá siendo una vertiente adicional de la violencia con que la delincuencia asuela a los uruguayos.


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