Frentes abiertos por dejar la OEA

La decisión del régimen de Nicolás Maduro de irse de la OEA agrava la crisis venezolana en varios frentes
La decisión del régimen de Nicolás Maduro de irse de la OEA agrava la crisis venezolana en varios frentes. Al considerarse liberada de posibles sanciones por el organismo interamericano, a la dictadura caraqueña le será más fácil seguir encarcelando opositores, asesinando manifestantes y rechazando el reclamo de prontas elecciones libres. El creciente aislamiento del país empeorará las ya angustiosas condiciones de vida de los venezolanos. Con la producción nacional hecha añicos por la desastrosa gestión corrupta del gobierno, con el acceso a mercados externos disminuido por la repulsa internacional y con la inflación más alta del mundo de 720% aumentarán las agudas carencias de alimentos, medicinas y otros artículos indispensables para una población cuyo 82% ha caído por debajo de la línea de pobreza. En el caso de los medicamentos, por ejemplo, al abandonar la OEA el país pierde los beneficios asistenciales de la Organización Panamericana de la Salud.

Pero, por otro lado, ese mismo empeoramiento de la situación interna multiplicará presiones dentro y fuera del país que pueden conducir eventualmente al fin de un régimen despótico, que solo se mantiene en el poder por el respaldo que hasta ahora le da la estructura militar. En el propio entorno chavista ya aparecen fisuras. La fiscal general Luisa Ortega, miembro del chavismo y que hace poco denunció el quebrantamiento institucional de la división de poderes, protestó ahora porque los tribunales, dóciles sirvientes de Maduro, desconocieron el reclamo de liberar a las 1.300 personas arbitrariamente arrestadas durante las masivas manifestaciones de los últimos días en Caracas y otras ciudades. En línea con la exigencia opositora de que se fije fecha a elecciones, Ortega reclamó una "salida democrática" para evitar una "confrontación bélica, una guerra civil".

No es concebible la invasión externa que Maduro denuncia a diario en sus desenfrenos orales contra Estados Unidos, potencia que, por otra parte, sigue siendo el principal comprador del petróleo venezolano. Pero no puede descartarse que, ante el derrumbe institucional y la pavorosa crisis humanitaria a los que el chavismo ha condenado a los venezolanos, organismos internacionales y sus propios socios comerciales acuerden sanciones económicas que, agregadas a la resistencia civil de la población, tornen insostenible la continuidad de un régimen convertido en paria de la comunidad mundial. Aunque su salida formal de la OEA es un proceso que llevará dos años, a todos los efectos prácticos Venezuela ya está fuera del organismo. Además está suspendida como miembro pleno del Mercosur. En el plano regional solo continúa en la Unasur, ese invento superfluo de Hugo Chávez.

Todo indica que el curso tomado por el chavismo hundirá más al país y a su población en el futuro inmediato. Pero el propio agravamiento de la crisis acercará la fecha en que desaparezca ese cáncer continental que es el ilusorio "socialismo del siglo XXI" emanado de los delirios de Chávez. La solución puede demorar, prolongando y profundizando las penurias atroces de millones de venezolanos. Pero eventualmente llegará a través de elecciones que restablezcan el estado de derecho y el respeto a los derechos humanos, condiciones perdidas en la trágica aventura en que el chavismo precipitó a Venezuela.

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El Observador

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