Floripa, caipirinha y coliformes

Lo que no sabe la mayoría de los turistas uruguayos que llega a Florianópolis es que muchas de sus playas están contaminadas.

En el imaginario colectivo oriental las vacaciones en Brasil son sinónimo y casi que garantía de playas con aguas cálidas y bastante cristalinas, temperaturas agradables, camarões y peixe en abundancia, caipirinha, jolgorio y un clima de alegría general que no siempre se da en la costa uruguaya.

Con esa idea en la cabeza (o algo similar a ella), y con un cambio que esta vez nos favorece, cientos y cientos de uruguayos llegan en estas semanas a Brasil, y sobre todo a Florianópolis. Pero lo que la mayoría no sabe, y probablemente ni se lo imagina, es que muchas de esas playas cálidas y cristalinas de Santa Catarina están contaminadas.

Resulta que el primer informe del año de un organismo público llamado Fatma (Fundação do Meio Ambiente de Santa Catarina) dice que 35 de 75 puntos analizados en las playas de Florianópolis (¡casi la mitad!) son “impropios” para el baño. En el resto de Santa Catarina el panorama es algo mejor: hay 137 playas aptas para baño de un total de 208.

Yo me enteré de todo esto casi al final de mis vacaciones en Praia dos Ingleses, en el norte de la isla.

Que las playas sean “impropias” para baño significa que en el último análisis se encontró más de 2.000 coliformes fecales por cada 100 mililitros de agua (lo que parece que es mucho). O que en las últimas cinco semanas más del 20% de las muestras dieron valores superiores a 800 coliformes cada 100 mililitros.

En la popular playa de Canasvieiras, por ejemplo, todas las muestras tomadas resultaron con mayor contaminación de la aceptada y el Fatma recomienda no bañarse allí. Se trata de la playa preferida por uruguayos y argentinos.

Otras playas, como Ingleses, tienen solo algunos puntos impropios para el baño. En este link se puede ver en cuáles playas se recomienda bañar y en cuáles no.

Por estos días en los diarios de Santa Catarina el informe del Fatma y sus repercusiones es tema casi excluyente. Se pueden leer historias de intoxicaciones de los bañistas, un alarmante aumento de los casos de virosis con vómitos y diarreas y la obvia preocupación de los empresarios turísticos.

Mi historia es similar a lo que cuentan algunas de esas crónicas. A los dos días de haber llegado sufrí horas de desagradables náuseas. A mi mujer le pasó lo mismo y solo se salvó mi hijo de dos años, quien casi no tocó el agua de la playa: el nene le tiene miedo a las olas.

En el hotel buena parte de los pasajeros se sintió mal en algún momento. Este era el tema cantado de conversación en ascensores, pasillos, a la hora del café da manhã o de la cena.

En la farmacia del barrio la gente pedía remedios para náuseas y vómitos.

Resulta increíble que una isla que vive del turismo no haya resuelto el tema del saneamiento y que sus autoridades no se preocupen lo suficiente por mantener limpias las playas, que es –en definitiva- lo que venden al turista.

Es posible que en este ítem, mantener las playas limpias, le llevemos algo de ventaja a los brasileños.

Claro, en otros temas tenemos mucho que aprender. Por ejemplo, en la atención rápida y eficiente al turista. O en el uso de la tarjeta de débito: en Brasil la han incorporado hasta los vendedores ambulantes en las playas.

Y ni hablar del cambio de horario. Los empresarios turísticos uruguayos –siempre rápidos para subir los precios- podrían mirar cómo sus pares brasileños se preocupan por vender y no por hacer lobby contra esa hora de sol que, se supone, les hacía perder tanta plata.

Pero todo lo bueno que tiene Brasil, desde la caipirinha hasta la tarjeta de débito en la playa, se ve empañado si el agua tiene caca.

 

Actualización: El último día de las vacaciones finalmente mi hijo se animó a bañarse en el mar. Casualidad o no, en el avión de regreso a Montevideo empezó con un proceso de diarrea que ya lleva cuatro días. En tanto, el Fatma publicó el viernes 15 un nuevo informe, algo más positivo que el anterior. La mayor o menor contaminación de las playas, explican algunos expertos, depende de la intensidad de las lluvias los días anteriores a los controles.


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