"Fumo" para sobrevivir

El MSP quiere que los tabacaleros se dediquen a otros cultivos por las enfermades que produce, pero ellos -incluyendo menores- dicen que el "fumo" es el negocio más rentable
A la sombra del tabaco
El barro era el techo de Delmar Suárez y su familia cuando era niño. Bloques de tierra apilados formaban cuartos, cocina y baño. Mientras iba a la escuela, su madre cuidaba los pocos cultivos que tenían y su padre hacía changas, porque "faltaba para la olla". Era la década de 1950 y la familia Suárez no era pobre; vivía "por debajo del nivel de miseria".

Sesenta años después, Delmar, presidente de la Asociación de Tabacaleros de Artigas, recuerda su vida en Estiva, una zona rural de Artigas, sentado frente a su casa de bloque y techo de chapa, en un campo a unos 12 kilómetros de la capital artiguense. La construyó con sus propias manos gracias a su trabajo: el "fumo", como se le denomina en la frontera con Brasil al cultivo de tabaco.

A pocos metros de ahí, cinco hombres recorren a pie hectáreas de cultivos tabacaleros y cortan las hojas verdes de la planta. El sol de las 8 de la mañana de fines de enero los obliga a secarse el sudor de la frente con sus manos llenas de tierra, pero los hombres no paran. Hace dos horas que están cortando y dejan las hojas a la sombra para que no se sequen. Por la tarde, serán cosidas a varas y quedarán colgadas dentro de estufas que, al cabo de una semana, alcanzarán los 70º C.

Cosecha tabaco
La relación de Delmar con esa planta comenzó en 1970, cuando tenía 15 años y una tabacalera se interesó en Artigas para comenzar a explotar las tierras del norte del país. Una década después, Artigas contaba con más de 150 productores tabacaleros.

Actualmente, 59 familias artiguenses y 48 de Rivera se dedican a producir tabaco que, en el caso de Artigas, venden a la tabacalera Monte Paz. Pero el Ministerio de Salud Pública (MSP) quiere que paulatinamente comiencen a dedicarse a otros cultivos.

La cartera investigó la situación de los productores y sus familias y comprobó que muchos de ellos poseen síntomas de la "enfermedad del tabaco verde", que se genera por manipular la hoja de la planta sin los elementos necesarios. La piel absorbe la nicotina que se encuentra en sus hojas, lo que provoca vómitos, mareos, dolores de cabeza y musculares y calambres.

Delmar Suárez Tabaco
El responsable del Programa de Control del Tabaco del MSP, Enrique Soto, dijo a El Observador que están analizando la propuesta de un inversor de otro cultivo, que prefirió no revelar, quien está interesado en trabajar con los tabacaleros para la reconversión. Soto reconoció que el proceso no será fácil ni corto. "Tenemos que tener en cuenta algunas variables fundamentales: la social, la médica, la humana, para que tengan las condiciones laborales que les permitan tener una calidad de vida adecuada, la económica, porque tiene que ser sustentable, y la medioambiental", sostuvo.
El Convenio Marco para el Control del Tabaco de la Organización Mundial de la Salud (OMS), firmado por Uruguay a fines de 2005, establece en unos de sus artículos que los países que asuman el compromiso de controlar el tabaquismo deben brindar "apoyo para optar por alternativas viables al cultivo del tabaco".
Por un kilo de tabaco de buena calidad, Monte Paz paga $ 150. El precio menor oscila en los $ 45. Cada productor de Artigas vende, en promedio, unos 2.700 kilos por año.
Delmar lo entiende y es consciente de esa situación, pero no cree que sea realizable en el corto o mediano plazo. "En campaña se dice: la tabacalera es la vaca más lechera. (El presidente Tabaré) Vázquez quiere terminar con el cultivo de tabaco, pero para mí no tiene capacidad suficiente para hacerlo. La frontera nos mata con los precios de otros cultivos y el contrabando también", afirma.
Mario Silva, un vecino de Delmar y Charo, tuvo la oportunidad de plantar boniato alcoholero para una planta de Alcoholes del Uruguay (ALUR). Desechó la oferta sin pensarlo. Por un kilo de hoja de tabaco prensada de mala calidad, Monte Paz le paga unos $ 45, le da dinero por adelantado y tiene un contrato anual que le asegura poder mantener a su familia. Por el de mejor calidad, llega a sacar hasta $ 150 el kilo. El boniato no le rendía. Le ofrecían pagarle el kilo a $ 2,60, sin adelantos.

El intendente de Artigas, Pablo Caram, dijo a El Observador, que el año pasado su administración le planteó al directorio de ALUR que si llegaban a pagar $ 3,11 el kilo de boniatos se ponían a su disposición para que los cultivadores de tabaco dejaran de producirlo, pero ALUR ofrecía $ 2,30.

Cultivo de tabaco

Los niños y la salud

La primera vez que Mario tocó una planta de tabaco tenía 9 años. Desde ese momento, la producción tabacalera fue su único trabajo. Cosechar junto a sus familias es común para los niños de la zona. La mayoría aprovecha las vacaciones para juntar unos pesos.

Mario tiene dos hijos, uno de 8 y otro de 13. El menor va a la escuela pero al mayor no hubo forma de hacerlo estudiar y trabaja con su padre en los cultivos para Monte Paz.

"La reconversión requiere trabajar con la comunidad y que cuidemos la salud de las personas que no deseen reconvertirse" Enrique Soto, responsable del programa de control del tabaco del MSP
Aunque se criaron entre sus hojas, los hijos de Delmar y su esposa, Charo, no quisieron saber nada del tabaco. El sobrino de Delmar, Fernando, tiene 17 años y es uno de los pocos jóvenes de la familia Suárez que aprovecha sus vacaciones para dedicarse al negocio familiar. Trabajando de lunes a sábado, ocho horas por día, saca unos $ 3.000 por semana. Tiempo atrás, Fernando sufrió la enfermedad del tabaco verde en carne propia.

Selección del tabaco
El trabajo de niños en el cultivo de tabaco no es exclusivo de Uruguay. En Estados Unidos y Brasil sucede lo mismo, y en proporciones mucho mayores. La ONG Human Rights Watch realizó una investigación en esos dos países, preocupada por el trabajo infantil en los plantíos tabacaleros.
El año pasado, integrantes de la ONG entrevistarona 78 familias productoras de Río Grande Do Sul. La investigación concluyó que los niños tenían síntomas de envenenamiento por trabajar con esas plantas que, al igual que a Fernando, les producían vómitos y malestar en el estómago.

"Todo lo que tenemos nos lo dio el tabaco", Delmar Suárez, productor
Margaret Wurth, integrante de la ONG, dijo a El Observador que para Humans Rights Watch "es importante que los niños tengan la oportunidad de ayudar a sus familias, pero no con el tabaco".
Charo y Delmar lo ven como una oportunidad de que el negocio continúe. "Más vale invertir en un menor y no en un mayor. Pienso yo que es así", dice Charo, mientras apila hojas sobre las varas que su marido coserá, al final de la jornada.

El fuego de las estufas arde y el termómetro sube de a poco. Fernando y Mario se suben al auto de Delmar, que los lleva a sus casas, con el sol cayendo de frente. A la mañana siguiente, el fumo los espera.

Carnaval en honor al tabaco

Carnaval artigas
La Escuela de Samba de Pintadito, un pueblo a 5 kilómetros de la ciudad de Artigas, dedicó su desfile de carnaval a los cultivadores de tabaco de ese departamento, para celebrar los 45 años de producción de la planta. Es la Escuela más pequeña de Artigas.

Tabaco Info

(Producción: Cecilia Arregui)


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