Faltan curas y la Iglesia afina su estrategia para captar jóvenes

Hay capillas sin sacerdotes y varios extranjeros han llegado a Uruguay a cubrir las vacantes
El obispo de Melo, Heriberto Bodeant, subió al auto en la capital de Cerro Largo y comenzó a manejar sabiendo que tenía por delante un fin de semana con mucho trabajo.

Llegó a Cerro Chato sobre las 11 para dar misa. Luego, repitió la misma experiencia a la tarde en Valentines. Al día siguiente, volvió a Cerro Chato para la misa de domingo y, antes de volver a Melo, tuvo una última ceremonia en Santa Clara. Mes a mes, repite esa rutina.

Pero Bodeant no es el único obispo que tiene una agenda cargada. De hecho, cada vez es más común que los encargados de las diócesis (un territorio que está bajo la jurisdicción de un obispo) deban asumir responsabilidades que antes caían sobre los hombros de otros. "Es que si no voy yo, no va nadie", dijo el obispo de Melo.

Al mismo tiempo, en Melo se da algo que también se repite en todo el país: muchos de los curas son extranjeros. Allí, 7 de los 12 sacerdotes vienen desde otros países. Hay un argentino, un brasileños, dos italianos, dos colombianos y un angloindio. Se trata de un joven nacido en Londres de origen indio que se formó en Italia y terminó ejerciendo su vocación en Uruguay.

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Bodeant dijo que recorre con mucho gusto su jurisdicción, pero al mismo tiempo lamentó que haya zonas sin un referente claro. "Lo que hago es una suplencia de una presencia que no está", sostuvo.

Milton Tróccoli, el actual obispo auxiliar de Montevideo y exrector del seminario donde se forman los aspirantes a sacerdotes, valoró el aporte que llega desde fuera de fronteras. "En este momento estamos cubriendo (las vacantes) con sacerdotes misioneros que llegan de otros lugares", dijo. "Vienen de países donde hay buena cantidad de sacerdotes y se ofrecen para ir a lugares donde hay menos", agregó.

Los números críticos

Hoy en día, hay 18 seminaristas que están cursando sus estudios para ordenarse sacerdote, según informó a El Observador el actual rector, Luis Eduardo González. Si se observa el promedio histórico, la cifra demuestra la caída en el interés de los jóvenes.

En general, esa cifra solía estar entre 25 y 30 peronas por año. Lo usual era que haya cuatro seminaristas que se ordenaran anualmente, pero se prevé que este 2017 solo dos logren ese objetivo.
"Nos gustaría que haya más jóvenes que estén en el seminario", reconoció González.

La búsqueda de una solución

La Iglesia tiene en mente afinar su estrategia en busca de lograr que más jóvenes logren cristalizar su interés por la religión.

Tróccoli aseguró que no se trata de "reclutar" sacerdotes, pero sí de ofrecer más espacios para que aquellos que tengan ese interés, lo puedan materializar. En lo que están pensando es generar más encuentros y retiros para jóvenes.

El otro interés es formar agentes pastorales vocacionales que realicen un acompañamiento a aquellos interesados en acceder a una formación religiosa. El fin de semana pasado, por ejemplo, hubo una de esas actividades en San José.

A pesar de las firmes intenciones, la Iglesia tiene claro que será difícil revertir la tendencia.

El rugbista que dejó todo para ser cura

En 2007, saltó de alegría cuando se enteró que defendería a la selección uruguaya de rugby sub 19 en un mundial. Dos años después, volvió a competir a primer nivel en la categoría sub 20. Allí, vivió un desafío único para cualquier amante de ese deporte: enfrentar a los emblemáticos All Black, la selección de Nueva Zelanda. Tenía novia y una vida como cualquier joven.

Pero hubo una experiencia que lo marcó: vivió un año en una misión junto a los hijios de peones rurales en Sarandí del Yí. Juan Andrés Verde (o el gordo Verde, como él mismo se presenta) decidió dedicar su vida a la religión y ordenarse sacedote. Está a punto de lograrlo. La suya es una historia diferente, en tiempos en los que cae el interés en la religión.


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