Gigantesco lavadero coimero

La operación Lava Jato fue desatada por los escándalos de corrupción en Petrobras

La orden internacional de detención del fugitivo expresidente peruano Alejandro Toledo, sentenciado a prisión preventiva en su país, es el aditamento más reciente a la gigantesca telaraña de corrupción tejida en todo el continente por la empresa brasileña Odebrecht. La operación Lava Jato (lavadero de autos) fue desatada por los escándalos de corrupción en Petrobras, que empezaron a conocerse hace más de tres años. Se ha comprobado que incluyeron enormes sobornos en Brasil y en al menos 11 países latinoamericanos por empresas constructoras brasileñas para asegurarse contratos de obras con Petrobras y con gobernantes de honestidad frágil a lo largo y ancho del continente. La tormenta está centrada ahora en Odebrecht, la mayor firma constructora de Brasil, con 128 mil empleados y negocios anuales por US$ 40.000 millones, equivalentes a cerca del 80% del Producto Interno Bruto de Uruguay.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos, que investiga ramificaciones en su país, estimó que Odebrecht pagó US$ 800 millones en sobornos durante una década hasta 2014. Además de Brasil, se han comprobado o están siendo investigadas coimas millonarias en Venezuela, República Dominicana, Panamá, Argentina, Perú, México, Colombia, Cuba, Honduras y Guatemala. A medida que el escándalo sigue ampliándose, en Brasil se esperan nuevas revelaciones explosivas, ya que la empresa, que ha admitido el pago de los sobornos, ha prometido dar más informaciones a la Justicia a cambio de reducción de penas a 77 de sus ejecutivos, que incluyen a su expresidente Marcelo Odebrecht, actualmente encarcelado. La empresa ha aceptado además pagar multas por más de US$ 3.700 millones en Brasil, Estados Unidos, Suiza, República Dominicana y Panamá.

En Brasil han caído figuras prominentes de la era presidencial de Inácio Lula da Silva, también salpicado judicialmente por las denuncias. Están tras las rejas su exjefe de gabinete José Dirceu, su exministro de Finanzas Antonio Palocci, otros altos dirigentes de su Partido del Trabajo, figuras prominentes de otras fuerzas políticas y Eike Batista, que llegó a ser el hombre más rico y de los más poderosos del país. Venezuela fue, después de Brasil, el país donde gobernantes recibieron mayores sobornos, por US$ 98 millones. En Perú, Odebrecht admitió haber pagado US$ 29 millones en coimas, la mayoría a Toledo a cambio del contrato para construir una carretera interoceánica entre Perú y Brasil. Las autoridades peruanas creen que Toledo está escondido en Estados Unidos, después que Israel se negó a permitirle el ingreso.

Uruguay parece escapar por ahora a la monstruosa madeja tejida desde Petrobras, Odebrecht y otras grandes empresas. Pero persiste en el horizonte la sombra de OAS, la constructora brasileña que estaba a cargo de obras de infraestructura en la paralizada planta regasificadora en el puerto de Montevideo pero que las abandonó abruptamente en medio del escándalo Petrobras. La oposición insiste en que se investigue el contrato original con OAS y si existieron irregularidades. Pero a menos que se comprueben, nuestro país podrá mantener su calificación como el menos corrupto de América Latina según la última evaluación de Transparencia Internacional, una isla comparativamente apacible en medio de ese turbulento esquema de corrupción en gran escala que las investigaciones judiciales en Brasil y otros países han dejado al descubierto.


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El Observador

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