Fosas comunes: un horror que no cesa en Irak

Su aparición se convirtió en una suerte de ritual frecuente
Por Tim Arango
The New York Services


Ya había terminado la batalla en Hamam al Alil, un antiguo pueblo dedicado al turismo, que las fuerzas de seguridad del país le habían arrebatado al Estado Islámico hacía algunos días, pero un soldado iraquí seguía embarcado en una misión muy personal.

El soldado, Zaman Mijwal, estaba buscando a su hermano mayor, Munther, un expolicía al que describió como "un hombre reservado, un hombre pobre", que vivía en una aldea cercana, pero de quien no se había sabido nada durante semanas.

El circuito de Mijwal lo había llevado al tramo del camino flanqueado por dos campos de tierra. Señaló hacia un lado, donde los cadáveres sin cabeza y en putrefacción yacían en montones de basura en un lote baldío que había sido alguna vez un campo de tiro del ejército iraquí.

"Podría estar ahí", dijo con resignación, aunque de momento no encontró ninguna respuesta.
Señaló hacia el otro lado de la avenida, solo una extensión de tierra que parecía recién removida. "O podría estar allá", conjeturó.

Parecería que con cada milla de territorio que las fuerzas de seguridad iraquíes han retomado del Estado Islámico, se descubre otra fosa común. Se ha convertido casi en un ritual, y uno desesperadamente regular.

El legado de las fosas comunes en Irak es largo y se remonta a mucho antes del Estado Islámico, a los tiempos de los asesinatos a escala industrial del ex dictador Sadam Husein. Es el símbolo horrible de lo que, por décadas, fue una devastadora constante en la vida iraquí: las desapariciones de personas dentro de la maquinaria del despotismo.

Para los iraquíes, el Estado Islámico, para el que la fosa común es tanto una parte de su infraestructura como lo son las improvisadas prisiones y las casas donde tiene a los esclavos, es solo una forma nueva de tiranía con vínculos directos al régimen de Husein. Muchos exfuncionarios de las fuerzas de seguridad de Husein ocupan posiciones muy altas del Estado Islámico, e imitan las tácticas de quien fue el dictador.

En los últimos tiempos, con el Estado Islámico bajo presión de las fuerzas de seguridad iraquíes, su crueldad se disparó: muchas de las fosas comunes se descubrieron hace poco, la mayoría en Hamam al Alil, y contienen los cadáveres de lugareños. La mayoría de las personas sepultadas eran miembros de las fuerzas de seguridad, a los que ejecutaron apenas en las últimas semanas, después de que comenzó la campaña de Mosul.

Están quienes, como Yamal Abul Yunis, se cuentan entre los afortunados. Yunis fue policía en Hamam al Alil, a quien también habían marcado para ejecutarlo, pero sobrevivió al esconderse en un agujero, en el piso de tierra de su casa, oculto por un aire acondicionado. Del tiempo que estuvo escondido, dijo: "Cada hora era como un año".

Ahora, es solo uno entre los sobrevivientes de los asesinatos del Estado Islámico en Haman al Alil. Una noche, hace cerca de ocho semanas, dijo, observó desde su azotea cómo llegaron ocho minibuses hasta el área donde se descubrió la fosa común, y escuchó un balazo tras otro.
"Yo vi a Daesh enterrar 200 cuerpos por aquí", dijo, usando el acrónimo en árabe para el Estado Islámico.

La estimación del gobierno indica que mataron a aproximadamente 100 personas en Hamam al Alil. Sin embargo, Human Rights Watch, tras realizar su propia investigación, cree que las víctimas de asesinatos en ese lugar rondaron las 300 personas.

En los días previos a los asesinatos, contó, extremistas del Estado Islámico habían llevado de aldeas a cientos de personas cercanas hasta Hamam al Alil, utilizándolas como escudos humanos contra la posibilidad de ataques aéreos estadounidenses.

Los pobladores recitaron versos del Corán y rezaron para que Dios los protegiera de las milicias chiitas y del ejército de Irak.

Luego, separaron a quienes fueron policías, muchos de los cuales después de que el Estado Islámico conquistó las tierras hace más de dos años, se arrepintieron de su servicio e hicieron la paz con sus nuevos gobernantes.

Ahora, cuando las fuerzas gubernamentales montaron la ofensiva para reclamar estos territorios, el Estado Islámico los vio como espías potenciales y ordenó que los mataran para evitar que se uniesen a las fuerzas de seguridad.

"No puedo creer que todavía esté vivo", dijo Yunis.

Para los iraquíes, el dolor de no saber puede ser el peor de todos. La Comisión Internacional sobre los Desaparecidos, una organización con sede en Países Bajos estimó hay un millón de desaparecidos en la historia reciente.

Eso comprende la guerra entre Irán e Irak, los asesinatos ordenados por Husein después de un levantamiento chiita en 1991, los ataques del gobierno iraquí con un arma química contra los kurdos a finales de los 1980, y la guerra civil de la última década.

La Comisión advirtió en su sitio web que hay "millones de parientes de desaparecidos en Irak que batallan con la incertidumbre que rodea al destino de un ser querido".

A donde quiera que se vaya en Irak, especialmente en el sur, donde dominan los chiitas, si se toca casi en cualquier puerta, se escuchará una historia de un ser querido perdido y, algo improbable, lo que queda de esperanza.

Por ejemplo, Nihad Yawad, una maestra de la ciudad sureña de Hilla, dijo que una noche de 1991, su hermano salió de la casa y nunca volvieron a saber de él. Escuchó todo tipo de rumores, pero lo único concreto es la brutalidad del Estado Islámico en este nuevo capítulo de una historia negra.


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