Financiamiento sin aumentar déficit

El recurso a créditos de organismos multilaterales para mejorar la infraestructura es una perspectiva para reactivar la economía

El recurso a créditos de organismos multilaterales para mejorar infraestructura y generar actividad y empleo, sin que incida en el déficit fiscal, es una perspectiva provechosa para reactivar una economía que se tambalea entre el estancamiento y la recesión. La opción integra el concepto de “austeridad inteligente”, delineado hace ya tiempo en el Foro Económico Mundial por el director ejecutivo de Ceres, Ernesto Talvi, y ya adoptado por el gobierno de Colombia. Uruguay no puede incrementar el déficit fiscal con endeudamiento sin poner en peligro la estabilidad, el grado inversor y el vital ingreso de inversiones externas. Pero Talvi explicó a El Observador que es posible que con el aval y el asesoramiento técnico de los organismos multilaterales, sus créditos no sean computados por el Fondo Monetario Internacional y las calificadoras del riesgo como deuda que aumente el déficit, por no ser gasto sino inversión para el crecimiento.

Es aconsejable que el gobierno investigue con los organismos esta posible fórmula de financiamiento, con más visión y eficacia que la mostrada con los parches de dos sucesivos ajustes fiscales defectuosos e insuficientes, primero a través de las tarifas públicas y ahora mediante aumento de impuestos a los salarios. Son manotazos de emergencia, inevitables aunque mal orientados, para corregir errores de las dos administraciones previas del Frente Amplio pero que no solucionan las debilidades de fondo de una economía en dificultades. El curso propuesto por Talvi no es el único, pero puede ser accesible más rápidamente que el flujo de inversión privada externa a la que apuesta el gobierno. Incluso el respaldo de organismos multilaterales, si se lograra, ayudará a generar una confianza inversora del sector privado que por ahora viene en declinación.

Los dos requisitos fundamentales para el bienestar de todos son democracia plena y manejo eficiente de la economía. Uruguay lidera a la región y está entre la exclusiva veintena de países del mundo considerados plenamente democráticos. Pero este galardón generado por su sistema político contrasta con una economía que naufraga bajo el peso de la ineficacia gubernamental. Los dos gobiernos anteriores de la alianza de izquierda cayeron en la imprevisión de gastar todo lo que entraba en una década de bonanza exportadora. El primero se embarcó en planes de asistencia social que costaron más de lo necesario por falta de controles por el Ministerio de Desarrollo Social. El segundo mantuvo ese curso y le agregó la trabazón de tener dos equipos económicos paralelos, cuyos objetivos encontrados contribuyeron a desbaratar un manejo más coherente y razonable de la economía.

El tercero se ha equivocado con los ajustes fiscales. Su formato está mal encarado, al omitir la preferencia natural de bajar drásticamente el gasto público y optar, en cambio, por castigar a los usuarios de servicios públicos y a los asalariados, o sea a la casi totalidad de la ciudadanía. Pero tiene ahora la oportunidad y la obligación de actuar con más tino, siguiendo el curso señalado por Talvi y aplicado por Colombia. El respaldo de los organismos multilaterales con créditos y ayuda técnica que no aumente el déficit fiscal es, si se logra, un camino más idóneo, sólido y de largo plazo como complemento y aliento para la inversión privada, impulsando el país hacia una reactivación que por ahora es solo una tenue esperanza.


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