Fusiones, concentraciones y la producción de alimentos

El mundo empresarial fue sacudido al conocerse la noticia de la concreción de la compra de Monsanto por parte de Bayer; de esa forma, el ícono de las protestas contra las multinacionales ha dejado de existir
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

El ícono de las protestas contra las multinacionales, el referente del mejoramiento genético en maíz y soja, la empresa que más pasiones despierta en el mundo ha dejado de existir. Monsanto is over.

El ícono de quienes rechazan a las empresas multinacionales pasará a ser parte de la alemana Bayer, que la ha comprado en la mayor operación en dinero de la historia: US$ 66 mil millones.

Luego de intentar sin éxito fusionarse con la suiza Syngenta, ha cedido a la mejorada oferta de Bayer, que se convierte así en la mayor empresa vinculada al agro. Aunque todavía para que esto suceda debe cruzar el camino de los tribunales.

Debe lograr el visto bueno de los encargados de velar por la persistencia de la competencia en un sector empresarial donde cada vez menos actores y de mayor tamaño asumen el protagonismo de la investigación y desarrollo de los productos que moldean la generación de los alimentos.

Esta adquisición impacta a los que están en el mundo de los negocios por su magnitud en dinero. Pero impacta también a miles y miles de militantes consumidores que ven a las empresas multinacionales de agroquímicos como un enemigo a derrotar. Y por supuesto que también tiene un incidencia directa sobre los productores de alimentos del mundo.

Más escala para investigar soluciones a los problemas productivos, pero el riesgo de que haya menos competencia entre empresas, que siempre es el estímulo infalible para mejorar productos y servicios.

Las compras, fusiones y adquisiciones son una de las tendencias firmes establecidas a nivel de las empresas agroindustriales. Ya sea situadas antes de la producción, como los insumos, o después, como las industrias procesadoras de productos del agro. Las empresas cerveceras, arroceras, los frigoríficos y entre tantas otras agroindustrias funcionan cada vez más en gran escala a la búsqueda de optimizar innovaciones, márgenes y ahorros. Pero esta concentración en pocas empresas genera muchas críticas.

Y se vienen dando a gran ritmo. Esta misma semana las firmas canadienses Potash Corp y Agrium anunciaron su fusión, creando así la mayor empresa de fertilizantes del mundo, valorada en unos US$ 36 mil millones. Pero como no tienen una presencia directa en Uruguay, la noticia no tuvo mayor trascendencia.

A fines del año pasado se concretó la alianza entre Dow y Du Pont, y en febrero de este año ChemChina anunció la compra de Syngenta en US$ 43 mil millones. Todas estas fusiones –y en particular la de Bayer con Monsanto– tienen que pasar un arduo proceso de aprobación por parte de los entes reguladores que tienen que verificar que se siguen dando condiciones de competitividad y acceso parejo a todas las empresas.

Las compras, fusiones y adquisiciones son una tendencia firme en la agroindustria

Los chinos están especialmente interesados en asegurar estratégicamente su abastecimiento y, por un lado se hicieron con Syngenta, en tanto por otro compraron las comercializadoras de granos Noble y Nidera.

Todos los grandes actores industriales del agro son producto de fusiones o de haber comprado a muchas compañías. Dow y Du Pont conformaron otro gigante de los agroquímicos. De esta forma más de 75% del mercado de agroquímicos y semillas queda en manos de seis empresas. Muchos ven en esto un problema de asimetría de poder.

Isabelle Carbonell, de la Universidad de California plantea otra línea de razonamiento en torno a los riesgos de la concentración de los sectores vinculados al agro en relación a la era del Big Data. Apunta, por ejemplo, a que Monsanto ha hecho una fuerte apuesta a comprar empresas dedicadas al manejo masivo de datos vinculados al agro.

La empresa semillerista que ha adquirido Bayer había comprado anteriormente a Climate Corp, la mayor empresa de big data. En una era en la que los drones dominan la escena de innovaciones, esta académica apunta a que estas empresas se disputan en realidad la provisión de datos para la toma de decisiones de los agricultores. La autora propone que las bases de datos de información generados por los productores sean abiertos (open source).

En un nivel más práctico y local, en Uruguay se han dado algunas tendencias contrarias a la concentración, como en el caso de los fertilizantes, que han a la vez verificado una baja de precios significativa en los últimos dos años.

Biotecnología
Las empresas agroindustriales ganan escala y esperan con ello sostener nuevas investigaciones
Las empresas agroindustriales ganan escala y esperan con ello sostener nuevas investigaciones

En el comercio de granos, la gran mayoría del tránsito en el mundo también queda entre no más de seis empresas. En Uruguay, un esfuerzo por hacerse un lugar en la competencia con las grandes empresas está en grave peligro tras la solicitud de concordato por parte de la empresa local Cereoil.

Todas las compras que se realizan en el primer mundo atraviesan un exigente proceso de revisión del mantenimiento de las condiciones de competencia. En Uruguay las gran mayoría de las veces que los productores solicitaron analizar la situación de competencia a la que se enfrentan los resultados no concluyeron que ocurrieran situaciones de anomalía.

A nivel del agro uruguayo, seguramente la concentración que más preocupa es la de la industria frigorífica, que tuvo su momento fuerte de adquisiciones con la llegada de las grandes industrias brasileñas en la década pasada y que ha tenido en esta década una llegada mucho más gradual y a menor escala en el tamaño de las plantas compradas por parte de una empresa china.

Aunque las compras agrícolas también están concentradas, la utilización del mercado de futuros permite los beneficios de participar de un mercado atomizado en su cantidad de oferentes y demandantes.

En Uruguay hubo algunas tendencias contrarias a la concentración, como en fertilizantes

La tendencia a la concentración de empresas vinculadas al agro ha dado un salto cualitativo tras la aceptación por parte de la dirección de Monsanto de los US$ 128 por acción que propuso Bayer y la aceptación de la empresa alemana de pagar US$ 2 mil millones de indemnización a Monsanto si los reguladores de la competencia le bajan el pulgar a la operativa. Una negociación de cuatro meses que empezó con Monsanto pidiendo US$ 130 y Bayer ofreciendo US$ 122.

Las redes sociales ya están al rojo vivo y la polémica respecto a la lógica de la agricultura de gran escala está asegurada por varios años. La compra más importante de la historia del agro quedará concretada a fines del año que viene si los abogados de las empresas convencen a los jueces de Europa y EEUU de que manejar 25% del mercado internacional de semillas y agroquímicos no significa manipularlo.

Más allá de la anécdota, la asimetría de poder negociador entre los productores agropecuarios y las empresas a las que tienen que vender sus productos o comprar sus insumos es uno de los grandes temas que estará presente por muchos años más.

Por un lado, las fusiones permiten eficiencia, escala, productividad de la mano de obra. Por otro, permiten acumular capitales para investigación y desarrollo, algo clave en cualquier negocio. La competencia global exige empresas globales. Y las empresas globales se unen con otras empresas globales generando actores cada vez más potentes.

Que estas fusiones generen una aceleración en la innovación que redunde en beneficio de los productores y los consumidores sería el final feliz de una tendencia a la que no escapan los productores –cada vez menos empresas y de más hectáreas–. Una tendencia global que provoca ardorosos debates.

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