Fusca, samba y carretera: dos brasileños recorren miles de kilómetros en un escarabajo

Dos brasileños hacen miles de kilómetros en un escarabajo; Mujica fue su anfitrión en Uruguay

Nauro Júnior habla pausado, reflexiona cada una de sus palabras, mientras el sol del mediodía de Montevideo raja la tierra e invita a esconderse debajo de la sombra de cualquier árbol. El fusca, parado en la calle por un desperfecto mecánico, de momento no es más que una carga en el viaje, pero el brasileño no deja de mirarlo con cariño. Es su vehículo, el que lo ha transportado por miles de kilómetros y el que le ha dado nombre a su particular viaje: Expedición Fuscamérica.

"Empezó como una broma de facultad. Yo estaba haciendo filosofía ya de viejo, tenía 35 años, y ahí me compré un fusca. Cuando terminé la facultad mis amigos me dijeron '¿Por qué no hacés un viaje en el fusca?' Empezamos a pensarlo y uno de ellos dijo '¿Por qué no Expedición Fuscamérica?'".

Así, apelando a la simpleza y la economía del icónico escarabajo de Volkswagen, Júnior se lanzó al primero de los seis viajes que ha realizado en esta "expedición": fue por el interior de Brasil, desde la Praia do Cassino, en el estado de Río Grande del Sur hasta la Barra del Chuy. Júnior, de 47 años y oriundo de la ciudad de Pelotas, en Río Grande, siempre viajó acompañado con un amigo, que ha ido rotando durante todos los viajes.

Actualmente, se encuentra viajando con Daniel Marenco, fotoperiodista del O Globo, uno de los medios más importantes de Brasil, a quien Júnior conoció trabajando en ese lugar. Luego de un período de negociaciones, el medio accedió a que Marenco viajara junto a su amigo, y como parte del trato el periodista escribe regularmente una serie de diarios de viaje en el blog de O Globo.

La elección del auto

La compra de su primer fusca mientras estudiaba filosofía no fue el primer contacto que Júnior tuvo con el vehículo en su vida. Su significado se remonta a su infancia y trasciende lo económico que representa –aunque a veces necesiten de asistencia mecánica, como les sucedió durante la entrevista–.

"Los fuscas pertenecen a mi infancia. El primer coche de mi casa fue un fusca, supongo que por las necesidades económicas de mi familia. Hoy el fusca me transmite la simpleza de la vida. Yo con este auto consigo ser recibido por todas las clases sociales, todos hablan conmigo de la misma forma. En el fusca soy frente a todos exactamente la persona que soy de verdad".

Además, el fusca es uno de los puntos que lo conectan con uno de sus ídolos principales, alguien a quien le debe parte de la filosofía que pregona cuando se baja del auto: el expresidente José Mujica.

Un ídolo oriental

La primera vez que Nauro Júnior quiso ver a José Mujca no pudo acercarse a él. Fue durante su presidencia y, según recuerda, la seguridad en su chacra era sumamente férrea. Apenas si pudo verlo. Sin embargo, esa falta de suerte influyó, de algún modo, en su cercanía actual con el expresidente: allí comenzó a conocer al Turco, uno de los jefes de seguridad de Mujica, con el que actualmente tiene una muy buena relación. Sin ir más lejos, fue este hombre quien alojó a Júnior y Marenco en su visita a Uruguay.

Júnior siguió intentando, en cada uno de sus viajes a Uruguay, hablar con Mujica, hasta que finalmente lo consiguió.

"La primera vez que me crucé con Mujica me saqué unas fotos con él; no entendió de qué se trataba ni nada. El año pasado, cuando volví de la Antártida (fue uno de sus últimos viajes), pasamos en casa de Mujica. Allí, tomamos unos mates y le propuse una entrevista. Enseguida se enojó. 'Sabía que no querías solo mate', me dijo. Pero la entrevista se hizo igual".

En esa entrevista, la política y el fusca quedaron de lado, y la charla se desarrolló, principalmente, sobre el concepto de "la simpleza de la vida".

De esa entrevista, Júnior extraerá lo más atractivo para que forme parte de un documental que está preparando sobre sus viajes. La narración también correrá, en determinados lugares, a cargo de Mujica.

Destino Rusia

Luego de que el viaje por América Latina concluya a fines de febrero, Júnior ya tiene pensado el próximo: junto a varios amigos más –y varios fuscas más– viajará a Rusia para vivir el próximo mundial de fútbol, que se desarrollará en ese país en 2018.

Lo más complicado ya está planeado: los fuscas se transportarán en containers hasta Europa y allí emprenderán el viaje a Rusia.

Pero para eso falta, y tanto Júnior como Marenco tienen todas las baterías puestas en el viaje por el continente, que continuará por Buenos Aires, Rosario, el desierto de Atacama, Potosí, La Paz, el lago Titicaca, Cuzco, Machu Picchu y otros tantos destinos.

"La felicidad no está en el consumo, está en mirar y comprender que lo que tengo me trae felicidad. Yo tengo un fusca y con él recorro el mundo. Pero podría tener una bicicleta, podría ser un par de zapatos para caminar. Y la felicidad también está en el mundo, abriendo la puerta de tu casa y animándose a salir", concluye Júnior, mientras mantiene la mirada fija en su fusca de todas las horas.

Los viajes

Interior de Brasil

El primer viaje llevó a Júnior desde la Praia do Cassino en Río Grande del Sur hasta la Barra del Chuy.

Mundial 2014

Se lanzó a la carretera por segunda vez durante el mundial que se realizó en su país. Prefirió verlo desde Montevideo.

Otra vez Brasil

El tercer viaje lo llevó desde Pelotas hasta Río de Janeiro, cuando recorrió miles de kilómetros en siete días.

De Océano a Océano

El fusca recorrió de este a oeste el continente (de Praia do Cassino a Viña del Mar, Chile, cruzando los Andes).

Antartida

A fines de 2015, la Expedición Fuscamérica conoció el continente helado, y se hospedó en la estación brasileña.

Siete patrias

El último viaje conecta siete países en 40 días.


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