Fede Álvarez: en la jungla hollywoodense

Así como en un guion cinematográfico o en un relato literario, la historia de vida de Fede Álvarez tiene mucho del llamado "camino del héroe" que transitan los personajes de las grandes historias.

Por Andrea Sallé Onetto / @andreasalle

Escena 1: INT. NOCHE/LIVING

Federico (31 años) mira la computadora donde está subiendo a Youtube un video en el que estuvo trabajando durante varias semanas para la banda Snake. La barra de upload carga lentamente. Federico abre un par de pestañas, chequea el mail, mira sus redes sociales y vuelve a la pantalla de Youtube. La carga se completa. Añade la descripción del video (Giant robots invades Montevideo! A 5min short movie directed and animated by Fede Álvarez), cierra todas las pestañas, apaga la computadora y se acuesta.

Escena 2: INT. DÍA/LIVING

Federico se levanta, va al baño, luego se dirige a la cocina y pone agua a calentar para el café. Mientras espera que el agua hierva prende la computadora y abre su casilla de correo. Tiene decenas de mensajes, todos sobre el video que subió hace menos de una semana. Se sorprende, entra a Youtube y ve que la cifra de visualizaciones supera el millón. Entra de nuevo al mail y descubre varios correos de productoras de Hollywood. Se sienta, respira hondo y por un momento se queda sin aliento.

Así se podrían ficcionar las escenas que marcaron un antes y un después en la vida del cineasta Federico Álvarez, más conocido simplemente como Fede Álvarez. Pero ese salto cualitativo en su carrera, en el que pasó de trabajar para el mercado audiovisual local a escribir y dirigir películas para Hollywood, no se dio por obra y gracia del azar, sino del trabajo continuo, una pasión nata y un olfato especial para elegir entre oportunidades.

La Hermandad

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Todo comenzó en el barrio de Pocitos, más precisamente en Guayaquí y Libertad, donde vivió gran parte de su infancia y su adolescencia. Antes de mudarse allí con su familia, vivió en la casa de sus abuelos en Parque Batlle, más precisamente en bulevar Artigas y Palmar, en una casa que hoy alberga una sucursal de McDonald's. "Donde está el pelotero en este momento, ese era mi cuarto cuando nací", cuenta Fede. A los 3 años de edad, en plena época de dictadura, a su padre, el reconocido comunicador Luciano Álvarez, le surgió la oportunidad de hacer un doctorado en comunicación en Lovaina y allí marchó toda la familia para Bélgica. Ese viaje fue clave para forjar la vocación y la pasión por el mundo audiovisual, porque le permitió acceder a una cámara filmadora, lo que nunca hubiera podido viviendo en Uruguay. "Acá era impensable comprar una cámara de filmación, en Europa ya era más común". Su padre pudo hacerse de una cámara, a la que posteriormente él le sacaría provecho sin su consentimiento. Sus primeros recuerdos de jugar con ella son de cuando tenía 7 años, en su casa de Pocitos recién llegado a Uruguay. "Mi viejo no me dejaba usarla en realidad porque era una cámara cara para lo que era la economía de la casa", pero su madre, psicóloga de profesión y amante de la música, lo dejaba usarla cuando su padre no estaba y así comenzó a filmar cosas y agarrarle el gusto al oficio, que también venía contagiado por la profesión paterna. A fines de los años ochenta y principios de los noventa, Luciano Álvarez producía el programa de televisión Inéditos con recopilaciones de filmaciones antiguas hechas en Uruguay. "Creó un archivo brutal fílmico uruguayo de esa época, todo hecho a base de filmaciones amateurs, y eso me dio la chance desde muy chiquito de acompañarlo a la isla de edición, ver lo que hacía y agarrar también una fascinación por toda esa parte técnica, sobre todo lo que tiene que ver con filmar, editar".

Las primeras cosas que filmó de niño eran con efectos especiales y stopmotion. Pero el verdadero laboratorio de experimentación surgió a sus 12 o 13 años con un grupo de amigos del liceo y del barrio que, por alguna extraña razón que Federico no recuerda, y al mejor estilo de las grandes historias épicas, se hacía llamar La Hermandad. "Ese grupete fue el grupo seminal para todo lo que hice en mi vida después en cuanto a filmar. Éramos un grupo de gente que tenía las mismas ambiciones medio disparatadas; todos con un fanatismo por el cine, la música, la actuación y muchísima pasión por Hollywood".

Ese grupo de adolescentes cinéfilos empezó a filmar "películas". Hicieron una serie de superhéroes llamada Super Pelmazo y cortometrajes que estrenaban en sus cumpleaños. "Hacíamos realmente toda la alfombra roja en el cumpleaños, no hacíamos nada muy espectacular pero forzábamos a nuestros padres a que se sentaran a ver el corto, nos reservábamos la primera fila de la tele para nosotros que éramos los cineastas, jugando a Hollywood cien por ciento. Fue un hobby que de alguna manera se fue transformando en una profesión, pero sin saberlo ni siquiera". Todos los integrantes del grupo terminaron trabajando en áreas relacionadas con el mundo audiovisual: actores, músicos, publicistas. "Ahora miro hacia atrás y es fascinante lo prolíficos que éramos para lo chicos que éramos, la cantidad de cosas que constantemente estábamos inventando, creando y filmando. Creo que mucho de mi entrenamiento original, todo lo que aprendí a hacer en cuanto a filmar sale mucho más de ahí que de cualquier preparación académica que pude tener eventualmente".

Reafirmar la vocación

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Como eran un colectivo de amigos, todos hacían de todo, pero cuando produjeron Super Pelmazo 3, Federico apareció por primera vez en los créditos como director: "Un crédito en un pedazo de papel de una cuadernola que decía 'Dirigido por Federico Álvarez'", aclara. "Esa es una de las primeras veces que puedo confirmar, sin que la memoria me traicione, que claramente mi ambición en ese momento era dirigir, porque a los 15 años me tomé la molestia de hacer un logo y escribirlo en una cuadernola que dijera eso. Lo venía haciendo desde hacía más tiempo pero ahí es como que empiezo a entender un poco el concepto de lo que es el rol de dirigir y llevar adelante todo el proceso de contar una historia con la cámara".

Hacer películas lo apasionaba tanto como mirarlas. Creció inmerso en el cine de los años ochenta, entre íconos como Star Wars y Volver al futuro (una de sus películas favoritas hasta hoy), directores como Steven Spielberg y Robert Zemeckis y un auge del cine de ciencia ficción y de terror. Los videoclubes del barrio eran la gran fuente de entretenimiento y aprendizaje para él y sus amigos. Con esta marcada vocación por el cine, parecía indiscutible que el siguiente paso de Federico sería estudiar la carrera de comunicación, pero, como en las películas, antes debía enfrentarse a un gran obstáculo.

La gran decisión

Fede Álvarez dice que terminó el liceo "medio a las patadas", fue al Nº 28 de Pocitos, pero le quedaron unas materias y las terminó en el Zorrilla. No tenía dudas sobre lo que quería seguir estudiando, pero sus padres sí. "Tenía claro que quería filmar y dedicarme a hacer eso, no solo porque me encantaba sino porque además mi viejo era el director de la carrera de comunicación en la Universidad Católica y naturalmente quería hacer eso".

Corría 1997 y la industria audiovisual uruguaya era muy diferente a la actual: "Pensar en trabajar en audiovisual era un poco disparatado, como un sueño". Su padre, que veía lo difícil que era para los estudiantes de comunicación conseguir trabajo, no quería que su hijo pasara por lo mismo. "Recuerdo vivir una adolescencia y una infancia donde nunca había un mango para nada y claramente mi viejo no quería que yo estuviera corriendo el peso a fin de mes todo el tiempo, entonces se plantó con que hiciera cualquier cosa menos comunicación. Ese fue el mandato", aunque suene paradójico. Así que hizo oídos sordos por un tiempo a su vocación y se anotó a estudiar otra de sus pasiones: ingeniería en sistemas. Pero su amor por las computadoras estaba vinculado al mundo de los videojuegos, quería hacer animación y aprender a diseñarlos, y pronto se dio cuenta de que la carrera no estaba orientada a eso. "Hice tres semestres en ingeniería en sistemas en la Católica y al tercero me di cuenta de que era el más tarado de la clase. No sé cómo me costó tanto darme cuenta pero era realmente el más lento, al que más le costaba. Todos los demás eran unos genios en matemáticas y yo no lo era. Igual sobreviví, pero al final me di cuenta de que no era para mí". A mitad de año abandonó la facultad —decisión que no le gustó en lo más mínimo a sus padres— y empezó a buscar trabajo. "Para ese momento mis viejos pensaban que era un tiro al aire". Trabajó unos meses en un edificio de Antel indexando partes obsoletas de computadoras y luego terminó en el departamento de Necrópolis de la Intendencia, pasando los datos de los cementerios de Montevideo de libros gigantescos a la computadora. "Tenía que buscar los nombres, dónde estaba el muerto, en qué nicho, en qué cementerio y hacía eso ocho horas por día en un sótano sin luz de la Intendencia". Sin embargo, esa experiencia le hizo apreciar más su trabajo actual, que sabe que no es muy accesible a cualquier mortal. "Todos los días agradezco, justo porque sé lo que es pasar las ocho horas en un lugar que es completamente lo que no querés hacer, que no te está llevando a ningún lado". Cuando terminó el año le volvió a decir a sus padres que quería estudiar comunicación. Se dieron cuenta de que de verdad era lo que le gustaba y lo apoyaron. "Ahí fue cuando las cosas comenzaron a mejorar. Empecé en la Católica a estudiar comunicación y me encontré en lo mío, de golpe me di cuenta que tenía una experiencia y un conocimiento de lo audiovisual que venía desarrollando desde muy muy muy chico".

En esa época de estudiante comenzó a hacer videoclips. El primero fue para la banda Cleptodonte. Los chicos de Snake vieron su video, les gustó y se contactaron con él para que dirigiera el video de la canción Suicida. "Fue la primera vez que filmé en mi vida con un presupuesto, eran 800 dólares, un disparate en ese momento". Al terminar la facultad comenzó a trabajar en la productora Paris Texas, donde dirigió comerciales —aunque dice que nunca fue muy bueno— y donde desarrolló el video que catapultaría su carrera: Ataque de pánico.

El llamado a la aventura


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Diciembre de 2009. Montevideo invadida por robots. Sus edificios emblemáticos en llamas, gente corriendo por la ciudad con la música de Snake digitando el caos. Así se presentaba el videoclip Ataque de pánico. Ese video que de la noche a la mañana se volvió viral en Los Ángeles (al parecer gracias al rapero Kanye West que lo encontró en internet y lo posteó en su blog) lo llevó a volar a la meca del cine una semana después a fin de firmar su primer contrato con el mismísimo Sam Raimi para hacer una película. Pero no se quedó en Estados Unidos, volvió a Uruguay y se puso a trabajar junto con su amigo Rodo Sayagués en el guion de Posesión infernal (Evil Dead), una remake de la obra del propio Raimi, su mentor en Hollywood. Dejó de lado todos sus trabajos en el medio local y se concentró 100% en escribir el guion. "Viví unos años que eran un poco bizarros porque vivía en Montevideo, pero trabajaba para Hollywood". Siempre cuenta la anécdota de estar en la caja de un supermercado y al mismo tiempo hablando por teléfono en inglés discutiéndole a alguien por qué no quería a Matt Damon en una película. Estuvo entre esos dos mundos durante tres años hasta que en 2013 se mudó definitivamente a Los Ángeles. "Realmente había puesto toda la carne en el asador y todas las fichas a Hollywood cuando surgió la posibilidad, y por suerte se dio que logré hacer una película". No solo logró hacer una, sino dos y ambas de distribución mundial y con éxito de taquilla. Posesión infernal (2013), con un presupuesto de 17 millones de dólares, alcanzó casi los 100 de recaudación en el mundo, mientras que No respires (2016), con un presupuesto de 10 millones de dólares, superó todas las expectativas al recaudar más de 150 millones. En ambas películas participó del guion y estuvo a cargo de la dirección.

Pero el éxito alcanzado no fue producto ni de la suerte ni de un milagro, sino de saber aprovechar las oportunidades y estar preparado para poder hacerlo.

Había leído mucho y había visto cientos de películas, sabía filmar y sabía escribir guiones. Por eso, cuando la propuesta de hacer una película golpeó a su puerta, pudo afrontar el desafío y adaptarse al exigente mercado.

Posesión infernal les abrió muchas puertas a él y a Rodolfo, y tenían cierta libertad para elegir. La mayoría de las puertas las cerraron a propósito porque no querían trabajar como empleados para un estudio cinematográfico haciendo películas que, si bien eran grandes, no eran suyas. "Con Rodo queríamos seguir escribiendo nuestras cosas y ser más autores de nuestro trabajo". Pero haber hecho una película exitosa no les garantizaba nada y elegir un nuevo proyecto no era tarea sencilla. La cresta de la ola los iba abandonando, así que decidieron crear ellos mismos un proyecto en el que trabajar.

Cruzar el umbral

No respires es el producto de esa necesidad de crear. Escribieron el guion sin que nadie les pagara por ello, lo terminaron, se lo mostraron a Sam Raimi, a quien le gustó, consiguieron financiación, desoyeron los consejos de agentes y managers y la hicieron.

Contra todo pronóstico No respires fue un éxito mucho más grande que su hermana mayor y conquistó mercados tan distintos como el estadounidense, el de Corea del Sur y el de la India, al punto de que Bollywood compró los derechos para hacer una remake. La película tuvo muy buena respuesta de la audiencia, pero también de la crítica, cosa poco habitual cuando de cine de género se trata. "Haber logrado que la crítica la aceptara como una película seria es algo bastante soñado y bastante extraño".

Hay equipo

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El proceso de trabajo que utilizan con Rodolfo es el mismo desde que son muy chicos: se juntan en el living o en un bar, hablan de la historia como si los personajes fueran amigos suyos y crean el mundo de la película basados en esas charlas. Una vez que tienen claro cómo es la trama, se sientan a escribir. "Miramos películas, leemos libros, todo lo que nos pueda inspirar a la hora de pensar en cine. Son ocho horas al día que nos juntamos a trabajar en la mesa con una computadora y a hacer garabatos en un pizarrón", cuenta, y así a la distancia despierta un poco de envidia su rutina laboral.

La idea original los tiene que enamorar y entusiasmar lo suficiente como para trabajar dos años en ella, tiempo aproximado que lleva producir un filme.

Llevarla del papel a la pantalla implica tener conocimientos técnicos pero también de liderazgo. "En una película tenés 80 o 100 personas trabajando para vos en diferentes áreas. Tenés el desafío de ser un buen líder y poder entusiasmar a todo tu equipo, que crean en la historia, porque si la gente que trabaja contigo no cree en vos y en la historia, no van a dar lo mejor de sí y la película va a sufrir", explica Federico.

El legado

Federico vive con su esposa (diseñadora industrial) y su hijo Lucas, de 2 años. En su tiempo libre tiene muchos hobbies que compiten con su vida laboral pero que no puede dejar de hacerlos: compone y toca música, arma drones, diseña niveles de videojuegos y colabora en proyectos de amigos.

Dice que dejar el país no le fue tan difícil porque muchos de sus amigos viven en Los Ángeles. La idea de volver a Uruguay siempre está presente, pero por ahora solo lo hace al menos una vez al año para visitar al resto de su familia, incluidos sus padres. "Mi padre siempre fue un apasionado del cine y mi madre una apasionada de la música. Fue mi profesora de piano y mucho de lo que hago es muy musical. Mi manera de encarar las películas, las historias, tiene una cadencia muy musical que es la manera en que lo razono y lo pienso. Así que los dos están muy contentos de que me dedique a algo que les gusta muchísimo a ellos también. Hago algo que es una extensión de las pasiones de mis padres". El niño creador de aventuras en VHS se convirtió en un ejemplo de que, con perseverancia, pasión y una pizca de suerte, anything is possible.

Desde adentro pero por fuera

En Hollywood se trabaja de muchas maneras, pero básicamente se distinguen dos: como empleado de un estudio o como freelance. En el caso de los directores, esperan a que les acerquen proyectos o, si también son guionistas, los crean ellos. Este es el caso de Fede, que suele trabajar en conjunto con Rodo. Trabajar por fuera del estudio les permite una mayor independencia creativa, pero también los enfrenta al estrés de la incertidumbre laboral. Hasta último momento no saben si salen los proyectos. "La industria acá es como cualquier otra industria, se trabaja de lunes a viernes, la gente se va a las siete u ocho de la tarde para la casa, y sábados y domingos nadie hace nada que tenga que ver con películas. Es como la industria textil, pero en este caso se producen películas y televisión, y se hace en un formato superempresarial".

Lo que se viene

Como la concreción de ninguna película es segura hasta que se está filmando, Fede Álvarez no puede darnos muchos detalles del guion en el que está trabajando actualmente junto con Rodo Sayagués y el guionista inglés Jay Basu: la secuela de La chica del dragón tatuado. Lo que sí ya salió en algunos medios es la noticia de la creación de su propia productora junto con Good Universe, llamada Bad Hombre (en "honor" a una de las expresiones utilizadas por Donald Trump en su campaña para referirse a los inmigrantes hispanos). La productora se centrará en el cine de género, y se destacarán la ciencia ficción, el horror y el suspenso.