Final sin sonrisas en el Prado

Columna de opinión en El Observador Agropecuario
Esta vez no se puede hacer el ejercicio periodístico de medir el alcance de los discursos de cierre de la mayor muestra de la ganadería del país por los aplausos. Porque por más que los ministros de Ganadería que han pasado por la tribuna del Prado juegan de visitantes, en esta 111ª edición la balanza se torció en forma desmedida.

Es que hubo 25 interrupciones con aplausos en la oratoria de 33 minutos del presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), el anfitrión Ricardo Reilly, y tan solo una en los 24 minutos que habló el titular del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Tabaré Aguerre.

Lo que sí se puede hacer es reseñar los temas que lograron despertar los aplausos en el palco de la Rural. A los dos minutos de comenzar su oratoria, Reilly fue interrumpido cuando dijo que el campo y la ciudad se dan la mano aunque algunos no quieran verlo. Y al minuto, al redondear la idea de que hay que trabajar juntos, recibió otro aplauso.

Reilly fue aplaudido también cuando saludó los 50 años del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) y, dos veces seguidas, cuando habló de la crisis de la lechería. Luego lo interrumpieron cuando habló de un alto precio del gasoil para la producción y, al mismo tiempo, la sociedad debe cubrir las pérdidas de ANCAP.

Otro aplauso se ganó Reilly cuando afirmó que no se respetó el espíritu de la reforma tributaria y también cuando aseguró que la ideología primó sobre la sensatez y el pragmatismo, en medio de una dura crítica a la política tributaria del gobierno. Y enseguida fue aplaudido cuando remarcó que no se puede usar las tarifas públicas como medio de recaudación.

En alusión al pago de las haciendas, Reilly dijo que no puede ser que esforzarse más signifique recibir menos y también fue interrumpido con aplausos, así como recibió tres aplausos consecutivos cuando alertó al gobierno sobre el estado calamitoso de rutas y caminos rurales, los riesgos que ello supone para la vida de las personas y los pedidos de UPM para que se hagan obras de infraestructura debido a esa realidad.

Tres aplausos recibió el presidente de la ARU al subrayar la mala administración y el déficit fiscal, la necesidad de nombrar gente capaz en la función pública y el facilismo de solo buscar recaudar más. Y dos aplausos más cuando abordó el tema de la integración al mundo, donde Reilly dijo que las ideologías condenan a Uruguay y atentan contra el desarrollo del país.

El abigeato y, sobre todo, la necesidad de terminar con la impunidad de los delincuentes, la necesidad de una reforma educativa, donde el país quedó rezagado y condena al fracaso a las nuevas generaciones recibió otros dos aplausos.

El palco de la Rural sostuvo a Reilly con dos aplausos consecutivos cuando se emocionó al recordar que era su último discurso como presidente de la ARU, y otros dos cuando dijo que hay que enaltecer el papel empresarial y a la familia rural. Cuando terminó se escuchó el aplauso más largo y cálido, que duró casi un minuto.

Mientras habló Reilly se vio al ministro hacer anotaciones, esperando su turno para pararse frente al atril. A muchos no les sorprendió esa actitud porque es habitual en Aguerre. Sin embargo, en uno de los discursos más cortos que pronunció desde que asumió en marzo de 2010 (y reasumió en marzo de 2015), se vio que había dejado de lado su idea original fastidiado y utilizó casi todos los 24 minutos para replicar las palabras de Reilly.

Aguerre reivindicó la ética de decir lo que se piensa y hacer lo que se dice, habló de construir coherencia, defendió los logros de su gestión, confrontó la ética de las convicciones con la ética de las responsabilidades. Pero solo logró un tibio aplauso cuando salió en defensa de los funcionarios públicos que contribuyeron al desarrollo del país a lo largo de la historia.

Si bien al cerrar su oratoria Aguerre pidió seguir trabajando juntos para resolver los problemas que enfrenta el agro, el telón del Prado se bajó sin sonrisas.

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