Fracaso de la marihuana legal

El llamado a "revisar el rumbo" de haber legalizado la marihuana es fortalecido por los obstáculos contra la aplicación de la ley

El oportuno llamado del presidente de la Cámara de Diputados a “revisar el rumbo” de haber legalizado la marihuana se ve fortalecido por los obstáculos que siguen obstruyendo la puesta en marcha de una ley perniciosa para la salud física y social. A más de cuatro años de que el entonces presidente José Mujica pergeñara su infortunada iniciativa, el comienzo de la venta en farmacias a consumidores registrados sigue a los tumbos. Una causa puntual es la larga huelga en el correo estatal, a quien le corresponde armar el complicado registro de adictos. Incide más la negativa de la gran mayoría de las farmacias del país a vender el estupefaciente, tanto por sólidas objeciones morales como por temor a ser víctimas de represalias violentas por narcotraficantes que vean amenazado su negocio. De las 1.200 farmacias que funcionan en Uruguay, apenas unas pocas decenas han aceptado expender la droga.

Uno de sus principales argumentos es el absurdo de que establecimientos dedicados a proveer de fármacos para curar empiecen a vender libremente un estupefaciente probadamente dañino para la salud. El titular de Diputados, el nacionalista Gerardo Amarilla, enfatizó esa objeción de las farmacias al señalar la contradicción de que establecimientos que expenden “productos buenos para la salud” tengan que vender una droga que la perjudica. Amarilla ha pedido informes a varios ministerios sobre los peligros que conlleva el consumo legal de marihuana con fines recreativos. Señaló la ausencia de programas educativos para combatir la drogadicción, contrariando lo dispuesto en la ley que reguló el mercado de cannabis. Explicó que “se está dejando para lo último lo que tendría que estar primero, es decir, la educación”.

La marihuana es el estupefaciente de mayor consumo en el mundo, superada solo por el alcohol en primer lugar y el tabaco en el segundo en el espectro de productos clasificados como drogas. Sus efectos son menos graves que los de otros estupefacientes como la heroína, la cocaína o las drogas sintéticas que ya se consumen en abundancia en el país. A diferencia de esos otros productos, es difícil que alguien muera por una sobredosis de marihuana. Pero está comprobado en forma irrefutable que afecta los reflejos, receta segura de accidentes de tránsito cuando se maneja bajo sus efectos. Y el consumo habitual produce inevitablemente daños cerebrales, disminuyendo la capacidad de pensamiento y aprendizaje. Ya el papa Francisco advirtió hace tiempo que “la droga no se vence con la droga”, y que es un profundo error “pensar que se pueda reducir el daño consintiendo el (libre) uso de psicofármacos”.

Los obstáculos que demoran desde hace años la implementación de la ley que legalizó el consumo de marihuana son evidencia sólida de su inconveniencia. Es inexplicable que el presidente Tabaré Vázquez, abanderado en la defensa de la salud de los uruguayos con su lucha contra el tabaco y el consumo excesivo de alcohol, siga sin intervenir para deshacer el entuerto que le legó su antecesor, que fracasó en su creencia de que al legalizar la marihuana se combatiría el consumo de pasta base. Como reclamó Amarilla, corresponde al presidente poner en marcha los resortes legales para derogar una ley que induce a la drogadicción en vez de combatirla y que atenta contra la salud pública.


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