Fantasías a todo tren

La improvisación los hizo creer que viajaban a Finlandia, cuando en realidad se han limitado a llegar a la Estación Finlandia de su credibilidad
Bueno, la ilusionada excursión europea del presidente de la República y sus acompañantes ha llegado a su fin, y nos cabe ahora trazar un balance. Solo que, en este caso, pasa pura y exclusivamente por lo único cercano a lo concreto de este viaje: si habrá o no una segunda planta pastera de UPM en Uruguay, o si debiera haberla.

La respuesta a la primera pregunta ya la tenemos: hoy no hay segunda planta.

La palabra oficial de UPM se conoció, y solo el gobierno frenteamplista parece exhibir incomprensión lectora: el mismísimo presidente de la firma se limitó a "presentar" a sus visitantes sus operaciones enfatizando, entre otras cosas, "la importancia de la competitividad de costos y el papel fundamental de la infraestructura logística en todos los ambientes en los que UPM opera".Bien claro.

El gobierno nos podrá decir que aquí hay que leer prudencia en la empresa, o nos podrá dar la insultante explicación de que UPM evita, callando, que el valor de sus acciones aumente (¿?) o el de la celulosa se desplome (¡!), pero esa es una explicación para su parvulario. Hoy no hay segunda planta, porque no hay infraestructura, y la estructura de costos no es claramente competitiva.

El ministro de Economía nos tranquiliza: los años que vienen, asegura, serán los de la infraestructura. "¡Es mucho lo que hay que mejorar!" Si lo será ... Vayamos a los hechos.

El país realizó una sustancial inversión forestal, y esa es una línea de producción que cualquiera, en su sano juicio, quiere ver exportar, o alimentar procesos productivos y empleos. Aún el gobierno, claro.

Lo que, sin embargo, el ministro llama un "desafío" requiere que el contribuyente uruguayo de hoy, sus hijos, nietos y bisnietos aumenten el actual y escondido nivel de subsidio a la producción de pasta de celulosa (aproximadamente 20%, bajo forma de una infinita exoneración tributaria), por la senda de construir, además, unos 500 kms de doble vía férrea entre Paso de los Toros y Montevideo.

Sin estructuras, a puro riel, eso significa invertir unos US$ 750 millones. Con ellas, unos 1.000. Esos 500 kms de vías, sin embargo, deben discurrir o entre tramos soterrados o entre tramos aéreos: no menos de 40 kms de ellos que, usando el precio actualizado del paso nivel construído en Ruta 1 y Cno. Cibils como referencia, representarían unos US$ 400 millones más: ya llegamos a los 1.400 millones.

Pero, claro, son tramos que requieren de iluminación, balizamiento, barreras electrónicas, expropiaciones que permitan los 20 metros de ancho en calles que no los tienen, refuerzos de seguridad en trayectos urbanos. En plata: no menos de 600 millones más.

Unos US$ 2.000 millones. Y no puse aún las locomotoras y vagones sobre esos rieles, ni ingresé al puerto de Montevideo, ni de la terminal a la carga.

En resumen: el gobierno frenteamplista sostiene hoy que Uruguay va a invertir cerca de US$ 3.000 millones en infraestructura vial, obtenidos de impuestos y deuda pública, para hacer posible este proyecto de UPM: el actual ministro de Transporte no ejecutó, en sus cinco años al frente de la cartera bajo la primera administración frenteamplista, ni la mitad de esa cifra.

¿Y qué obtendríamos a cambio de asociarnos a prepo en esta pastera? Unos 8.000 empleos, se nos informa, directos e indirectos. Asumamos que así sea: esos 8.000 empleos miden, claro, el proceso de construcción de la segunda planta en Tacuarembó, nunca superior a 36 meses.

Solo que, una vez cortada la cinta, no deberíamos pensar, claro, sino en unos 600 empleos permanentes, que generen salarios mensuales promedio de no más de US$ 1.500.

Es decir que, en treinta años, los US$ 3.000 millones extraídos del bolsillo de cada uno de nosotros servirían para pagar US$ 378 millones a 600 trabajadores (más los 250/300 millones tal vez derramados en el período de construcción). No luce, realmente, como un negocio apetecible. ¡Ah! Y en treinta años, Paso de los Toros sería el mismo que hoy, tal y como Conchillas y Fray Bentos lo siguen siendo.

Pero se pone peor, porque esos 500kms de vía férrea que habremos puesto a disposición de UPM requerirán, naturalmente, de mantenimiento: esa palabra que el régimen frenteamplista desconoce en todos los idiomas, y que ha hecho que hoy ya se precisen, según calculara el Ing. Lucio Cáceres esta semana, unos US$ 2.000 millones a los solos efectos de volver presentable lo que ya luce destruido.

Asómese al balcón de su casa, y mire los canteros de cualquier avenida montevideana: eso es "mantenimiento" hoy. Y de la ruta 20, ni le hablo.

Si el pasado es el prólogo de esta historia los, digamos, US$ 200 millones que precisaríamos a fin de mantener el tendido de las vías que se construyan (¿1% al año, en la próxima década?) se esfumarán en el aire de la magia estatista dejándonos, para cuando el ciclo recolector de UPM termine, con las mismas ruinas ferroviarias que nos legara el Imperio Británico. No: con más.

Cuando la izquierda uruguaya era todavía ágrafa, bien conocía esta historia, ya que está narrada en la obra que Plinio Apuleyo llamara la "biblia del idiota latinoamericano": "Las Venas Abiertas de América Latina".

Allí están las crónicas de las otras, igualmente patéticas, fiebres extractivas en torno al oro, la plata, el azúcar, el algodón, el cacao, el guano o el petróleo: espejismos especulativos que encandilaran a otros, igualmente codiciosos, deslumbrados en procura para sus países de la madre de todas las inversiones, ante la cual rendir toda pretensión.

En 2017, sin embargo, este camino ya está trillado, y sorprende que tanto y tan prestigioso empresario como los que acompañaran al presidente en su gira, no tomaran un minuto en hacer estos números en una servilleta de papel, mientras degustaban su desayuno buffet.

A menos, pues, que sangren las piedras, no hay hoy de dónde sacar los fondos para construir esta ensoñación.

Porque, mientras el gobierno fantasea con estos malos negocios, sus mismas informaciones nos revelan que, apenas en las dos últimas administraciones, han ingresado 49.583 funcionarios a la nómina que, sumados a los aproximadamente 62.500 que se habrían jubilado en ambos períodos, los llevarían al entorno de los 100.000, de los 303.000 existentes (y que no cuentan el universo "tercerizado" del iceberg clientelar, o los 74.000 planes del Mides).

En 10 años, por tanto, han ingresado 27.4 funcionarios por día a la nómina: uno por hora. Que, distribuídos en días hábiles y jornadas de 8 horas, representarían 38.5 por día, o 4.8 por hora. Una familia de clientes electorales por hora.

Ahora la conclusión. La puesta en marcha de esta estatización del empleo, sumada al virtual abandono del mantenimiento de los activos del estado, la impericia en todas las ejecuciones y el saqueo tributario, hacen del tren para UPM una mosca difícil de atar por el rabo.

La improvisación los hizo creer que viajaban a Finlandia, cuando en realidad se han limitado a llegar a la Estación Finlandia de su credibilidad.

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