Forma perjudicial de subsidio

La propuesta del Mides para impedir que se retiren las asignaciones familiares a los hogares que manden a sus hijos a centros educativos es un pésimo curso
Desde su creación al comienzo de la era del Frente Amplio en el poder, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) ha funcionado con altibajos. Contribuyó a la acentuada caída de la pobreza y la indigencia pero le faltó orden y control en los subsidios dispuestos para los sectores de menores recursos. Ahora vuelve a tropezar en su intento de impedir que se retiren las asignaciones familiares a los hogares que no cumplan la contrapartida de mandar a sus hijos a centros educativos. Aunque esta exigencia está dispuesta por ley, Ana Olivera, premiada con la subsecretaría del Mides pese a su pobre gestión previa como intendenta de Montevideo, anunció que su ministerio planteará al gobierno eliminar en forma total el requisito.

Es un pésimo curso, como lo confirma la reacción adversa de dirigentes del oficialismo y la oposición y del sector educativo. Puede haber contadas instancias en que se justifique tomarlo, como el informado caso de una adolescente de 17 años que abandonó el liceo porque su madre consiguió un trabajo y la joven debió hacerse cargo del cuidado de sus dos hermanos pequeños. Situaciones excepcionales de ese tipo tal vez justifiquen ser contempladas. Pero borrar en forma total el condicionamiento del pago del subsidio a que sus beneficiarios estudien es contraproducente por donde se lo mire. La ley que lo dispuso en algo ha servido para combatir la ignorancia en muchos niños y adolescentes que crecen en entornos familiares desfavorables. Mantener la obligación de estudiar a cambio de un subsidio contribuye, aunque sea en pequeño volumen, a combatir la pobreza educativa del sector público, uno de los problemas más críticos que enfrenta el país. Ayuda también a alejar la tentación de la droga y del delito en que frecuentemente caen.

Por otra parte, si esos hogares siguieran recibiendo pagos aunque sus hijos no estudien, las asignaciones se convertirían en otro subsidio más perjudicial que beneficioso, como ocurrió con los muchos entregados por el Mides, especialmente en sus primeros años de funcionamiento cuando flaqueaban los controles. Durante el año pasado se le retiró el pago de asignaciones a 11.334 padres que no cumplieron con enviar o mantener a sus hijos en escuelas y liceos. El gobierno ha informado que este año revisará todo el sistema de subsidios en dinero que concede actualmente a los sectores más pobres, como parte de una reorganización de sus planes de asistencia social.

El presidente Tabaré Vázquez anunció que, como parte de esa revisión, se lanzará un nuevo programa para reducir aun más la pobreza extrema y la indigencia. Datos del Instituto Nacional de Estadística sitúan en 9,4% de la población a las personas en situación de pobreza, contra más del 30% hace 12 años, y en 0,2% a los indigentes. Al margen de que la metodología para medir ambos índices y la fijación oficial de niveles de ingresos en los distintos sectores están abiertas a cuestionamientos, es claramente un logro significativo. Pero los programas que conducen a estos avances deben tener fundamentos razonables, lo cual no es el caso con la entrega de subsidios sin condiciones que ahora propone el Mides y que desalientan la formación educativa y la inducción al trabajo. Como señala un viejo proverbio chino, lo importante no es regalar un pescado sino enseñar a pescar.

Acerca del autor

El Observador

El Observador