Fútil controversia desviada

En el sector privado el control debe estar a cargo de quienes dirigen cada institución

Es tan fútil como fuera de rumbo la controversia generada por la comparación del comunismo con la idílica aldea de Los Pitufos en el libro Uy-siglo XX, en uso en algunos colegios privados. Esa parte del libro de Silvana Pera no justifica ni el cruce de opiniones encontradas ni las erradas propuestas sobre cómo actuar. El cuestionado pasaje apenas merece un par de observaciones que lo descalifican sin levante. Una es que se trata de un desubicado intento endeble de propaganda sutil, al ensalzar un sistema teórico que murió de inanición operativa por inviable cuando se lo puso en práctica. Y es obvio que la pacífica comunidad de Los Pitufos mal puede compararse con las represiones sanguinarias en su desaparecido emblema soviético, en el que Stalin ordenó asesinar arbitrariamente a millones de sus compatriotas. Es un pequeño detalle que la autora del libro omitió tener en cuenta.

Ahora vuelan cursos de acción entre dirigentes políticos y educativos. Además de opiniones partidarias, Robert Silva, miembro del Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), informó que ese organismo resolvió sugerir al consejo de Primaria que confeccione una lista de textos recomendados para los colegios públicos y privados. Actualmente el consejo ya lo hace para las escuelas públicas pero no para las privadas. Y ni siquiera en el sector estatal se cumple, ya que nadie controla los libros que se utilizan en sus centros, como enfatizó la inspectora de Secundaria Margarita Grum. Silva anunció también que, a raíz del escandalete desatado por Uy-siglo XX, el consejo de Primaria pidió a sus equipos técnicos que establezcan el presunto valor pedagógico del libro de marras, en línea con la cuestionada ley de educación de 2008 que pone bajo supervisión de ANEP a toda la estructura educativa, incluyendo la privada.

Las diferentes posiciones omiten el curso lógico a tomar. Los institutos privados, por esa propia condición, deben tener libertad para elegir los textos que utilizan en sus programas de estudio. Esto ya se refleja sobre Uy-siglo XX porque hay instituciones privadas que lo mantienen en uso y otras que lo han desechado. En lo que ANEP y sus consejos deben concentrarse es en limitarse a vigilar los textos que se utilizan en los centros de estudios del sector público. Es allí donde ya han existido graves claudicaciones por el uso de libros perniciosos, como ocurrió con textos desviados sobre educación sexual infantil. El sector público atrae por su gratuidad a la mayor parte del estudiantado, expuesto a materiales que se apartan de su obligación didáctica y que nadie controla.

Y en el sector privado el control debe estar a cargo de quienes dirigen cada institución. De la solvencia educativa con que actúen dependen que atraigan más o menos alumnos. Y es ignorar la realidad pensar en meter en la misma bolsa a los centros de ambos sectores. No es casualidad que mientras la formación primaria y secundaria funciona bien en el área privada, las escuelas y los liceos públicos siguen siendo el cimiento agrietado de la educación uruguaya. Es ahí donde hay que meter mano correctiva, no solo en los libros de estudio sino en todo el marco curricular y la estructura operativa, en procura de que los niños y adolescentes que concurren a esos centros enfrenten un futuro menos ominoso que el que actualmente los condena al atraso.


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El Observador

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