Farmacias contra la marihuana

La venta de la legalizada marihuana en farmacias empezará el mes próximo con apenas unas 50, el 4% de las 1.200 del país

La venta de la legalizada marihuana en farmacias empezará el mes próximo con apenas unas 50, el 4% de las 1.200 del país, inscritas para dispensar la droga. La renuencia o el rechazo directo a hacerse cómplices del desatino del expresidente José Mujica se basa en factores de peso. El principal fue señalado por el presidente del Centro de Farmacias de Uruguay, Jorge Suárez, quien destacó que muchos responsables de esos establecimientos consideran que “una farmacia está para curar y no para enfermar”. El comentario coincide con la opinión expresada tiempo atrás en igual sentido por la gremial de los químicos farmacéuticos, que son los responsables técnicos de cada farmacia.

Esta posición refleja evidencias irrefutables sobre la incidencia nociva de la droga. Su consumo habitual, como es el de quienes se inscriben para poder comprarla, causa a la larga daños a la salud. Y aun el consumo ocasional enlentece los reflejos, disminuyendo la capacidad laboral y aumentando el riesgo de accidentes causados por quienes conducen vehículos bajo los efectos del estupefaciente. No es la única razón del desbande de farmacias adheridas a la comercialización de la droga, que incluye por lo menos a dos de las grandes cadenas que operan en todo el país. Les preocupa también la pérdida de clientes y la seguridad.

El presidente de la Asociación de Farmacias del Interior, Fermín Arguiñarena, aseguró que “muchos clientes de toda la vida” rechazan la comercialización de cannabis, actitud que puede inducirlos a hacer sus compras en otro lado. Y el responsable de una farmacia de Montevideo dijo haber sido amenazado por un narcotraficante, que le advirtió que el mercado ilícito de las drogas no tolerará la competencia legal. Este es uno de los muchos peligros creados por la legalización de Mujica, bienintencionada pero profundamente errada en su objetivo de combatir la adicción a drogas peores. Las bandas de narcotraficantes, responsables de asesinatos y otros actos de violencia en muchos barrios de Montevideo, así como los contrabandistas que ingresan grandes volúmenes de marihuana desde Paraguay, difícilmente se quedarán de brazos cruzados ante la pérdida de mercado por la venta en farmacias.

El sistema se pondrá en marcha luego de años de enredadas idas y venidas en intentos de organización que ni siquiera han terminado, ya que se ignora cómo o quiénes controlarán que los productores domésticos no excedan las seis plantas teóricamente permitidas o cómo se persuadirá a la enorme mayoría de farmacias del país a incorporarse a la legalización de esta forma de narcotráfico. El tema representa una grave claudicación del gobierno, con la que se contradice a sí mismo. El presidente Tabaré Vázquez se ha distinguido por una loable defensa de la salud de los uruguayos al reducir drásticamente el consumo de tabaco y combatir el de bebidas alcohólicas, incluyendo la política de alcohol cero en conductores de vehículos. Pero no ha mostrado igual diligencia con el tema de la marihuana, que heredó de su antecesor, pese a que tiempo atrás declaró que no lo compartía. Dado que Mujica lidera el sector mayoritario del Frente Amplio, es posible que Vázquez se haya abstenido de actuar en este caso para no agravar las disidencias internas en su fuerza política. Pero nada justifica perseverar en seguir un camino que se sabe errado, especialmente cuando está en juego la salud de la población.


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El Observador

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