Francisco: El papa de la gente

“La parroquia no puede convertirse en una prolija estructura separada de la gente”

Francisco se convirtió en el 266o sucesor de Pedro, el primer latinoamericano conductor de la grey católica y también el primer jesuita. Fue elegido tras la inesperada renuncia de Benedicto XVI por motivos de salud. El mundo enseguida conoció que Jorge Bergoglio nació en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936. De origen familiar italiano, al momento de ser elegido como sumo pontífice era cardenal arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina, el primer latinoamericano de la historia.

Como es tradicional, el nuevo papa eligió un lema que impregnará toda su tarea como vicario de Cristo: "Y mirándolo con misericordia lo eligió". Es la elección de san Mateo, cuando Jesús mira al que será uno de sus discípulos y evangelista.

Por otra parte, Bergoglio se convierte en el primer papa Francisco, en honor al santo y como forma de universalizar todos los carismas. San Francisco es el santo de la humildad, de la ecología y de la preocupación por los pobres.

Desde el primer momento sus gestos han reflejado la humildad y austeridad que predica. Rechazó recibir el rito de obediencia de los cardenales sentado en el trono tras su designación. Lleva cruz pectoral de plata dorada, al igual que el anillo del pescador, que no luce siempre. La cruz tiene la imagen del pastor con la oveja sobre los hombros.

En los tres primeros años de su papado, Francisco ha demostrado que también le gusta mucho el trabajo con los jóvenes, y a los pastores les pide que tengan "olor a oveja", en alusión a los sacerdotes.

Es hijo de un ama de casa y un empleado de ferrocarril italianos, y socio del club San Lorenzo de Almagro. Tiene un buscador de internet creado por dos feligreses argentinos y es el protagonista de una aplicación infantil. Se graduó como ingeniero químico antes de convertirse en sacerdote, integrante de la Compañía de Jesús. Es coautor del libro Sobre el Cielo y la Tierra. Vive con un solo pulmón desde los 20 años y ahora reside en la habitación 201 de la Casa Santa Marta.

Su estilo cercano y su excelente manejo de los medios de comunicación le han convertido una persona muy popular, al tiempo que sobre sus hombros recae la esperanza de una mayor apertura de la Iglesia católica. Sin embargo, de momento el papa "no ha cambiado la letra pero sí la música", como resumía la revista Time cuando en diciembre de 2013 lo eligió personaje del año.

En marzo de 2014 la editorial Mondadori lanzó Il mio papa, la primera publicación semanal dedicada en exclusiva a su figura. Una de sus frases más recurrentes ha sido: "Yo no he elegido ser papa; y no necesito lujo, sino estar con la gente". Un dato refrenda ese deseo en una época donde la tecnología y las comunicaciones dominan el mundo: Francisco posee una cuenta de Twitter con 12 millones de seguidores.

Francisco, quien eligió el nombre del santo de los pobres, pide "una Iglesia de los pobres y para los pobres". Y, además, una Iglesia alegre. Su primera exhortación apostólica se tituló La alegría del Evangelio y en ella instó a los católicos a poner en marcha "la revolución de la ternura". Persigue una etapa que se caracterice por la alegría, la renovación, el diálogo y el encuentro de una Iglesia con las puertas abiertas.

Hacia adentro de la Iglesia católica, las preocupaciones de Francisco pasan por "ordenar la casa" con transparencia luego de acusaciones de fraudes económicos y financieros y curas pederastas, además de tener posiciones firmes sobre cómo deben conducirse el clero y los laicos en el mundo.

Hacia fuera, sus preocupaciones pasan por el rechazo a las guerras y al terrorismo, y también le inquietan las consecuencias que estas realidades provocan: muertes, emigrados y refugiados que intentan escapar de esa situación.

Desde que inició su papado tiene una gran apertura en todos los temas candentes de la Iglesia, como el de los divorciados y los homosexuales. Exhorta a tratarlos con la mirada de la misericordia, abrir la cabeza y pensar que son todos hijos de Dios. Por eso declaró 2016 como el año de la misericordia.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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