Futuro uruguayo en la era Trump

Uruguay puede salir comercialmente menos magullado que otros países por el proteccionismo que Donald Trump impondrá

Uruguay puede salir comercialmente menos magullado que otros países por el proteccionismo que Donald Trump impondrá –si cumple sus promesas electorales– en Estados Unidos cuando asuma la Presidencia el 20 de enero. Por un lado, las restricciones de importación previstas por Trump están centradas en productos manufacturados, de los cuales nuestro país le vende a ese mercado solo un muy modesto volumen de software. El grueso de las exportaciones está conformado por productos del agro, especialmente carne bovina, cuero y madera. Por otro lado, el volumen de las ventas a nuestro cuarto socio comercial, de apenas US$374 millones este año hasta octubre, es una insignificante gota de agua en el océano de la mayor economía del mundo. Y hasta puede incidir cierta posible buena disposición de Trump hacia nuestro país, donde es inversor inmobiliario en Punta del Este, lugar de visitas habituales de sus hijos.

Los empeños de Trump estarán dirigidos fundamentalmente contra China, México y la Unión Europea. Su objetivo es frenar la inundación de importaciones y presionar por el retorno a Estados Unidos de las muchas empresas que emigraron a China y México para aprovechar costos más bajos de producción, lo que ha contribuido a la caída de actividad y desempleo en lugares puntuales que el presidente electo quiere revertir. Pero aunque se confirme que nuestro comercio bilateral no sufra demasiado y siga operando el limitado acuerdo TIFA, los planes anunciados por Trump en el campo económico amenazan repercutir adversamente sobre Uruguay en las áreas financiera y de inserción internacional. El posible debilitamiento del dólar y un cambio en la política de la Reserva Federal con las tasas de interés pueden traducirse en presiones sobre la estabilidad macroeconómica en nuestro país. Lo reflejó el ministro de Economía, Danilo Astori, al advertir que “en lo inmediato, el tema financiero y monetario es lo principal”, dependiendo de las medidas que tome en Washington la administración entrante.

El otro tema de probable efecto negativo en Uruguay es la inserción internacional. Como parte del aislacionismo proteccionista que impulsa, Trump reniega de los tratados de libre comercio. Ha prometido desmantelar el Nafta porque afirma que ha favorecido a México y Canadá en detrimento del empleo y la actividad económica en Estados Unidos, así como revisar otros TLC vigentes. Se opone al inconcluso Tratado Transpacífico y al que su país negocia con la Unión Europea. Su posición aleja aun más la siempre remota posibilidad de un TLC entre el Mercosur y Estados Unidos, propuesto por el presidente argentino Mauricio Macri. Eso dejará contentos a los sectores más radicales del FA.

El nuevo escenario en Washington refuerza la necesidad de que, en el campo de la apertura comercial, Uruguay busque acercarse más al Pacífico, aprovechando la puerta que abre el TLC que acabamos de firmar con Chile. Urge intensificar la penetración a mercados como Corea del Sur y China, aunque siga en agua de borrajas el tratado de libre comercio con nuestro principal socio comercial, que el presidente Tabaré Vázquez proclamó como un cercano hecho seguro con más optimismo que ajuste a la realidad. En todas las áreas comerciales y financieras, de todos modos, habrá que esperar a comienzos del año próximo para ver cómo maneja Washington las muchas incertidumbres creadas por el tornado Trump.


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