Frívolos abstenerse: las nuevas canciones de una banda llamada Spoon

El pop rock interesante no tiene que ser insoportable: el nuevo disco de esta banda estadounidense de cuarentones está lleno -otra vez- de canciones que parecen existir desde siempre.

Ya lo he dicho varias veces: es culpa de los periodistas musicales en general -y mía antes que de nadie- el haber cometido tantas veces el error de escribir que el disco o la canción de tal o cual banda es a la vez artísticamente relevante y accesible, cercana. Sucede que es esta combinación la que genera las canciones que verdaderamente me interesa escuchar: las que demandan un cierto esfuerzo y que al mismo tiempo no tienen una obsesión por incomodar o por decirme que son más inteligentes que yo, que no las puedo manejar. Sin ir más lejos, el término "experimental" aplica por lo general a música que de entrada, ya viene anunciada como difícil de escuchar o procesar para alguien que está buscando una buena canción y no mucho más.

Supongo que será la ilusión en la búsqueda la que hace que muchas veces uno le asigne esa condición a canciones que no la tienen. Que no serán inolvidables ni difíciles de olvidar. Por lo general, el tiempo hace caer las cosas por su propio peso y uno termina olvidando a esa música a la que confirió tales méritos.

Esto rompe más los ojos cuando aparece un disco en el que una banda logra dominar de verdad este balance. Este es precisamente el arte que maneja Spoon, una banda estadounidense fundada en Austin, la tierra del ahora más conocido en Uruguay SXSW, que es mucho más que un festival de música. Lo cierto es que Spoon se formó poco tiempo después de la muerte de Kurt Cobain y hoy ya es una rara excepción: es de las pocas bandas con más de 20 años de vida que consiguen sobrevivir con gracia y siendo realmente relevantes a nivel artístico.

Hasta el mes pasado, Spoon llevaba editados siete trabajos que testimonian uno de los pasos más extraños de una banda de rock por el mundo del pop: surgidos como un grupo más de los tantos con influencia explícita de Pixies, firman con una discográfica grande y editan un disco, para luego pasar a otra multinacional. Viven la desidia del abandono de las multinacionales y frenan el proyecto. Llega el año 2001 y tienen un nuevo disco que atrae el interés de Merge, la casa discográfica quintaesencial del movimiento del rock independiente en Estados Unidos; un sello creado por artistas en el que no se firman contratos y la palabra es lo que vale.

Spoon empieza así una vida lenta pero segura: todos los discos que integran la etapa Merge de Spoon (desde Girls Can Tell en 2001 hasta Transference, en 2010) mantienen una característica: en todos ellos encontrará al menos dos temas de esos que parecen creados desde hace mucho tiempo atrás por personas mucho más conocidas. Todas ellas tienen dos caras: arreglos adictivos cercanos por momentos al punk rock y por otros al rock a secas o a las baladas, estribillos potentes, una voz muy radial, y al mismo tiempo elementos retorcidos, estridencias o cortes abruptos que no rechinan ni quedan disociados de lo que se podría llamar la otra parte "buena" o "normal" de la canción. Britt Daniel, su cantante y compositor principal, domina el arte de hacer que en cada canción se disfruten todos los recursos que pueden incluirse en cuatro minutos de música, incluido la experencia de una canción pop capaz de pelear en cualquier ránking radial con otras opciones más estándar, más previsibles. Con una canción de Maroon 5, por ejemplo. Es decir que una banda con inquietudes menos "normales" también se las puede arreglar para competir en la cancha grande. Y no es poca cosa.

El ascenso de Spoon dentro del neurótico, hiperexpandido y menos dominado mundo de la música pop de hoy se asemeja a ese jugador de fútbol o de básquetbol poco vistoso que siempre le llama la atención a alguien, aunque los niños no elijan nunca llevar su número de camiseta. Sin embargo, con la llegada de They want my soul (primer disco que sacan con un sello nuevo) su música parece haber ganado un poco más de relevancia. Esta semana, el New York Times les dedica una nota especial y casi todos los medios de ese país -especializados y no tanto- hablan de "la banda más consistente de los últimos veinte años". No están exagerando.

They want my soul (en español "Ellos quieren mi alma") podría verse como una especie de chiste cultural interno -no sería la primera vez que Spoon se refiere sardónicamente a la industria discográfica y a sus popes- o una declaración de conciencia: encontrar un estilo propio como el de ellos es algo de lo que muchos músicos se jactan pero que muy pocos realmente han logrado. Al mismo tiempo, el trabajo es un despliegue de todos sus recursos y una exhibición más del poder ampliado del grupo: ahora con un integrante más a la guitarra han logrado sacarse de la manga canciones inolvidables como Do you (cuyop espectacular video está posteado arriba), Rainy taxi o Knock knock knock . Al mismo tiempo, Spoon logra probarse en estilos que no han intentado antes como Inside out, una verdadera gema hecha canciónEn cuanto a las letras, la materia prima de este disco en general son las memorias, y en particular, cómo algunas de ellas nos liberan y nos condenan. Un tema más que apropiado para una banda de cuarentones que si algo parecen son tipos normales, como cualquier otro de su edad.

En sí, el secreto de la música de Spoon es que es algo demasiado al alcance de cualquier tipo de escucha: después de todo, hay un alma pop, un carácter post punk y al mismo tiempo un espíritu despojado de esa sensiblería que afecta a buena parte de la música independiente contemporánea. Al mismo tiempo, la suya es una música cada vez mejor producida (en este caso están los archiconocidos Joe Chiccarelli y Dave Friedmann en ese rol) y -permítaseme el cliché- llena de sentimiento. Esa es precisamente otra de las cosas que hace al sonido Spoon extremadamente cercano y es precisamente lo mismo que vuelve irrelevante a mucha de la otra música que anda por ahí.

Sin ánimo de darle trascendencia generacional a una banda que nunca se propuso tal cosa (eso queda para otros como U2 o Arcade Fire), sí es menester decir que ojalá hubiera más bandas y músicos intentando este camino: la búsqueda de un alma musical un poco menos impostada pero trabajada con tiempo, sin apuro y sin abarcar demasiado. Y esto -por favor, déjeme insistir- es mucho más difícil de lograr de lo que parece.

 


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